Columnas

18 de diciembre de 2014

Bachelet y su aprobación presidencial ¿amor de pobre?

Una de las principales noticias que entregó la última encuesta CEP fue el significativo declive de la aprobación presidencial. Adicionalmente, la misma encuesta mostró que mujeres y hombres aprobaban a Bachelet casi en idéntica proporción

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 
 
Mauricio Morales

Una de las principales noticias que entregó la última encuesta CEP fue el significativo declive de la aprobación presidencial. Adicionalmente, la misma encuesta mostró que mujeres y hombres aprobaban a Bachelet casi en idéntica proporción. Visto así, la solidaridad de género se esfumó. Desde la elección de 2005 que Bachelet venía obteniendo más apoyo en mujeres que en hombres, y especialmente en las mujeres de estratos bajos. Al finalizar su mandato, y producto de la exitosa reforma al sistema de pensiones, ese apoyo explotó en las mujeres pobres y más añosas.

La caída en el apoyo presidencial también estuvo determinada por el nivel socioeconómico de las personas. Mientras los ricos aprueban a Bachelet en un 24,6% (aunque con pocos casos) y los medios en un 33,4%, los de estrato bajo lo hacen en un 47%. ¿Qué cambios hubo respecto a la medición de julio?, ¿dónde cayó más fuertemente la Presidenta? Naturalmente, en los estratos altos el descenso es menos visible. Ahí existe un rechazo estructural a la mandataria. En los segmentos medios el descenso fue de más de 12 puntos, mientras que en los sectores bajos la caída fue de 9,8 puntos. El gran problema para Bachelet es que parte importante de este descenso se produce en las mujeres de los estratos pobres. Si en julio de 2014 los hombres pobres apoyaban a Bachelet en un 53%, en noviembre ese apoyo quedó casi sin variación en 50,2%. En el grupo de mujeres pobres, en cambio, el derrumbe es evidente. En julio el apoyo a Bachelet alcanzó un 59,9%, mientras que en noviembre fue de 43,9%. Es decir, 16 puntos menos. Resta señalar que al comparar hombres y mujeres en los otros estratos, las diferencias no son estadísticamente significativas. Por tanto, algo sucede en el grupo de mujeres pobres. Hay molestia y distancia con la Presidenta.

¿Qué características tienen estas mujeres? En primer lugar, sólo un tercio de ellas se identifica ideológicamente. El grado de desafección es muy superior al resto de la población. En segundo lugar, cerca del 60% tiene sobre 40 años. En tercer lugar, menos de un tercio declara estar trabajando, contra el 49,3% de las mujeres de estrato medio y el 55,6% del estrato alto. En cuarto lugar, el 80% de estas mujeres no lee sobre política en los diarios, casi la mitad tampoco se informa de política en televisión y los dos tercios no se informan de política por la radio. Todos estos valores son significativamente superiores a hombres del mismo estrato y a mujeres de niveles altos y medios. En cuanto a sus predisposiciones, son menos optimistas respecto al nivel de ingreso y situación laboral que tendrán sus hijos, tanto al compararlas con mujeres de estrato medio, como con hombres de estrato bajo. Creen mayoritariamente que la principal razón de por qué una persona es pobre corresponde a la flojera y la falta de iniciativa, y no a la falta de educación, que es la alternativa más valorada en los segmentos más altos e incluso en los hombres de estrato bajo.

¿Qué sucede con estas mujeres? Probablemente sea el grupo que con más fuerza está viviendo la desaceleración económica, el aumento en el precio de los alimentos y la falta de empleo. Son mujeres que se enfrentan día a día a cuadrar la caja de la economía del hogar. Al igual que el resto de la población, prefieren que se abran nuevas oportunidades a que el Estado se dedique a dar bonos para superar la pobreza. Son mujeres que premian la iniciativa, el esfuerzo individual y ser responsables en el trabajo. Ahí está el motor del progreso. Todo indica que, más que beneficios estatales, lo que buscan estas mujeres son oportunidades laborales no sólo para ellas mismas, sino que para sus parejas e hijos. Perciben a la educación como parte de ese motor de progreso, pero no es lo más relevante para ellas, a diferencia de que lo sucede con las mujeres de los otros estratos e incluso de los hombres de segmento bajo. Probablemente debido a su edad, a este grupo de mujeres no les hizo mucho sentido el anuncio presidencial de eliminar al embarazo como preexistencia para las isapres. Además, la mayoría de estas mujeres seguramente está en Fonasa.

Se podría pensar que esta distancia de las mujeres pobres con la Presidenta disminuirá cuando la economía se reactive. Sin embargo, eso es simplificar en exceso el argumento. Dado que el gobierno sigue anclado en un debate de elite, será difícil que estas mujeres vuelvan a los brazos de Bachelet. Subrayo que son mujeres que creen en el esfuerzo individual. Por tanto, el gobierno puede promover una política de bonos sin necesariamente ser retribuido con apoyo ciudadano. La única forma de corregir esto es traduciendo las reformas institucionales en beneficios concretos para la gente. De no ser así, el “amor de pobre” simplemente dejará de existir. ​

Revisa la columna original en La Tercera

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