Columnas

28 de enero de 2015

“A la UDI le están pegando en su línea de flotación… es una situación crítica”

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Por Entrevista a Mauricio Morales

mauricio morales

Mauricio Morales, de la UDP, sobre Penta:

El académico analiza el impacto del Caso Penta en gremialismo y cómo abre una opción para la derecha liberal. “Acá podemos tener una transformación importante en la estructura de partidos de derecha en Chile”, dice. Además, aborda un trabajo que realizó cruzando los datos de donaciones a las campañas políticas de 2005, 2009 y 2013. Las conclusiones son ilustrativas de la importancia del dinero en las carreras parlamentarias. Al respecto, señala que no le cabe “la menor duda” de que “gran parte de los candidatos está subdeclarando” gasto y, “lo más curioso”, que hay algunos que declaran “un gasto idéntico al límite que impone la ley”, ante lo cual añade que por, “más hábil que sea el contador”, resulta muy difícil que “un candidato cuadre con total precisión la cantidad de gasto al límite establecido”.

“Dime cuánto gastas y te diré quién eres”, así se llama el trabajo en el que Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales (UDP), desmenuza la relación entre donaciones políticas bajo la ley electoral y el desempeño de los candidatos al Parlamento y la Presidencia.

Utilizando como base los datos del Servel sobre las tres últimas elecciones (2005, 2009 y 2013) realizó una serie de cruces que arrojan conclusiones sobre la importancia del dinero en las elecciones.

Por ejemplo, mientras la Alianza gastó, en 2013, $3.500 en promedio por cada voto recibido, la Nueva Mayoría gastó cerca de $2.300, en tanto que el PRO, el partido de Marco Enríquez-Ominami, $1.000. La UDI es el partido que lidera el gasto por partido con $4.500 millones aproximadamente, seguido por RN con $2.300 millones y la DC con poco más de $2.000 millones.

“De acuerdo a la evidencia que nosotros presentamos, hay una clara superioridad del gasto por parte de la UDI en comparación con el resto de los partidos, pero sin controlar, porque es imposible hacerlo, las platas que no eran declaradas por los candidatos”, dice Mauricio.

-¿Cuánto cuesta hoy un escaño en el Parlamento?
-Depende del tamaño del distrito. Hay algunos que son más caros que otros. Pero si uno observa los datos el más barato es el Distrito 9 (Illapel y Los Vilos). Los más caros están en la Región Metropolitana y corresponden al Distrito 23 (Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura), al de Maipú, Estación Central y Cerrillos y al de Puente Alto. En el caso del 23, estamos hablando de alrededor de $300 millones de pesos, sin perjuicio de que el límite sea de $290 millones. Pero en promedio un escaño en Chile no debiera descender de los $100 millones.

-En tu trabajo haces una relación entre el gasto de campaña y el desempeño de los candidatos. ¿Cuáles son las principales conclusiones? 
-La primera es que el gasto es un predictor del éxito electoral. La segunda es que el gasto es una condición necesaria para el éxito electoral, pero no una condición suficiente. Gran parte de los ganadores, exceptuando aquellos que son producto del doblaje, gasta mucho, pero no todo el que gasta mucho gana. Hay una diferencia en el efecto del gasto sobre el desempeño electoral entre candidatos incumbentes y desafiantes.

-¿Cuál es esa diferencia?
-El incumbente detenta el cargo y busca la reelección. El desafiante llega a un distrito con la aspiración de quitarle el escaño. Los incumbentes gastan sustantivamente más que los desafiantes, por lo que los desafiantes se enfrentan a un distrito donde ya hay pancartas y propaganda y donde el nombre del incumbente ya es conocido. Por lo tanto, la única forma que tiene para darse a conocer y derrotar al incumbente, es multiplicando el gasto. Es decir, tratando de amedrentarlo con el fin de hacerle ver que está frente a una candidatura competitiva. ¿Cuál  es el problema para el desafiante? Que el incumbente tiene mayor capacidad de recolección de recursos, porque o el partido le da más por ser el candidato más seguro o tiene fuentes de financiamiento privadas que apuestan por él y lo ayudan a retener su escaño. Por eso hay incumbentes que podrían haber gastado menos y ganar igual. O sea, el gasto tiene la doble función: me protege como un chaleco antibalas y también amedrenta, anulando o reprimiendo la competencia.

