Columnas

12 de mayo de 2015

Burgos: el fin de la fiebre y el regreso del orden

Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

El mensaje de Bachelet es muy claro y preciso. Desde Ayer, el PDC dirige el gabinete y, por tanto, todo indica que el plan refundacional quedó en los engranajes de la retroexcavadora. El nuevo jefe de gabinete liderará sin mayor contrapeso las decisiones del Gobierno. A su lado tiene a dos personeros más cercanos al lobby y al espectáculo, que a la política propiamente tal. Por tanto, la Presidenta ha depositado toda su confianza en Burgos para sacar adelante lo que queda de Gobierno. Con esto. Bachelet traslada la responsabilidad al PDC, el partido más moderado del bloque, dejando herida de muerte a la izquierda más fanática, afiebrada y polarizada. La tarea de Burgos consistirá en cuadrar a su partido con el Gobierno, eliminando los posibles brotes de indisciplina. Al mismo tiempo, la Presidenta dio entrada al PC en La Moneda con el Ministerio de Desarrollo Social. De este modo, Bachelet premió simultáneamente a los dos extremos de la Nueva Mayoría, conteniendo así eventuales conflictos. El partido que terminó más dañado fue el PS, que perdió Desarrollo Social y Hacienda. Puede que ahí exista una pasada de cuenta por la campaña sistemática que Andrade y Escalona hicieron contra Rodrigo Peñailillo. El PPD- en tanto- cobró cara su salida de Interior, haciéndose del Ministerio de Hacienda.

La llegada de Insunza a la Segpres es difícil de entender. Fue electo diputado gracias a la tremanda cotación que obtuvo su compañero de lista- Luis Lemus- y que posibilitó el doblaje. En un ambiente jerárquico como es el Conreso, resulta complicado que el nexo con el ejecutivo sea comandado por un diputado de escaso peso político y con nula visibilidad pública. Si la aprobación presidencial no repunta, entonces a Insunza le costará generar la adhesión necesaria para impulsar los distintos proyectos de ley, y especialmente los referidos a transparencia y probidad.

En Segegob la situación es igual de preocupante. Si la misión de Díaz sólo consiste en comunicar, puede que no haya grandes contratiempos. Pero si el objetivo es defender al Gobierno, es posible que la oposición se haga un verdadero picnic. Díaz no es un político particularmente brillante, pero por lo mismo puede ser más dócil y funcional a los intereses del sector más moderado del Gobierno.

Naturalmente, tras este cambio de gabinete están las manos de Enrique Correa e imaginacción, quienes prestarán toda su asesoría para sacar adelante al Gobierno y a sus nóveles representantes. Si Díaz e Insunza obedecen las instrucciones de Correa, este segundo tiempo podría terminar mejor de lo que pinta. El peso y la influencia de Correa sobre sus muchachos hace pensar que el recambio generacional es más una ilusión que una realidad, pero evidentemente se gana en disciplina y certidumbre.

En su primera declaración, Burgos recalcó los conceptos de orden y diálogo. No se refirió a la imposición de la mayoría ni al aplanamiento de la oposición. Tampoco hizo alusión al original plan refundacional del Gobierno y, menos, a la nueva Constitución. En su horizonte no está la idea de Asamblea Constituyente, asunto en el que coincide con Correa. La prioridad- en cambio- estará en la gestión y administración gubernamental. Acá ya no hay espacio para otra cosa, sobre todo si pensamos que el otro año hacbrá elecciones municipales y en el subsiguiente presidenciales y legislativas.

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