Columnas

18 de julio de 2014

El poder en la nueva mayoría

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Por Claudio Fuentes

claudio fuentes

 

 

 

 

 

Publicado el 18 de julio de 2014 en La Tercera 

EN POLITICA conviven el idealismo y el realismo. No cabe duda de que los partidos actúan motivados por ideas que buscan plasmar en sus programas y políticas de Estado. Pero al mismo tiempo, en cada decisión evalúan la correlación de poder político, económico y social que tienen. Los líderes de la Concertación en 1990, si bien plantearon un programa de gobierno ambicioso, muy rápidamente comprendieron que la correlación de poder no los acompañaba. Decidieron abdicar de una serie de ideales para establecer acuerdos “en la medida de lo posible”. Y lo posible siempre dependió de la derecha.

El escenario actual es otro. Hoy la Nueva Mayoría cuenta -por primera vez desde el retorno a la democracia- con un contingente legislativo capaz de aprobar proyectos de ley que requieren mayoría simple. Puede incluso aprobar algunos proyectos que necesitan de mayoría especial si se logra articular un acuerdo con sectores políticos independientes y de derecha. Como el eje político se movió ligeramente hacia la izquierda, las posibilidades de avanzar en reformas más ambiciosas se ampliaron.

Pero este nuevo escenario político no implica el uso de una aplanadora, y esto por dos razones muy sencillas. La primera razón es que no toda decisión política depende estrictamente del balance de poder en el Congreso. El poder político que adquieren empresarios, estudiantes o trabajadores es tan relevante como la cantidad de legisladores necesarios para votar una ley. Y, en el caso de la reforma tributaria, reveló el peso específico que tienen los empresarios a la hora de tomar una decisión.

La segunda razón es que dentro de la propia coalición de gobierno existen diferencias significativas en una serie de ámbitos de acción. Esto no debiese sorprendernos. Desde el origen de la Concertación, en los 80, se han explicitado una y otra vez diferencias sustantivas entre las fuerzas más progresistas y más conservadoras al interior de ella. La interrogante central aquí no es respecto a tener o no tener diferencias, sino respecto a los mecanismos para resolver las controversias intracoalicionales.

En el pasado, estos mecanismos han variado. En algunos casos, la resolución de conflictos radicó en la Presidencia de la República (Aylwin y Lagos). En otros casos, las disputas eran procesadas por ministros claves que interactuaban con los presidentes de los partidos (Frei, Bachelet I). La negociación sobre la reforma tributaria develó la actual irrelevancia del vínculo formal gobierno-partidos de la NM, y el peso específico que detentan algunos ministros que ya sabíamos serían cruciales en esta administración. La interrogante central es si este esquema de toma de decisiones (basado en personajes claves dentro de la administración, capaces de articular consensos) resistirá el resto de la agenda programática de lo que queda de gobierno o si se requerirá un reacomodo en la forma en que se están tomando las decisiones. El poder de decisión gubernamental está puesto en la dupla Interior-Hacienda y en realidad nada hace pensar que algo cambiará en el futuro inmediato. Así, dependerá de su capacidad de emprendimiento el éxito de esta administración.

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