Columnas

21 de julio de 2014

Aumentar el número de congresistas

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

Publicado el lunes 21 de julio en La Tercera 

Para algunos no es necesario aumentar el número de diputados y senadores con el objetivo de mejorar la relación entre el porcentaje de habitantes de un distrito y el porcentaje de escaños asignados a ese distrito. Es decir, la representatividad. Para otros, esto es necesario por una razón instrumental: al aumentar el número de escaños disponibles se asegura el apoyo de los incumbentes, quienes son los encargados de votar la reforma. Este seguro existe porque al disponer de más escaños en cada distrito, disminuyen los umbrales para resultar electo. Por tanto, los incumbentes quedarían protegidos.

Mi argumento a favor del incremento en el número de representantes es distinto. Aunque matemáticamente es posible mejorar la representatividad del sistema electoral con igual número de diputados y de senadores, existen ciertos resguardos. En un caso extremo, si tuviéramos un distrito único nacional con 100 diputados a elegir, habría una representatividad perfecta. Todos los ciudadanos “pesarían” igual al momento de emitir su sufragio frente a diputados que representarían al país en su conjunto. Este planteamiento técnico, sacado de manual, no tiene mayor asidero en Chile, donde los representantes históricamente han sido electos según zonas geográficas.

Si mantenemos los 120 diputados reduciendo el número de distrito nos enfrentamos a otro problema. Pensemos en un distrito que fusiona las comunas de Puente Alto, La Pintana, Pirque, San José de Maipo (actual distrito 29) y La Florida (distrito 26). Según algunos, este distrito debiese distribuir los actuales cuatro escaños. Así, sólo se trataría de fusionar distritos y mantener el número de diputados. Claro está que el distrito es geográficamente muy extenso. Entonces, cabe preguntarse lo siguiente. Si sólo se eligen cuatro diputados, ¿qué partidos estarán en mejores condiciones para cubrir este distrito y hacer una campaña electoral masiva?, ¿qué espacio se daría para partidos pequeños o para independientes?, ¿cuántos recursos se necesitarían para montar esa campaña?

La respuesta es obvia. Sólo los partidos grandes y con recursos podrán enfrentar este tipo de desafíos. En cambio, si este distrito eligiera seis u ocho diputados, aumentarían las posibilidades para partidos pequeños o independientes. Los umbrales para ser electo se reducirán y habrá mayor incertidumbre, lo que se traducirá en una mejor competencia electoral. Si se dejan los cuatro, se reproducirá la lógica del binominal, manteniendo la oferta electoral de siempre. Por otro lado, si no se aumenta el número de congresistas pero sí el tamaño de los distritos, ¿dónde decidirán hacer campaña los candidatos? Lo harán en las zonas más pobladas, abandonando las comunas más pequeñas. En cambio, si hay más cupos en disputa, los candidatos, sabiendo que el umbral se reduce, buscarán el voto de las zonas más marginales del distrito. Esto mejorará la representatividad del sistema. No lo hará como quisieran los técnicos, pero sí mejorará en el mundo real: los candidatos deberán hacer un esfuerzo por construir nichos de representación, que a la larga implicará una mayor cercanía entre representantes y representados.

En consecuencia, si bien matemáticamente es posible mejorar la representatividad sin aumentar el número de diputados o senadores, la realidad es más compleja. Una reforma electoral no sólo debe tener en cuenta los rudimentos técnicos, sino que también el mundo real que enfrentan partidos y candidatos en las elecciones.

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