Columnas

7 de marzo de 2016

Adopciones de niños mayores de cuatro años casi se triplicaron en una década

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Por Florencia Herrera

florencia herreraEn 2015, fueron 122 los menores de esa edad entregados a familias chilenas, mientras que en 2006 la cifra llegó a 49. Alza revela apertura de postulantes a este rango etario y una baja en los casos de madres que deciden entregar a lactantes.

“Cuando la gente me pregunta cómo tuve a mis hijos, si fue por parto natural o de otra forma, yo digo ‘no, fue parto Sename’”, relata Ruby (45), quien junto a su esposo Rodrigo (51), desde 2011 son los padres adoptivos de dos hermanos.

“A mí como mujer me pasó que decía ‘cómo no voy a poder tener hijos’”, recuerda. Optaron por un tratamiento de fertilidad, pero no funcionó, al igual que todos a los que recurrieron después. En ese momento, la adopción como alternativa cobró vida. “Lo hicimos a través del Sename, porque encontramos que era lo más justo”, cuenta Rodrigo sobre el proceso que comenzó en 2010 con consultas, y que al año siguiente, en mayo, se oficializó cuando presentaron los papeles y fueron evaluados por el Servicio Nacional de Menores (Sename).

En diciembre de 2011, finalmente, se convirtieron en padres de Daniela, en ese entonces a punto de cumplir dos años, y Cristián, de casi tres. “No podría describir la emoción, estábamos demasiado felices”, detalla Rodrigo.

La adopción es una alternativa para quienes desean ser padres, pero no pueden serlo de manera biológica. En el caso de Chile, está regulada por la Ley Nº 19.620 que otorga a organismos acreditados y al Sename -que maneja el 81% de los enlaces- las facultades para el proceso.

Y aunque históricamente la preferencia ha sido hacia los pequeños menores de cuatro años, en la última década eso ha ido cambiando y cada vez son más los padres que eligen niños de más edad.

“Los chilenos que adoptan están formando familia no sólo con bebés, superando los mitos que circulan sobre este tema”, explica Marcela Labraña, directora del Sename.

En la última década se triplicó la cantidad de familias chilenas que adoptaron a niños en edad preescolar y mayores de ese rango, pasando de 49 adopciones en 2006 a un total de 122 enlaces el año pasado.

María Elena González, directora ejecutiva de la Fundación Chilena de la Adopción (Fadop), plantea que el aumento de adopciones de pequeños de mayor edad, puede ser evaluado desde dos miradas: “Por una parte tenemos a familias postulantes que se están abriendo a la posibilidad de incorporar a su grupo familiar a un hijo mayor, y por otra, obedece a que estamos frente a una sociedad más abierta, en la que gracias a un trabajo de largos años hemos podido ir transformando la adopción en otra forma de ser familia”.

González agrega que la situación “también es un desafío para el sistema en general, ya que la adopción de niños más grandes requiere de una preparación y acompañamiento de los padres adoptivos desde el inicio de su postulación. Juntos deben hacer el camino de restablecer la confianza perdida en los adultos”,

Florencia Herrera, académica de Sociología de la U. Diego Portales, señala que “existe una idea de que el niño si es más grande tendrá más problemas, por lo que este aumento es muy positivo porque muestra un cambio de pensamiento”.

Según el Sename, el incremento de estas adopciones coincide además con una baja de mujeres en conflicto con la maternidad y que desean entregar al sistema al recién nacido. Así lo muestran las cifras, que revelan que entre 2012 y 2015 disminuyeron en un 39%.

“No queremos que una mamá dé en adopción a su hijo, por ejemplo, por no tener un trabajo, que a lo mejor puede conseguir en unos meses. Más del 80% de las mamás que acude a estos programas del Sename decide quedarse con su hijo o hija”, dice Labraña.

Para la especialista de la U. Alberto Hurtado y coordinadora del Magíster en Clínica Psicodinámica, Javiera Navarro, quienes adoptan a niños más grandes “tienen que recibir un soporte diferente que el que recibe alguien con uno más pequeño, porque van a tener que entender la historia de esos cuatro años dolorosos”.

Según la experta, esto se debe a que existe una alteración en los vínculos de afecto del niño que se establecen en la temprana edad. “Un pequeño de cuatro años ha tenido que esperar mucho más para ese vínculo, además de tener una historia de desencuentros y perdidas para las que no está preparado”, indica.

Respecto a la baja de mujeres que dan a sus hijos en adopción, Navarro añade que “si el sistema logra cuidar a esas mamás, van a poder cuidar mejor a sus hijos. Muchas veces están en condiciones precarias, o son muy jóvenes. Es la sociedad la que tiene que preocuparse de cuidarlas y mejorar sus percepciones”.

Balance

Durante 2015, por medio del Sename se realizaron en total 510 adopciones y el 80% correspondió a chilenos, es decir, 408.

Los requisitos para estos enlaces son numerosos, entre los cuales están ser mayor de 25 y menor de 60 años, y que exista una diferencia de edad con el adoptado de dos décadas. También deben haber sido evaluados y declarados tanto física, mental, psicológica y moralmente idóneos y, en el caso de matrimonios, tener al menos dos años de casados, lo que no es exigible en caso de infertilidad constatada.

La norma actual establece un orden prioritario para quienes pueden ser elegidos: son preferentes los matrimonios residentes en Chile, seguidos por los extranjeros, y finalizados en solteros, viudos o divorciados que viven en el país.

En general, el promedio de espera para aquellos que han sido declarados idóneos para adoptar es de alrededor de un año. Un período que aumenta para las personas que deseen adoptar a menores de un año, pero que también se reduce para quienes estén dispuestos a elegir a niños más grandes. En 2015, el 77% de los menores que estaban en el Sename correspondía precisamente a los que están en ese rango etáreo.

Para González, aún quedan metas que fortalecer como “ser capaces de acompañar a los padres para que los niños puedan sanar las heridas del abandono”.

Mientras , desde el Sename, Labraña sostiene que actualmente lo más importante es sacar adelante el proyecto de ley que se discute en el Congreso y dejará en igualdad de condiciones a parejas o solteros chilenos que quieran hacerse cargo de un menor. La norma, dijo Labraña, busca “terminar con el orden de prelación, y dejar en primer lugar, y en igualdad de condiciones, a todos los chilenos, sin importar su estado civil”.

Según Navarro, quienes han tenido dificultades para ser padres, tienen una motivación mayor “y ésta, tiene un impacto positivo en el hijo, ya que nace desde una profundidad muy grande de querer ser padres”.

En la familia de Ruby y Rodrigo, la adopción transformó para siempre sus vidas. “Ya no éramos responsables de sólo nosotros, teníamos a estas personitas que venían a ponernos a prueba: querían saber si íbamos a tener el cuero para quererlos”, cuenta Rodrigo.

El vínculo que han creado en estos años, no tiene debilidades: “Siempre que tengo la oportunidad de contar mi experiencia lo hago, es lo mejor que nos ha pasado en la vida”, concluye Ruby.

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