-¿Hay algún ejemplo de esto?
-Ignacia Golborne en el Distrito 28 (Pedro Aguirre Cerda, Lo Espejo y San Miguel), comenzó a gastar sustantivamente más que Pedro Browne. En total, Golborne gastó $153.347.178. ¿Cuál fue la decisión de Browne? Si yo veo que mi contrincante está gastando no me queda otra que ponerme a gastar también. Browne gastó $134.228.830, mucho más que en su elección de 2009. El gasto tiene efectos sicológicos en los candidatos. El que tiene menos pancartas y ve que el desafiante tiene muchas, va a pensar que el desafiante tiene información sobre que ese tipo de campañas lo está favoreciendo, mientras que a él lo perjudica. Ser incumbente y no gastar es muy peligroso. De hecho, los incumbentes perdedores suprimen el gasto mientras que los ganadores lo mantienen o lo aumentan. El gasto es crítico a la hora de predecir el éxito electoral de los candidatos.

-Según los datos del Servel que expones en el trabajo, para las elecciones del 2009 se gastó más dinero que para las del 2013… 
-Eso se produce porque el 2009 fue una de las elecciones más competitivas. En consecuencia, la Alianza tenía las expectativas de ganar y la Concertación tenía la expectativa de perder. Era la posibilidad de que la Alianza se quedara con una amplia mayoría en el Congreso y, por lo tanto, salieron a la calle, amparados en la figura de Sebastián Piñera, y se pusieron a gastar con el fin de asegurar los escaños. En total, gastaron $7.452.443.116. Mientras que la Concertación tomó una decisión mucho más defensiva, pero que también implicó un gran gasto: $5.532.358.186. En elecciones competitivas el gasto tiene la doble función de atacar pero también de defender. Eso se vio el 2009 en su esplendor y la conclusión es que, a mayor percepción de competencia, mayor es el gasto.

-¿Cómo opera el límite de gasto por distrito?
-El Servel hace un cálculo matemático que lo va actualizando en función del tamaño de los distritos. Ese límite es una barrera que establece la ley, con el fin de que los candidatos no exploten o abusen del gasto. El gran problema es que esa es una barrera casi simbólica, ya que no existen los mecanismos de fiscalización como para garantizar que los candidatos no se estén pasando del gasto. Adicionalmente, el gasto se contabiliza desde el momento en el que las candidaturas se inscriben (periodo de campaña). Los candidatos comienzan a gastar desde mucho antes y esto no es contabilizado y no entra a formar parte del total de gasto en el que incurre cada candidato. Tampoco aplica para saber si ese candidato está pasando o no el límite. Lo más curioso es que hay candidatos que declaran un gasto que es idéntico, idéntico al límite que impone la ley.

-¿Quiénes son esos candidatos? 
-Uno fue Ernesto Silva (UDI) y el otro Felipe Kast. En el caso de Silva, el límite era $290.852.333 millones y gastó justo esa cifra exacta. En el caso de Kast, el límite de gasto era $220.208.870 y gastó casi lo mismo: $220.173.507. Si miramos los resultados, estas declaraciones particularmente precisas corren más por el lado de la Alianza que por el lado de la Nueva Mayoría. Esto no quiere decir que los candidatos de la Nueva Mayoría no gasten. De hecho, Guido Girardi tuvo un gasto sustancialmente mayor que Alberto Undurraga. Lo que sucede es que el vicio se corre particularmente hacia la derecha y en favor de los candidatos de la UDI. Los 20 primeros que más gastaron en función del límite son todos de la Alianza y el primero de la Nueva Mayoría que aparece es Pepe Auth (PPD).

-¿A qué se debe eso?
-Pueden pasar dos cosas. O el contador es un pillo, un capo, que pudo predecir cuánto se iba a gastar y gastó justo el límite. O estamos frente a un manejo fraudulento de las declaraciones de gasto. El problema es que el Servel no tiene atribuciones para investigar más allá de lo que los candidatos reportan.

