Columnas

5 de octubre de 2015

El triunfo del “No” y la sobrevaloración de la franja

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Hoy se cumplen 27 años del triunfo del “No” en el plebiscito sucesorio que definía la continuidad del régimen autoritario o el paso a elecciones libres, abiertas y competitivas. Es muy común que en la conmemoración de este importante evento se recuerde la franja televisiva que acompañó la campaña de la oposición. Suele argumentarse que la franja fue un factor determinante para que los partidos de oposición pudieran derrotar a Pinochet. Sin embargo, y como argumento en esta columna, el triunfo del “No” era evidente desde mucho antes de que la franja entrara en funcionamiento.

El Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), cuyo principal exponente es el profesor Carlos Huneeus, realizó una serie de encuestas que- entre otras cosas- preguntaban sobre la predisposición de voto en el plebiscito.Estas encuestas se realizaron en 1987 y 1988. Dado que la franja comenzó en septiembre de 1988, las encuestas previas nos permiten evaluar cuán decisiva fue la franja para explicar el resultado. Si se observan los datos de noviembre de 1987, el “No” tenía una intención de voto cercana al 38%, mientras que el “Sí” totalizaba un 33%. El resto de los encuestados no expresaba opinión o señalaba que no iría a votar. En la medición de  agosto de 1988 el apoyo al “No” fue de casi un 41%, mientras que el “Sí” bajó a 31%. De acuerdo a esta evidencia, la distancia de 10 puntos entre el “No” y el “Sí” a menos de dos meses del plebiscito, hace pensar que el triunfo opositor estaba prácticamente garantizado antes de que entrara en vigencia la franja.

En la medida en que se acercaba la fecha del plebiscito, las preferencias se fueron consolidando. En la primera medición de septiembre que hizo el CERC- realizada entre el 9 y el 17 de ese mes en medio de la franja televisiva- el apoyo al “No” aumentó a 47%, para pasar a más del 53% en la segunda medición de septiembre hecha a pocos días del plebiscito. La precisión del CERC para predecir la votación del “No” fue notable. Naturalmente, la franja contribuyó a que las preferencias electorales se fueran cristalizando, pero cuesta pensar- de acuerdo a estos datos- que haya sido un factor decisivo. Al parecer, el resultado obedeció a características estructurales de la sociedad chilena donde el rechazo a la dictadura respondía a cuestiones de fondo.

Si se analizan los datos de las encuestas del CERC, existen algunos patrones muy claros. Los hombres estaban más dispuestos a votar por el “No” en comparación con las mujeres. Igual cosa sucedía con los más pobres en comparación a los segmentos más acomodados. Por edad, el grupo más proclive a votar por el “No” eran los jóvenes, mientras que según zona de residencia, el apoyo el “No” era más fuerte en Santiago que en regiones. Tales patrones tienen una impresionante continuidad con los factores socioeconómicos y sociodemográficos que explicaron los resultados de la elección de 1970. Según las encuestas aplicadas por Eduardo Hamuy, el voto por los candidatos de centro-izquierda fue más fuerte precisamente en los hombres, en los jóvenes, y en los más pobres.

El caso de Chile demuestra que los patrones de votación fueron resistentes incluso a uno de los regímenes autoritarios más violentos de América Latina. Tal como mostró Juan Linz para el caso español, los votantes son capaces de retener sus preferencias electorales a pesar de extensos períodos de interrupción democrática. De acuerdo a este argumento, entonces, y pensando en la fuerza de las variables socioeconómicas y sociodemográficas para explicar la intención de voto en el plebiscito, la franja televisiva- a mi juicio- ha estado totalmente sobrevalorada. Si bien fue una instancia de expresión programática y puesta en escena de los liderazgos del “No”, lo cierto es que los ciudadanos ya habían optado por el fin del régimen desde mucho antes.

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