Columnas

26 de mayo de 2015

El doctor Jekyll y el señor Hyde en el gobierno de Bachelet

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Por Patricio Navia
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Hemos visto que la realidad refundacional NM y la dialogante Concertación conviven en La Moneda. Dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet.

Las señales que ha dado el gobierno respecto a su hoja de ruta y a sus planes para cumplir sus promesas de campaña recuerdan la novela de Robert Stevenson, que trata de un hombre con trastorno disociativo de la identidad. A diferencia del trastorno de bipolaridad, que hace que los pacientes pasen de la manía a la depresión, el trastorno del doctor Jekyll y el señor Hyde consiste en que la misma persona tiene dos identidades opuestas. Dados sus actos a favor de la moderación y la gradualidad —como el cambio de gabinete— y a la vez teniendo en cuenta las declaraciones que insisten en un proceso constituyente (cuyos detalles permanecen incomprensiblemente vagos) y en las profundas transformaciones que prometió en campaña, el gobierno alimenta la ya dañina incertidumbre que reina en el país y, peor aún, parece incapaz de decidir si el periodo 2014-2018 se convertirá en el quinto gobierno de la Concertación o en un fundacional primer gobierno de la Nueva Mayoría.

Desde que se inaugurara la retroexcavadora en 2014, el gobierno de Michelle Bachelet ha impulsado una serie de transformaciones que aspiran a cambiar radicalmente la hoja de ruta por la que ha avanzado Chile desde la recuperación de la democracia. La tesis de que las reformas deben ser graduales y consensuadas —lo que inevitablemente disminuye la velocidad con que se puede reducir la desigualdad pero privilegia el crecimiento de la economía— se ha convertido en una amenaza para los que aspiran a refundar el orden social, económico y político durante el segundo gobierno de Bachelet. Como cualquier percepción de refundación alimenta la incertidumbre, la economía se ha frenado más allá del que debió haber sido el efecto negativo del fin del boom de las commodities. Dado que un país que no crece difícilmente puede reducir la desigualdad, el gobierno de Bachelet se ha visto complicado en su capacidad de cumplir su promesa de emparejar la cancha. Es cierto que el crecimiento no basta para reducir la desigualdad, pero sin crecimiento, ninguna promesa a favor de ampliar las oportunidades y combatir la desigualdad puede ser materializada.

Como la economía se frenó en 2014, el gobierno se ha enfrentado a los dos peores fantasmas que afligen a cualquier autoridad, un deterioro en la situación económica y una caída en la aprobación popular. Pese a tener a su haber una polémica reforma tributaria, una simbólicamente importante reforma educacional (que será implementada gradualmente y podrá ser revertida por el próximo gobierno) y el cambio al sistema electoral, el gobierno ha pasado buena parte del 2015 contra las cuerdas, producto del escándalo por el caso Caval y su incapacidad para darle una salida política a los escándalos de Penta y SQM. Ante la inacción del gobierno, la Presidenta Bachelet anunció un cambio de gabinete el 6 de mayo que, materializado cinco días después, buscaba enviar una señal clara a la opinión pública y a los actores políticos sobre cuál era la hoja de ruta que tendría su gobierno en los siguientes años.

Pero el cambio de gabinete no despejó dudas. Por un lado, la llegada de Jorge Burgos a Interior y de Rodrigo Valdés a Hacienda parecía indicar que ahora se impondría la moderación. Pero algunas declaraciones de altos funcionarios de gobierno y la poca claridad sobre la hoja de ruta a seguir que se evidenció en el discurso del 21 de mayo han llevado a muchos a pensar que Bachelet sigue comprometida con la tesis refundacional que caracterizó su primer año de gobierno.

Las dudas sobre cuál de las dos lecturas es la correcta alimentan más la incertidumbre sobre lo que se viene para Chile. Ya que los mercados prefieren las malas noticias a la incertidumbre —la certeza de una mala noticia siempre puede convertirse en una oportunidad de negocios—, la economía chilena difícilmente retomará el sendero del crecimiento, una condición necesaria para que el gobierno evite caer en el hoyo, todavía más profundo, del descontento social que produce el desempleo. Sin crecimiento, ninguna de las promesas por mejorar la distribución del ingreso y reducir la desigualdad podrá ser materializada.

Después del cambio de gabinete, muchos se apresuraron a señalar que la retroexcavadora de la Nueva Mayoría ya había sido sepultada y que retornaban las reformas graduales y pragmáticas propias de los gobiernos de la Concertación. En las semanas siguientes, hemos visto que ambas realidades —la refundacional NM y la dialogante Concertación— conviven en La Moneda. Lamentablemente, no es que ambas dialoguen y encuentren un balance, sino que, dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet. Como es a la vez el doctor Jekyll y el señor Hyde, este gobierno arriesga decepcionar, a la vez, a los que quieren transformaciones profundas y a los que prefieren avanzar por el camino de la gradualidad.

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