2012: consumidores, lucha de clases y La Polar

Publicado por Fernando Arancibia el Miércoles, 11 de enero de 2012 en Columnas.

La frase parecía increíble y exagerada, en efecto, pero con rigurosa  inevitabilidad y aritmética exactitud se cumplió una vez más en 2011,   aquello que escribió Felipe Lamarca en su libro “Las prisas pasan, las cagadas quedan”: que en nuestro país los “afilados”   una y otra vez, son siempre los mismos. Y los mismos de siempre, en esta oportunidad,  fueron un millón de clientes de La Polar, repactados unilateralmente (“afilados” según el término técnico usado por Lamarca) unas  ocho millones de veces, de acuerdo a los datos mencionados en la audiencia en la cual se formalizó a la pandilla de marras.

No solo por lo anterior, Lamarca se ha convertido entre sus pares en sospechoso de incitar el odio y la lucha de clases (los otros son con seguridad los hermanos Parisi y el director de Chile Ciudadano Tomás Fabres), sino por algo más serio aún. Nos señala  que los “afiladores” encuentran su hábitat natural en la inmensa desigualdad nacional, que se resisten a considerar sus prácticas como abusivas y que se mueven con sensación de impunidad. La vieja Polar y sus prácticas delictuales son el ejemplo perfecto de lo señalado. A la nueva Polar se le puede reprochar entretanto su doble discurso. Por una parte atacan en los tribunales penales a los antiguos ejecutivos, con frases de barricada: “su señoría, nadie se explicaría en Chile si Alcalde, Moreno y Farah salieran caminando del tribunal para su casa”; por la otra, en los tribunales civiles, donde se tramita la demanda colectiva del SERNAC y las precautorias, niegan que las repactaciones unilaterales fueran ilegales y afirman que las mismas no causaron ningún perjuicio a los clientes de la multitienda. Así lo afirmó, sin despeinarse, el abogado de La Polar en la Corte de Apelaciones de Santiago.

Los empresarios no parecen enterarse y adoptan la táctica de los tres monitos, no ven ni oyen ni dicen nada. ¿Alguien ha escuchado a las organizaciones  patronales  hacer un mea culpa por La Polar? En definitiva, los analistas dicen que el modelo está seriamente  abollado y deslegitimado y eso para cualquier país es grave.

¿Cómo se pueden leer estos hechos? Claudio Fuentes señalaba en una columna reciente, citando la encuesta nacional UDP,  que en  el año 2008 el 23,7% de la población confiaba bastante en las grandes empresas; en 2011 el porcentaje  bajó a 16,5%, ubicándose como el tercer actor en que menos confía la sociedad, después de los partidos y el parlamento. Esta desconfianza se extendía a las  vías de solución para terminar con los abusos. Apenas el 32,2% estimaba como probable que el Poder Judicial vaya a juzgar a los responsables del caso La Polar; el 69% creía poco probable o muy improbable que las casas comerciales cambien sus prácticas luego de conocido el caso, y solo el 17,2% estimaba que los ejecutivos de dicha empresa terminarán en la cárcel.  Los empresarios no parecen enterarse y adoptan la táctica de los tres monitos, no ven ni oyen ni dicen nada. ¿Alguien ha escuchado a las organizaciones  patronales  hacer un mea culpa por La Polar? En definitiva, los analistas dicen que el modelo está seriamente  abollado y deslegitimado y eso para cualquier país es grave.

Soy de los que piensan, sin embargo, que algo está cambiando muy lentamente en el ámbito de la protección de los consumidores, por la sencilla razón de que es tanto el abuso y es tanto el  margen para combatirlo,  que cualquier iniciativa se nota, sirve y ayuda… Una frase audaz por aquí, una ley todavía medio cartuchona  (“sernac financiero”)  por allá, unas cuantas  resoluciones  judiciales firmes más acá… Todo ello constituye una suave brisa percibida por unos pocos “longueiras”, quienes adivinan que se convertirá en permanente viento favorable. En la oposición, son escasos los que tocan esta tecla: Harboe, Tuma, Chahín. A Osvaldo Andrade le escuché  hace poco decir que hay que darle poder a los consumidores, porque ellos son los mejores defensores de sus intereses y derechos. Algo que venimos diciendo desde hace cinco años en la Fundación Chile Ciudadano.  Ojalá  Andrade no se olvide de sus  palabras, si es que  en dos años más,  forma   parte del gobierno.

 

 

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