Columnas

10 de noviembre de 2015

Analistas buenos para mentir: ¿Crisis de representación en Chile?

Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Decir que en Chile hay una crisis de representación terminal o que el modelo económico está cerca de derrumbarse es, derechamente, una mentira. No faltan los cientistas políticos y sociólogos que han augurado una crisis total de nuestra democracia. En esto los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad, pues dan cobertura a ideas sin sustento empírico, lo que genera una realidad absolutamente torcida. Es fácil encontrar informes de centros de estudio o fundaciones- algunas pagadas por SQM- que alimentan el presunto estado de crisis. Si bien este diagnóstico ayuda a recolectar recursos o armar comisiones que definen qué es bueno y qué es malo, está muy lejos de aproximarse seriamente a los hechos. 

La reciente encuesta de la Universidad Diego Portales (UDP) constata algo evidente. Es cierto que en Chile existe una baja identificación con partidos y coaliciones. Sin embargo, a la hora de votar, más de la mitad lo haría por un candidato de la Nueva Mayoría o de la Alianza para distintos cargos de elección popular. ¿De qué “crisis” estamos hablando? Lo más llamativo es que estos resultados se dan en medio de una desaceleración económica, siendo el gobierno el principal culpable según los ciudadanos. Si se miran las cifras objetivas se constata que el 97% de los diputados fue electo en las dos listas tradicionales, porcentajes que varían al 90% en concejales, 94% en CORES y 85% en alcaldes. Los agoreros de la crisis sólo han mirado las percepciones, sin profundizar seriamente en otro tipo de evidencia.

Respecto al modelo económico, más del 43% se siente “ganador”, cifra que nuevamente sorprende en un escenario de desaceleración. Esta tendencia varía según nivel socioeconómico, pero las diferencias no son tan abultadas. El segmento medio-alto se siente ganador en un 45.7%, los del sector medio en un 45.5% y los bajos en un 38.9%. Resultaría esperable que en un contexto económico favorable estas cifras aumenten muy sustantivamente. Por cierto, estos datos no dan para celebrar. Es obvio que el modelo necesita correcciones, pero en ningún caso un derrumbe para partir de cero.

Al mismo tiempo, en cuanto a los apoyos a la democracia, la preferencia por este régimen político sobrepasa el 50%, aunque desde 2010 se ha producido cierto retroceso. Sin embargo, esto no ha ido de la mano con un incremento en los apoyos hacia un régimen autoritario. Si en 2013 la cifra era de 22.7%, en 2015 bajó a 16%. El cambio más relevante es el de los indiferentes frente al régimen político, que pasó de 14.7% en 2013 a 26.3% en 2015. Lo que sí se ha deteriorado muy significativamente es la satisfacción con la democracia, que es una dimensión distinta a los apoyos. Si en 2013 los satisfechos totalizaban un 48.2%, en 2015 esa cifra se desplomó a 14.3%. Tales resultados correlacionan con los niveles de aprobación presidencial y con la percepción económica. Por tanto, no necesariamente indican un déficit estructural de la democracia. Más bien, señalan problemas con su desempeño. Esto cobra sentido al observar las notas rojas que obtiene Bachelet en las trece áreas de gestión gubernamental. A esto se suma una percepción mayoritaria respecto a que los principales beneficiarios del gobierno de Bachelet es la clase alta (43.8%) y no la clase baja (20%).

Finalmente, respecto a la Constitución un 45.1% se inclina por redactar un nuevo texto, mientras que el 41.6% no quiere una nueva Constitución o prefiere reformar la actual. Por tanto, es un error asumir que todos los chilenos quieren una nueva Constitución. Esta idea estaba instalada debido a la incorrecta formulación de las preguntas en algunas encuestas. En general, se consultaba respecto al mecanismo que debiese utilizarse para diseñar la nueva Constitución, sin preguntar previamente si la persona era o no partidaria de ese camino. Otros sondeos, en tanto, sólo ofrecen como alternativa si se está de acuerdo o no con una nueva Constitución, inflando artificialmente las opciones “sí”. En cambio, la encuesta de la UDP ofrece las alternativas de manera desagregada (reforma, nueva Constitución, mantener la actual).

En consecuencia, los datos de la encuesta UDP no apoyan la tesis de una crisis terminal o de una decadencia del modelo económico. Las dos principales coaliciones siguen siendo mal evaluadas, pero- al parecer- son las únicas alternativas creíbles. Esto no quiere decir que en Chile se estén bloqueando los cambios. Gracias a la reforma electoral impulsada por el gobierno, es posible que el próximo congreso sea más variopinto y más representativo. Esto depende de los electores, y no de los autodenominados expertos.

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