Columnas

12 de noviembre de 2014

Camotera a Peñailillo ¿Está solo o quiere estar solo?

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Nadie niega sus habilidades políticas, pero también hay que reconocer sus problemas de comunicación y la debilidad de su carisma. Eso se puede construir en el tiempo, pero Peñailillo arrancó demasiado rápido con una estrategia que podría abortar más temprano de lo planificado.

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Morales

La Presidenta ha llamado a trabajar más a sus ministros. Sin percatarse que el problema no son las horas de trabajo, la Presidenta insiste en un modelo de gobierno que ya está haciendo aguas por varios frentes. El principal es la delincuencia, que según la encuesta UDP es el tema que más preocupa a los chilenos. A nadie dejó de sorprender el robo de un camión de valores en las narices de Aleuy y Peñailillo. Fue una situación humillante para el gobierno. Pero, ¿cuál es el problema de fondo?

Cuando la Presidenta dice que el gobierno debe comunicar mejor, está haciendo una fuerte crítica a su ministro de Interior. Lo mismo hizo el PDC luego de su cónclave, denunciando serios problemas de conducción política. Otro palo para Peñailillo. ¿Quién está conduciendo las riendas del gobierno?, ¿quién aparece liderando las reformas políticas, los cambios institucionales, y la lucha contra la delincuencia? Peñailillo. Si hasta en educación intervino, según algunos para salvar la reforma, y según otros para “apagar” a Eyzaguirre. Acá aplica el dicho popular de que “quien mucho abarca, poco aprieta”.

En los gobiernos de la Concertación y en el de la Alianza, el ministro de Interior tenía labores muy bien definidas. Así lo hizo Krauss en el gobierno de Aylwin, donde el poder se repartía con Correa y Boeninger. En el gobierno de Frei, la breve estadía de Germán Correa como ministro de Interior dio paso a Carlos Figueroa, quien compartía roles con los cuatro nombres que pasaron por SEGPRES y SEGEGOB, incluyendo a Insulza, Arriagada y Brunner. Lo mismo sucedió en el gobierno de Lagos. Sus hombres fuertes fueron Vidal e Insulza. Y con Piñera, los aires de grandeza de Hinzpeter al intentar formar una “nueva derecha” desde el gobierno, terminaron con su sacrificio en la plaza pública. Así terminó un ministro del Interior que no tenía competencia en el gabinete político. Larroulet estaba 100% dedicado a su rol en SEGPRES, por lo que no era una amenaza, y por el lado de la vocería Von Baer tampoco era un gran escollo. Hinzpeter se sintió con la suficiente libertad para construir un nuevo referente.

¿Qué pasa entonces con los ministros que concentran demasiado poder? Primero, le hacen daño al gobierno, pues no dan juego a otros ministros. Segundo, se hacen daño a sí mismos. La encuesta UDP muestra que sólo el 3,3% de la población ve a Peñailillo como líder de la Nueva Mayoría, aunque el resto de los mencionados lo hace peor. Por tanto, el hecho de copar la agenda e intervenir en gran parte de los ministerios relevantes, hace que Peñailillo aparezca como potencial responsable de la situación actual del gobierno. Algunos dicen que el ministro está muy solo en el gabinete político. ¿Está solo, o le gusta estar solo?

Nadie niega sus habilidades políticas, pero también hay que reconocer sus problemas de comunicación y la debilidad de su carisma. Eso se puede construir en el tiempo, pero Peñailillo arrancó demasiado rápido con una estrategia que podría abortar más temprano de lo planificado. Es cierto que ha empujado reformas políticas adecuadas como el cambio de sistema electoral, pero a veces la ansiedad le juega malas pasadas. Por ejemplo, en su ánimo por aprobar esta reforma, abrió espacio para que los ex dirigentes estudiantiles y los “regionalistas” presionaran para reducir las barreras de entrada en la formación de partidos. Al bajar el número de firmas para crear un partido, Peñailillo promovió innecesariamente una mayor fragmentación. Es cosa de mirar lo que sucede en las regiones del norte de Chile: más caudillos, debilidad de los partidos tradicionales, y emergencia de actores de chantaje.

La Presidenta no removerá a Peñailillo en esta primera etapa, cosa que sí hizo con Zaldívar a meses de haber asumido. Pero debe entender que el juego colectivo es más importante que las individualidades, sobre todo cuando su propia coalición de gobierno no ha dado las mejores señales de disciplina. La camotera a Peñailillo está bien dada. El ministro debe aprender.

Revisa la columna original en La Tercera 

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