-¿Por cuál de las dos opciones que dices te inclinas? 
-Claramente por la segunda. Por más hábil que sea el contador, es muy difícil que un candidato sea capaz de cuadrar con tanta precisión la cantidad de gasto al límite establecido. Además, hoy, con la evidencia de que hay financiamiento irregular, no me cabe la menor duda de que gran parte de los candidatos están subdeclarando y ésta no entra en el conteo final de gasto de cada candidato.

“LA UDI ESTÁ FRANCAMENTE JODIDA

-¿Cuál es tu lectura del Pentagate y qué impacto crees que tenga sobre el escenario político nacional a largo plazo?
-Viene a reforzar algunos de los supuestos que no sólo teníamos los cientistas políticos sino que también la ciudadanía, sobre que había incidencia del poder privado, de los empresarios, en la política. Es un sinceramiento. Lo que yo podría afirmar, aunque no sea académico decirlo, es que la UDI está francamente jodida. Y lo está por lo siguiente: estamos con voto voluntario, que terminó por perjudicarla en las comunas urbanas de la Región Metropolitana (RM). Donde más bajó la UDI fue en las comunas urbano-populares, donde también bajó la participación.

Además, la participación bajó más aceleradamente en las comunas pobres en comparación con las ricas. En el caso de la RM, la caída de la participación va muy de la mano con la caída de la UDI. Dado que antes tenías voto obligatorio, podías generar algún incentivo clientelar para ir a votar, porque también había una presión institucional para ir a hacerlo. Con voto voluntario esa presión institucional no existe. Pero sin voto voluntario, sin financiamiento privado, sin Penta, sin aporte reservado, la UDI pierde el brazo económico. Ya perdió el institucional y adicionalmente está perdiendo el brazo ideológico y casi cultural con todos los problemas que ha tenido parte de la elite más conservadora de la Iglesia Católica. Esto, junto con un desprecio absoluto por parte de su compañero de lista (RN) a lo que fue el régimen de Pinochet. Y el cuarto elemento es la UDI sin binomial. O sea, son cuatro elementos distintos que explican que a la UDI le están pegando en su línea de flotación y está en una situación crítica.

-¿Cuál crees que sea el desenlace? ¿Será capaz de mantener la UDI su posición en el tablero?
 -El caso Penta va a seguir avanzando. Hay un fiscal sumamente activo, con ganas de investigar. También hay una reacción muy violenta de parte de la UDI para tratar de echar a todos al barro. Lo otro es que esta es la gran oportunidad de RN para constituirse en el verdadero partido liberal de derecha de Chile. Me temo que es la única y la última oportunidad. Con la UDI en las cuerdas, por los cuatro elementos que dijimos, y con RN en cierta medida inmune –salvo por Alberto Cardemil–, aparece como la única colectividad de derecha capaz de acceder a votantes moderados. Acá podemos tener una transformación importante en la estructura de partidos de derecha en Chile, con RN transformándose en el verdadero líder de derecha y sometiendo al chantaje sistemático a la UDI. Es el momento de RN y creo que la gente, ahí, o no lo está viendo o están esperando a que pase el cadáver por enfrente de su casa.

-También están los desprendidos de RN, Amplitud, que se proyectan –según dicen algunas lecturas– como el movimiento al que volverá Piñera con miras al 2017. Van a tener que cerrar filas en RN.
-Este es el momento para que lo hagan. Tienen un problema más o menos serio. En los noventa tuvo la tensión entre liberales y conservadores, hoy tiene la tensión entre Piñera, Allamand, y Manuel José Ossandón, pensando igual que Piñera, ya no es militante del partido. A lo mejor no le pongamos el nombre de RN, digamos solamente derecha liberal. Esta es la oportunidad para que esa derecha liberal se imponga por sobre la derecha conservadora. Tienen a la UDI en las cuerdas, el lugar donde siempre la quisieron tener.

