Columnas

10 de septiembre de 2014

Elite intelectual porfiada y gobierno testarudo

Por Mauricio Morales

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Mauricio Morales

Publicado el miércoles 10 de septiembre por La Tercera

Fueron dos golpes en el mentón para el gobierno. Las encuestas CEP y Adimark mostraron, entre otras cosas, que la distancia entre gobierno y ciudadanos sigue aumentando. Ni la Presidenta se salvó de la crítica. Sus apoyos siguen siendo superiores a los del gobierno, confirmando que su única protección, hasta ahora, son los atributos personales. El gabinete prácticamente se desplomó en popularidad. Sólo quedó en pie la ministra Rincón, que poco espacio ha tenido para desenvolverse, pero que resistió el embate ciudadano. Si en la CEP apareció como la ministra mejor evaluada del gabinete, Adimark la mostró como la líder más inmune a la crisis.

La Presidenta, según Adimark, perdió apoyo en dos grupos reconocidamente “Bacheletistas”: mujeres (ocho puntos menos que en julio) y segmentos pobres (siete puntos menos). Esto no deja de ser preocupante. Desde 2005 que las mujeres y los pobres son reductos leales con la mandataria. Incluso, en los peores momentos de la crisis económica durante su primer gobierno, la solidaridad de género y el apoyo popular fueron factores claves. Tanto así, que al momento de transferir su popularidad a Frei en las elecciones de 2009, los pobres se volcaron masivamente a su favor, no así los ricos ni los sectores medios.
Estos intelectuales alegaron que las jornadas de protestas y marcha estudiantil eran un claro síntoma de que el país había cambiado y que, ante ello, se necesitaban reformas estructurales. Algunos, increíblemente y casi al borde del paroxismo, anunciaron la caída del “modelo”.

Con desprecio al sentido común de la ciudadanía, mayoritariamente moderada, la elite política entró en un proceso innecesario y absurdo de polarización. La “retroexcavadora” de Quintana es sólo ejemplo de ello. No hay que olvidar los dichos de la alcaldesa Tohá respecto a la toxicidad del pacto DC-PS, el mismo que contribuyó a la estabilidad del país y que la tiene como mandamás en la comuna de Santiago. Cuando todo indicaba que el proceso de reformas debía ser acompañado por una elite política madura, preparada y seria, emergieron agentes que enturbiaron el proceso. Ya sabemos lo que pasa en Chile cuando la polarización se transforma en la norma.

Hoy se culpa al gabinete. Para ser justos, éste no es responsable en absoluto. Acá hubo un diálogo explícito entre una elite intelectual enfervorizada por la protesta estudiantil y una elite de izquierda que interpretó exageradamente la demanda social. Algunos sostienen que el discurso o el “relato” del gobierno de Bachelet es similar al de Piñera en sus aspectos refundacionales. La verdad es que Piñera, como todo Presidente, ofreció un mejor Chile, pero nunca amenazó con cambiar el modelo. Nada tienen de parecido. Es cierto que Piñera gobernó aumentando irresponsablemente las expectativas sobre su gobierno, y que terminó frustrado por no haberse ganado el corazón de los chilenos. Bachelet, en cambio, sabe que cuenta con un profundo cariño ciudadano. El punto está en cuánto podrá persistir en un escenario de desaceleración. Arenas está lejos de ser Velasco. Bachelet debe buscar un nuevo socio en el gabinete.
La única forma de retomar el camino es volviendo al sentido común. La Presidenta debe reconocer que parte de su proyecto reformista está mal diseñado o, simplemente, es inviable. Por ahora sus esfuerzos deben concentrarse en sacar al país de la desaceleración, aumentar el empleo, controlar la inflación y enfrentar la delincuencia, que hasta ahora parece estar sin control. En lugar de escuchar a los intelectuales de salón, la Presidenta debiese insistir en lo que mejor hace: escuchar al ciudadano de a pie.

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