El pulso de la crisis ucraniana: Rusia 1-Europa 0

Publicado por Beatriz Hernández el Jueves, 6 de marzo de 2014 en Columnas.

 

 

 

 

 

 

Beatriz Hernández Pérez

Publicada el 5 de marzo de 2014 en La Segunda

De acuerdo con los datos de Transparencia Internacional, la región del Este de Europa y Asia Central es la más corrupta del mundo, siendo el 95% de los países altamente corruptos. Ucrania, en el puesto 144 de los 177 países con menos libertades y transparencia, hoy está en la bancarrota y a la deriva ¿Qué ha fallado en esa parte de Europa? ¿Por qué Ucrania no ha mejorado su sistema político y económico? Todas las respuestas apuntan al mismo culpable: Rusia.

Ucrania es un caso emblemático, ya que la mitad de la población sigue vinculada a un sistema post-soviético idealizado, pero la otra quiere caminar hacia la verdadera democracia y bienestar social. Esta extrema división se ha manifestado en la política de los últimos 15 años con una creciente violencia y represión hacia las figuras más cercanas a la idea de acercarse a la Unión Europea, como Víktor Yúschenko y Yulia Timoshenko.

Desde 2008 se negocia un Acuerdo de Asociación con la UE. Esta es el principal socio comercial de Ucrania (33,7%), mientras que Rusia ocupa el segundo lugar con un 21% (Eurostat, 2013). Las presiones de Rusia para evitar un acuerdo comercial con la UE —que podría ser el primer paso hacia una eventual calidad de país miembro— no sólo se han dejado ver a nivel político, sino también comercial. La iniciativa rusa de crear una Asociación Euro-Asiática para 2015 es un órdago a la propuesta europea de prosperidad y desarrollo para Ucrania y sus países vecinos.

La presencia rusa en Crimea nos recuerda lo ocurrido en Osetia del Sur, en la república de Georgia, país que solicitó ser miembro de la UE y que se vio castigado duramente por tal deslealtad hacia Rusia. Claro que el efecto dominó que puede causar en Moscú el triunfo de una segunda “revolución naranja” es mucho más temido que una posible sanción internacional por violar la soberanía territorial de Ucrania. Vladimir Putin ha demostrado en los últimos años que no sólo ejerce la violencia en casa silenciando a los disidentes, sino que también hace valer su hard power en los países vecinos. Ese poder coercitivo se diferencia bastante de la Unión Europea, que busca la integración regional a través del comercio.

Si Rusia sigue viviendo en el pasado es muy probable que Putin corra la misma suerte que el depuesto Presidente ucraniano Yanukovic. La revolución naranja podría conseguir la instauración de un nuevo régimen, que ya cuenta con apoyo internacional, para que no se quede estancada como pasó con la primavera árabe. En el terreno puede ser que vaya ganando Rusia, pero el salto hacia la UE es inevitable. Ucrania no puede seguir siendo el patio trasero de Moscú.

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