Columnas

2 de enero de 2019

El año en que la migración copó la agenda: extranjeros pasaron de 195 mil a más de 700 mil

Por Cristián Doña

Este año se conoció que los migrantes son el 4,5% de la población. La temática tuvo meses de polémicas por las medidas administrativas de regularización y culminó con la negativa del gobierno del participar en el Pacto Migratorio impulsado por Naciones Unidas.

2018 fue el año en que se conoció la dimensión de la realidad migrante en Chile. Después de 15 años de espera, finalmente los resultados del Censo 2017 ayudaron a despejar la incógnita: el 4,35% de la población nacional es extranjera (746.465 personas).

Un alza considerable en relación a la última medición oficial, que en 2002 indicaba que la población extranjera residente era un 1,2% (195.320 personas). En ausencia de Censo, las encuestas Casen dieron señales de que el fenómeno iba en crecimiento, pasando de 2,1% en 2013 y a 2,7% en 2015.

Esos resultados son sin duda uno de los aspectos más relevantes de los últimos 12 meses, sostiene Cristián Doña, académico del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales e Investigador COES. “Los resultados del Censo 2017 y la Casen 2017, dan cerca de 800 mil personas nacidas en el exterior equivalente a un 4,5% aproximadamente de la población total del país. Si bien estos números probablemente son superiores hoy, es la única medición científicamente válida del número de migrantes en el país”.

Los estándares internacionales hablan que el 10% de la población de su país es migrante (es el promedio de la Ocde), número que en naciones como Canadá o EE.UU, supera el 20%., por lo que aún en Chile se consideran cifras modestas.

Sin embargo, entre los años 2005 a 2017, según datos del Departamento de Extranjería y Migración, se apreció un aumento en las permanencias definitivas otorgadas a población haitiana, las que tuvieron un crecimiento promedio anual de 199%. Junto con este nuevo comportamiento migratorio se hizo notar un evidente racismo, sostiene Doña. “Creo que el racismo chileno estaba escondido en los últimos años y este año, junto con el auge de Kast, Bolsonaro y otros, ha surgido como una respuesta a la presencia de extranjeros”.

Pero tampoco es un fenómeno nuevo, “la prensa chilena de principios de los 90 daba cuenta de racismo hacia coreanos que parece que hemos olvidado. Por lo tanto creo que es más visible que antes”, comenta Doña.

Racismo evidente

Mirado en retrospectiva, este año más que en los anteriores, el tema migratorio se tomó la agenda noticiosa y política, indica Medardo Aguirre, director del Centro Nacional de Estudios Migratorios (Cenem) de la Universidad de Talca.

Logró notoriedad, dice Medardo, primero por las medidas administrativas del gobierno tendientes a la regularización de inmigrantes residentes, lo que finalmente significó que alrededor de 150.000 personas que estaban en situación irregular pudiesen postular a su regularización.

Meses en que además se dieron medidas, que Aguirre sostiene fueron “claramente más efectistas que efectivas”. Por ejemplo, la cantidad de personas expulsadas del país por diferentes motivos, que no es tan diferente de lo que ha ocurrido cada año, pero que antes no había tenido una exposición mediática como la actual. “La salida voluntaria de haitianos con pasaje pagado, que por la cantidad no tiene significación alguna, seguramente se está esperando un efecto a largo plazo, en el sentido de desincentivar a ciertos grupos a que vengan a nuestro país, lo cual tendrá que ser evaluado con posterioridad”.

Medidas de regularización y preocupación por el tema de migratorio que culminan el 2018 con la negativa del gobierno de firmar el Pacto Migratorio impulsado por Naciones Unidas. Reflejo para Aguirre de que ciertos sectores consideran los procesos migratorios como algo negativo para el país. “Esto último pareciera ser, en definitiva, como lo más relevante del año, puesto que este ambiente termina generando en la población paulatinamente percepciones negativas de la inmigración, proceso que obviamente va a continuar, en la medida que existan personas que necesiten refugio por razones políticas o que requieran buscar mejores condiciones de vida en otro país”.

La decisión respecto del pacto migratorio, es muy grave, coincide Doña, ya que deja a Chile sin participar en el espacio multilateral sobre migración más importante de la historia hasta este momento. “Y lo hace haciendo mala política; respondiendo a la calle y a las encuestas. Con esta decisión el gobierno cierra un año para el olvido en términos migratorios. La creación de visas para Haití y Venezuela, el uso propagandístico del proceso de regularización y el uso de datos incorrectos para hablar de la migración, y el que el director de Extranjería esté totalmente fuera de toda discusión política sobre migración, marcan una mala aproximación a la necesidad del país de contar con buenas políticas migratorias”.

La importancia que ha logrado el fenómeno migratorio reciente en Chile, dice Doña, obliga al Estado a pensar no sólo en leyes migratorias que definan la entrada al país, sino que además a diseñar políticas migratorias amplias, “que promuevan la participación activa de estos migrantes en la sociedad chilena en igualdad de condiciones a los chilenos, como menciona la Convención de los Derechos de los Trabajadores Migrantes”.

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