Columnas

12 de enero de 2018

El Papa en la cárcel de mujeres: ¿opción de género?

Por Ana María Stuven

Es altamente significativo que el Papa Francisco haya optado por visitar una cárcel en su corta estadía en Chile. No es tanto si pensamos que “estuve preso y me visitaste” es una de las Bienaventuranzas evangélicas. Pero sí resalta cuando constatamos que la cárcel elegida es de mujeres. Preguntándonos sobre el significado de esta opción particular, surgen varias hipótesis. Una, el reconocimiento especial hacia la mujer, lo cual ya es bastante elocuente en una Iglesia que está en deuda con darle protagonismo. Ir hacia la mujer infractora de ley puede entenderse también como una aproximación hacia la acogida de Jesús a la mujer caída y a los descartados de la sociedad. También, puede ser que el Papa quiera relevar la diferencia entre un hombre y una mujer privados de libertad, asunto pendiente y fundamental de pensar desde las políticas públicas en el país.

Obviamente, mantener presa a una mujer, en su mayoría jefas de hogar, con un promedio de tres hijos que quedan a la deriva -o víctimas en el Sename-, tiene un infinitamente mayor costo social que privar de libertad a un hombre, especialmente cuando ellas provienen de un contexto social y económico donde el peso de la familia recae en la madre. Es probable que el Papa quiera provocar esta discusión necesaria, lo cual se agradece. Que se proponga redireccionar la mirada social hacia un combate creativo de la delincuencia a través de alternativas reales de reinserción -las mujeres ahora privadas de libertad, ¿han estado alguna vez insertas?- que impidan las altas tasas de reincidencia femenina es muy necesario.

Pero hay también otra lectura posible. Tiene que ver con el concepto de género. A quienes están familiarizados con su exhortación apostólica Amoris laetitia podría parecerles un insulto considerar que su visita a la cárcel de mujeres es un reconocimiento a las teorías de género. El Papa se opone a cualquier ideología que aspire a una sociedad sin diferencias de sexo. Pretender, sostiene, que el sexo biológico no tiene relevancia alguna para la propia identidad es un error. Sin embargo, denunciar los problemas antropológicos y sociales que conlleva la adhesión a teorías de género que, como entiende el Papa, cuestionan la identidad sexual no necesariamente niega el potencial explicativo del concepto de género. La historia de mujeres, por ejemplo, cuando investiga sobre la presencia femenina en el pasado no pretende negar la diferenciación sexual, sino que usa el concepto de género tan solo y nada menos que para referirse a la construcción social diferenciada del comportamiento de los sexos, basada en sus diferencias sicológicas o de naturaleza. Comprende el género como un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en la diferencia percibida cultural e históricamente entre los sexos. En ese sentido, permite crear nuevos campos de estudio como la familia y los niños y, también, ser un aporte para las políticas públicas abriendo un espacio donde los sexos no se distingan solo desde su biología, sino también desde sus funciones sociales, rechazando así el determinismo biológico implícito en el concepto de sexo. Hablar así de género interroga los roles sociales de hombres y mujeres de manera comparativa y relacional.

Desde esta importante perspectiva, Francisco parece hacer una lectura de género al visitar a las mujeres privadas de libertad. Podemos, con cierto optimismo, leer su visita al Centro Penitenciario Femenino como un reconocimiento hacia las condiciones desfavorables en que la mujer enfrenta ciertas situaciones de opresión y hacia la necesidad de abordar muchas de las discriminaciones que aún la afectan, incluyendo por cierto la misma institución eclesiástica.

En el caso particular de la prisión, sería esperanzador que la visita papal, independiente de su motivación, levante la problemática de la institución carcelaria y sus mecanismos, abriendo la discusión en torno a sus efectos específicamente punitivos sobre la población femenina y su entorno social y familiar, hasta ahora naturalizados. Debiera incentivar la aplicación de criterios de género expresados en el rediseño de la infraestructura carcelaria; en las condiciones de reclusión; en potenciar el vínculo familiar permitiendo mayor intimidad en las visitas, especialmente cuando se trata de niños; en la oferta programática y laboral. Criterios de género permiten tomar en consideración las particulares condiciones sociales, culturales y económicas que afectan a la mujer tanto en su camino hacia el delito como en el largo recorrido que emprende, una vez en libertad, para recuperar a su familia y reinsertarse social y laboralmente. La visita de Francisco al Centro Penitenciario Femenino es un testimonio con múltiples mensajes que ojalá nos encuentre con los ojos bien abiertos.

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