Columnas

8 de agosto de 2016

Amor ciego

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Parte de la élite de la Democracia Cristiana quiere entregarse tempranamente a Ricardo Lagos. Es un error. Hacerlo y al mismo tiempo esperar que emerjan nuevos liderazgos en el partido es un contrasentido.

El PDC está a la espera de la próxima encuesta CEP. Ahí se verá si Walker sube su evaluación, si Burgos se mantiene en los top ten o si Carolina Goic explota como nuevo liderazgo. Mientras, parte de la élite DC quiere entregarse tempranamente a Lagos. Esto es incomprensible. Esperar que emerja un nuevo liderazgo en el partido, y al mismo tiempo respaldar a Lagos, es un contrasentido. Los ciudadanos premian a los líderes que asumen riesgos y castigan a los que juegan pensando más en el error del rival que en los méritos propios.

Daré cuatro argumentos de por qué es un error del PDC apoyar hoy a Lagos, más aún luego que defendió la tesis de que Chile vive una crisis institucional. El primero: la debilidad de Lagos como candidato presidencial. El ranking de evaluación de políticos de Cadem muestra que, en julio, Lagos ocupaba el lugar 11, y era superado por Orrego, Burgos y Mariana Aylwin. Si bien el ranking no es sinónimo de intención de voto, informa sobre los niveles de rechazo de un candidato. En 2009, por ejemplo, la encuesta CEP de mayo ubicó a Frei en el lugar 8 del ranking, retrocediendo al puesto 13 en la medición de octubre. Piñera siempre se mantuvo dentro de los top 10, aunque entre el séptimo y octavo lugar. Al parecer, estar top tenentrega ventaja a la hora de convertir las evaluaciones en votos. De acuerdo a esa métrica, Lagos no es hoy un candidato fuerte.

Lo segundo tiene que ver con el perfil de Lagos. Cuando dejó la presidencia lo hizo con altos niveles de aprobación, que según la encuesta UDP de 2005 estaba determinado por el nivel socioeconómico de la gente: en el ABC1 obtenía cerca del 80%, bajando en los estratos más pobres. La vocación programática del PDC va por el carril opuesto. Sus bases de apoyo están en quienes se muestran más renuentes a la figura de Lagos. Es difícil que un ABC1 se sienta perjudicado por el Transantiago, a diferencia de grupos de clase media y los más pobres. Por tanto, sería incongruente que el PDC respalde a un candidato cuyo recuerdo no es bueno para las bases DC. Además, Lagos intervino directamente para sacar de la carrera presidencial de 2005 a Soledad Alvear a favor de Michelle Bachelet. Más grave que lo de MEO en 2009, quien al menos quiso competir dentro del pacto, es que un presidente haya operado para liquidar a uno de los liderazgos más pujantes del partido.

Mi tercer punto es sobre la negativa de Lagos a competir en primarias: el PDC tiene un trauma por los resultados de 1999 y 2013. Pero ese trauma se debe superar.

En 2013, Orrego no fue el candidato favorito de sus propios camaradas. Las cifras son elocuentes: tuvo mejor votación en las comunas donde el PDC era débil. En Vitacura y Las Condes bordeó el 20%, duplicando su promedio nacional. En zonas fuertes DC Orrego sucumbió incluso ante Velasco. La lección es clara: el candidato presidencial del PDC debe tener a disposición no sólo la militancia, también a los representantes del partido. Si Lagos está seguro de ganar, que lo haga en una primaria de centroizquierda, incluyendo a MEO. Si no está dispuesto, el PDC competirá con su candidato, enrostrándole a Lagos su nula disposición a competir. Entonces, Lagos 2017 se parecerá más a Frei 2009, que no quiso primarias, que a Lagos 1999, que sí aceptó el mecanismo.

Mi cuarto argumento es sobre la lectura que desde la izquierda se ha hecho sobre las preferencias políticas de los chilenos. El gobierno de Bachelet ha sido muy mal asesorado. Basado en una encuesta del PNUD se concluyó que los chilenos estaban más politizados y polarizados. Pero las cifras estaban sobreestimadas, porque el terreno se realizó en plena campaña presidencial y es normal que entonces haya más politización y polarización. Sin embargo, se hizo caso omiso de aquello y se imaginó un Chile montado en una retroexcavadora. Pero se demostró lo contrario: los chilenos siguen siendo moderados y, en términos de demanda por mayor participación y “empoderamiento”, la evidencia del proceso constituyente es contundente: sólo el 0,6% de la población participó de los cabildos ciudadanos. Es acá donde el PDC debe aparecer con propuestas que difícilmente serán defendidas por Lagos. El candidato del PDC debe ser puente de comunicación entre los chilenos, el ferrocarril del empleo y el MOP de la reconstrucción nacional.

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