Columnas

26 de junio de 2018

Autosegregación y fragmentación

Por María Luisa Méndez

Chile, pero sobre todo Santiago, ha visto un proceso paulatino de engrosamiento de los sectores medios, tanto aquellos vinculados al sector servicios, como el retail , así como los de mayor calificación profesional. Todos ellos están inscritos en trayectorias de movilidad socio-espacial ascendente: unos, desde el sur hacia el centro de la capital; otros, desde el poniente al oriente. Pero, ciertamente, una porción importante de los más privilegiados hacia el llamado “cono de alta renta”.

Estudios recientes muestran que más de la mitad de los residentes actuales de este sector crecieron en comunas de menores ingresos relativos, tanto dentro como fuera de Santiago: ¿Es tan atractivo vivir en el barrio alto de Santiago hoy? ¿Pueden las clases medias-altas profesionales autosegregarse sin más, por decisión propia, y dar la espalda al resto de la ciudad y de la sociedad?

Ante décadas de políticas urbanas desacopladas de una reflexión más profunda sobre cohesión social, son hoy el mercado inmobiliario, en primer lugar, y el mercado educativo del sector privado, en segundo, los que están dando forma a nuestra sociabilidad. Estos patrones son difíciles de eludir, ya que organizan lo que aparentemente es una decisión individual o familiar: efectivamente, los sectores más privilegiados pueden elegir barrio y colegio, pero dentro de un conjunto de alternativas altamente predecibles. El que se mueve, no sale en la foto. El que hace algo distinto, se arriesga a perder el lugar.

Sin embargo, vemos que esta clase media-alta profesional santiaguina actual no es la unidad rutilante que se observa desde más allá del barrio alto. Por el contrario, tiene importantes fracturas internas. Sus habitantes son una mezcla de “herederos”, “meritócratas” y “recién llegados”. Los primeros se asientan en la cima de esta pirámide social privilegiada, basando su poder en la propiedad. Los segundos hacen ostentación de sus logros materiales, sacando las banderas de un discurso meritocrático en el que se sienten cómodos como ganadores. Los recién llegados recuerdan todavía su pasado familiar, en donde padres y madres con ocupaciones intermedias se esforzaban por ofrecer a sus hijos oportunidades que ellos no tuvieron.

Constituido por esta fragmentación, el barrio alto necesita ser pensado nuevamente como lugar de convivencia de historias diversas e identidades sociales fragmentadas y muchas veces en tensión. La pregunta es entonces, ¿quiénes serán los primeros en salirse de la foto para tender puentes hacia el exterior o simplemente liberarse?

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