Columnas

12 de marzo de 2018

Agenda de la mujer: Bachelet aporta 12 leyes

Por Ana María Stuven

La primera mujer Presidenta impulsó en sus dos gobiernos una clara agenda de género, pero los cambios legales y las nuevas políticas públicas no bastan para lograr el cambio cultural: eso requiere más tiempo.

La página web de la Biblioteca del Congreso lo resume así: desde 1990 hasta marzo del 2015 se han publicado 26 leyes bajo el tema “mujer”. De ellas, nueve se promulgaron bajo los gobiernos de Michelle Bachelet (2006-2010/2014-2018). Pero en ese listado no están incluidas las tres últimas: la creación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, la que sustituye el sistema electoral por uno proporcional y de mayor representatividad en el Congreso y la que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Es decir, en 28 años, 12 de 29 fueron bajo su mandato.

En políticas públicas, no hay una institución que las enumere una por una, pero sí textos como, por ejemplo, el informe Cepal 2010 “Sobre la Mujer en América Latina y el Caribe”, en el que se destaca que en el primer gobierno de Bachelet “la equidad de género se consolidó como política de Estado”, mencionando iniciativas como los 32 nuevos Centros de la Mujer (que entregan atención psicosocial y legal a las mujeres que sufren violencia), protocolos para atender a hijos de víctimas de femicidio y el proyecto de intervención con hombres agresores.

Que la mandataria deja una marcada herencia en beneficio de la mujer es un concepto en el que coinciden historiadores, sociólogos y analistas consultados. Ahora, cuánto inciden los cambios legales y de políticas públicas en modificaciones culturales en beneficio de la mujer, es otra discusión.

La legislación impulsa modificaciones, pero los cambios culturales son más largos, incluso requieren “mucho más de una década”, como dice la antropóloga y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias 2013, Sonia Montecino: “Sin duda, el hecho de que una mujer haya ostentado el más alto cargo político del país en dos gobiernos ayuda a una transformación en los imaginarios sociales”.

La historiadora del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la UDP Ana María Stuven agrega que “la cultura tiene su propia dinámica, sobre todo una como la chilena, que es atávicamente machista, patriarcal. Es muy difícil provocar cambios culturales sólo mediante la ley, pero ésta contribuye, sin duda”, dice.

“Mujeres adultas”

La ley de cuotas para los partidos políticos (2017), la de igualdad de remuneraciones (2009), la reforma previsional que, entre otras cosas, otorgó a las mujeres un bono por hijo (2008), la de normas sobre orientación y prestaciones en la regulación de fertilidad. Son legislaciones que contribuyeron a que las mujeres “pueden ser adultas”, dice el sociólogo y miembro de Consejo Directivo de Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM) José Olavarría. Y eso fue posible, agrega, porque antes de que la mandataria asumiera por primera vez, lo que había era un discurso que “era coherente y venía de las organizaciones de mujeres pro feminismo. Pero cuando ella llega, ya no es sólo discurso, son actos, y eso hace la diferencia. Antes de ella, las acciones que se hicieron fueron algo simbólico”.

¿Más ejemplos? “Hoy, la violencia contra la mujer se condena. Ahora, que en una sociedad machista y patriarcal no siga habiendo violencia porque se condena, es otro tema —porque efectivamente sigue ejerciéndose violencia contra la mujer—, pero ya no es tan gratis”, precisa Stuven.

Según Montecino, los cambios se reflejan en dos ámbitos: “Primero, que las mujeres tengan un modelo femenino que borra las fronteras de los espacios asignados tradicionalmente, y segundo, el que es posible hacer una política de género, es decir siendo una mujer con poder, impulsar cambios en la condición femenina”.

¿Podría un hombre haber conseguido lo mismo? Para Stuven, “es dificil que algún gobernante hombre se niegue a reconocer que la violencia en contra de la mujer es inaceptable. En ese sentido, lo valioso es que ella lo pronuncia como mujer, es decir, hay un apoyo desde la mujer hacia la mujer”.

Alejandra Sepúlveda, directora de Comunidad Mujer, enfatiza que hoy “es un hecho que las niñas en Chile pueden soñar y pueden plantearse un futuro siendo presidentas. Hace 15 años no estaba en el horizonte de las mujeres y menos de las niñas”. Bachelet, agrega, “cambió el paradigma, y eso es muy importante”.

¿Todas y todos?

-Sin Bachelet en el gobierno, ¿habría sido posible este cambio?

-Responde Stuven: Hay algunos cambios que se habrían generado producto de una corriente mundial por el igualitarismo respecto de la mujer y por disminuir toda discriminación hacia ella. Está la misma ONU Mujer y hay una serie de organizaciones: mujeres empresarias, mujeres líderes, que existirían de todas maneras, pero ella ha puesto su nombre respaldándolo como Presidenta.

Olavarría agrega que con el liderazgo de Bachelet, estos cambios se concretaron más rápido que si las modificaciones hubieran estado dirigidas por un Presidente: “Ellos tienden a reproducir lo que ya conocen”, dice.

“Los hombres en general no han estado ‘enterados’ de que la sociedad femenina ha avanzado en la dirección de las transformaciones, la ‘anécdota’ de los empresarios regalando las muñecas inflables fue una tremenda frase cultural que puso de manifiesto cómo conciben los hombres con poder a las mujeres.

ta mucho para que los propios hombres hagan una reflexión como la que las mujeres llevamos haciendo desde fines del siglo XIX. Por cierto, esa es una tarea que los propios hombres deben hacer”, comenta Montecino. “El sector privado ha entendido tardíamente” el tema, pero “se ha ido sumando”, es también el diagnóstico de Sepúlveda.

¿Qué desafíos quedan en esta agenda, pos gobierno de Bachelet? “En el ámbito de la educación, en ese espacio formador de imaginarios, pero también de posibilidad de lecturas críticas a la realidad, es donde hay una carencia enorme. En todos los niveles educacionales se debe fomentar una perspectiva y práctica de igualdad de género, pues es ahí donde se construyen los valores, pero también los aprendizajes silenciosos de las desigualdades, de las discriminaciones y de los estereotipos”, dice Montecino. Y Sepúlveda remata: “El factor cultural es tan fuerte, que los estereotipos de géneros se van reproduciendo. Hay una formación deficiente a nivel de educación y falta enfoque de género en la formación docente”.

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