Columnas

6 de junio de 2014

El Capital

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Por Alfredo Joignant

Alfredo Joignant

 

 

 

 

 

Alfredo Joignant

Publicada el 5 de junio de 2014 en La Segunda

Desde los tiempos en que Marx escribió “El Capital”, no se observaba un impacto político e intelectual similar a raíz de un libro sobre el mismo objeto: “El capital en el siglo XXI”, del economista francés Thomas Piketty. La tesis defendida es simple y, a decir verdad, predecible: que el mundo desarrollado y los países emergentes han llegado a niveles abismantes de desigualdad.

Lo interesante y brillante es la demostración: es con datos fiscales e históricos, observando la desigualdad en el tiempo largo de los países (100 años), que Piketty muestra el vicioso efecto combinado entre el estancamiento del crecimiento de la población, el débil crecimiento de la economía y una tasa de rendimiento promedio del capital por encima del crecimiento económico. El resultado es, a partir de un análisis de economía histórica (no estamos muy lejos del universo intelectual de Braudel), que los países desarrollados han regresado a los niveles de desigualdad de la Belle Époque, a lo que se agrega una singularidad especialmente observable en los Estados Unidos: los supersalarios y su concentración en pocas manos, con efectos devastadores en la estructura de las desigualdades, creando una nueva oligarquía.

La representación del futuro puede ser aterradora, y ya la registra Hollywood, desde “Los juegos del hambre” hasta “Elysium”: un reducidísimo grupo privilegiado cuyo principal sistema de justificación sería una ideología meritocrática, con estrategias de reproducción por la vía de la herencia y una gran clase media patrimonial diametralmente alejada del grupo oligárquico, que domina sobre una población que morirá sin bienes y en condiciones precarias. De miedo.

La derecha política e intelectual ha criticado por todos los medios a Piketty, llegando incluso a descalificarlo por cálculos que estarían mal hechos (aunque se ha dicho que las tendencias de largo plazo serían otras). Una reacción ideológicamente previsible, no así la fanfarronería de Andrés Velasco en una floja columna publicada en inglés (cómo no) en Project Syndicate, en donde afirma haber leído el libro y concluido que “pocas cosas excitan tanto a los intelectuales de la vieja izquierda latinoamericana como un libro sobre la desigualdad escrito por un francés”. ¿Es esto serio, querido Andrés, o decidiste hablarle a un público continental de derechas y sus pares criollos huérfanos de ideas y líderes?

Uno puede polemizar con Piketty sobre si serán tan ciertas sus ecuaciones matemáticas en el largo plazo o si la crítica a la curva de Kuznetz es fundada. Pero lo que no se puede hacer, y por eso es que Velasco no leyó el libro, es alardear de haberlo leído descalificando al autor, a una izquierda vieja y a tantas otras ovejas descarriadas. Alguna razón habrá para que el libro haya tenido tanto éxito, tal como alguna razón habrá para que Velasco haya dejado de ser serio y dilapidado su prestigio.

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