 “EN CHILE NO NECESITAMOS MÁS PARTIDOS POLÍTICOS”

 -¿Cuáles son los puntos interesantes que tiene la reforma al Sistema Binominal?
-La primera es el incentivo para los partidos políticos de elegir a una mujer, que es de 500 UF por mujer electa. En segundo lugar, se aumenta la devolución para las mujeres en 0,01 UF. Si a todo candidato le reponen 0,03 UF, que son como $700 por voto, según la nueva ley a la mujer se le va a devolver aproximadamente mil pesos.

-¿En qué hay que poner acento, en proyecto de ley sobre financiamiento?
-Primero en la reducción a la mitad del límite de gasto en campaña. Después, en la existencia de aporte basal para aquellos partidos legalmente constituidos y con representación parlamentaria. Tercero, en la eliminación de aportes anónimos y reservados. De acuerdo a eso se supone que se avanza en equidad y transparencia. Pero hay un punto que no está resuelto y que debe hacerse, ya que afecta tanto a la ley electoral como la de financiamiento. Me refiero a la barrera de entrada para la creación de partidos. No es razonable que generemos incentivos para constituir partidos regionales y estemos bajando tanto la exigencia. Antes se podía constituir un partido en ocho regiones o en tres geográficamente contiguas. Ahora basta una sola y para el proceso de inscripción es con el 0.25% de las firmas. De acuerdo a esta ley, si un partido regional tiene un escaño, va a tener acceso al financiamiento más alto y eso va a estimular caudillos y caciques. Yo lo llamo ‘colesterol malo’, que es lo contrario a cuando surge la competencia.

-¿Por qué ‘colesterol malo’?
-El peligro es que esto se transforme en un negocio. Es decir, que los caudillos formen un partido con representación parlamentaria y que no solo se transforme en un agente de chantaje en el Congreso, sino que además tenga la posibilidad de recibir aportes fiscales, dado que tiene representación parlamentaria. En Chile no necesitamos más partidos políticos.

-¿Por ahí no pasa el fortalecimiento de la democracia?
-No. Ese es un disparo en el pie. La reforma al binominal va en la línea correcta. La reforma al financiamiento de campaña va en la línea correcta. Lo que puede echar al piso estas dos muy buenas reformas es precisamente el hecho de que estemos estimulando lo más nocivo para una democracia, que es el ‘colesterol malo’ del que hablamos recién.

-El sistema democrático necesita de financiamiento para funcionar. Pero siempre está el riesgo de que el dinero controle a los actores políticos y determine el acceso a los espacios de poder. En este sentido, ¿Chile sigue siendo democrático o estamos en una plutocracia?
-De acuerdo a todos los indicadores internacionales, Chile claramente es una democracia. Adicionalmente es una de las de mayor calidad en América Latina. Los datos objetivos indican que no hay ninguna posibilidad de caída del modelo ni nada que se le parezca. Lo que sí hay es un malestar con la representación. Esto no es necesariamente el fin del modelo político chileno. En lo que sí hay consciencia es en el excesivo encriptamiento de una elite que, acorde a este nuevo sistema electoral, podría sentirse más segura de ser electa, dado que las barreras de acceso a un escaño se reducen. Sin embargo, para el caso de Chile, habría que examinar algún sistema de límite a la reelección. Algo que propuso Piñera, pero que no tuvo mucha acogida. Mediante esa modificación uno podría determinar periodos definidos de representantes y que luego se ejerza la rotación, que produce ventilación y lo que genera no sólo es más competencia sino que también una mejor oferta de candidatos, que cautive a las personas desafectas de la política y que, en el caso de Chile, es uno de los índices más altos de la región.

-¿Sería eso una solución?
-Hay argumentos a favor y en contra. El principal argumento en contra es que la elección la deciden los ciudadanos y no una ley. Si hay alguien que lo está haciendo bien, bueno, que siga. El segundo argumento es qué sucede con ese representante en su último año. Es muy probable que no haga la pega o que trate de quedar bien con alguna empresa para que le den trabajo cuando no esté en el Congreso. Finalmente, es que producen legislaturas que podrían ser novatas, poco especializadas, y que los nuevos diputados sean capitalizados por los viejos y que tengamos un cambio de rostro pero una reproducción de prácticas. Ahora, los argumentos a favor, es que produce casi por decreto una ventilación de la política, pero no es nada más y por eso yo estoy en contra.

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