Columnas

30 de enero de 2015

El retorno del voto obligatorio. ¿Pasó la vieja?

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Morales

La introducción del voto voluntario en Chile ha sido una de las peores decisiones del último tiempo. En 2011 -antes de que entrara en vigencia- sostuve que el voto voluntario traería dos problemas. Primero, un desplome de la participación. Segundo, un agudizamiento del sesgo de clase en la participación electoral. Es decir, que en las comunas más ricas vote más gente que en las comunas pobres. Ambos pronósticos se dieron. Mientras en 2009 la participación bordeó el 60% (calculado sobre el total de población en edad de votar), en 2013 descendió a menos del 50%. Si en Vitacura, para la primera vuelta de 2013, votó casi el 68% del padrón, en La Pintana lo hizo sólo el 40%.

Lo más grave es que varios congresistas, estando informados respecto a tales pronósticos, terminaron apoyando la reforma.Una encuesta aplicada a 164 congresistas en 2014 – financiada por un proyecto de IDRC alojado en la Universidad Diego Portales- arrojó que un 72% de los legisladores de la Nueva Mayoría y un 57% de los de la Alianza están a favor del voto obligatorio. La incongruencia es evidente. La misma elite que apoyó la reforma, ahora quiere una rápida reversión. No tuvieron el coraje para oponerse en su minuto al voto voluntario. El argumento era que la propuesta venía del gobierno de Bachelet, y que dada su popularidad no era conveniente tirarle pelos a la sopa.

¿Es adecuado retornar el voto obligatorio? Me parece que no.Primero, aunque soy fiel partidario del obligatorio, creo que es importante que los políticos se den cuenta de una mala legislación y que la corrijan de manera adecuada. Esto implica el establecimiento de un Plan Nacional de Educación Cívica. Es decir, incluir de manera obligatoria en las mallas curriculares de escuelas, colegios y liceos un programa de Educación Cívica para alumnos de enseñanza media y de enseñanza básica. Para esto último, existen modalidades de trabajo basadas en didácticas democráticas. Una idea de estas características vendría a corregir de manera seria el escaso “civismo” de los chilenos.

El segundo argumento tiene que ver con la eventual combinación entre el voto obligatorio y un ambiente de alta desafección con partidos. Ocho de cada diez chilenos no se identifica con ningún partido y, además, la participación se ha desplomado significativamente. Entonces, el hecho de obligar a la gente a votar, podría traer consecuencias aún peores. Esos ciudadanos lo harán de mala gana. Es muy probable que en lugar de apoyar candidaturas de los partidos o coaliciones tradicionales, lo hagan por candidatos populistas en el afán de votar en contra “del sistema”. La situación se tornaría más dramática en el nuevo esquema: distritos más grandes, menor exigencia de votos para ser electo, bajas barreras de entrada para formar partidos. Si el voto es obligatorio, no es descabellado pensar que en algunas regiones terminen por salir beneficiados pequeños caudillos que hacen eco de la crítica generalizada a los partidos tradicionales. Lo peor, es que esos votantes descontentos justificarían su voto más por la molestia de estar obligados a votar, que por una preferencia política arraigada.

El tercer argumento es que, de retornar al voto obligatorio, estaremos confundiendo dolor de cabeza con jaqueca crónica. El drama de la desafección no se resuelve instituyendo la obligación de ir a votar. El problema es mucho más profundo, por lo que su corrección depende de cuán dispuestos estemos para establecer una educación cívica íntegra.

Raya para la suma. El tiempo del voto obligatorio ya pasó. La elite política debe hacerse cargo del error. El desastre del voto voluntario debe ser tomado como una oportunidad para atacar de raíz el profundo malestar con los partidos y la representación democrática. Algunos han dicho que la participación electoral futura dependerá del nuevo sistema electoral. Se equivocan. No es “responsabilidad” de un sistema electoral impulsar la participación. Los sistemas electorales transforman votos en escaños. Lo curioso, es que quienes quieren achacar tal responsabilidad al sistema electoral, son los mismos que en su minuto respaldaron abiertamente el voto voluntario. Juzgue usted.

Ver columna en La Tercera

En Portada

cerrar