Columnas

24 de septiembre de 2018

“Estuvo vinculada al ideal liberal que supone un debate instruido”

Por Ana María Stuven

El concepto de opinión pública tiene una larga trayectoria, desde un uso vago, con diversas finalidades, en el discurso de fines del siglo XVIII hasta lo que hoy entendemos como un ámbito de diálogo y de análisis racional que utiliza especialmente los espacios de la publicidad moderna para reflexionar sobre la vida en común (J. Habermas). Su socialización se vincula con la crisis que desembocó en las independencias de América, con la libertad de imprenta y el concepto de esfera pública, este último utilizado para referirse a la cantidad de espacios públicos que proliferan a comienzos del siglo XIX (calle, plaza, café, imprenta, Congreso), así como con el ámbito de la comunicación y su circulación. A comienzos del siglo XIX permitía un abanico amplio de definiciones e interpretaciones, generalmente asociado al contenido vertido en proclamas, la prensa periódica, asambleas y congresos constituyentes y los espacios de sociabilidad mencionados más arriba. Se trataba también de un concepto que tenía un contenido de futuro asociado con el desarrollo de la educación. Camilo Henríquez, al inaugurar el Congreso de 1811, manifestó que los pueblos aún no tenían conciencia de sus derechos porque “no se los ha ilustrado ni se ha formado, por medio de la instrucción general, ‘la opinión pública'”

Respecto de su contenido democratizador, puede sostenerse la ecuación que a mayor desarrollo de la opinión pública, mayor democratización social. Algunos hitos en su desarrollo fueron el crecimiento fenomenal de la prensa después del asesinato de Portales y la mayor apertura política que inaugura el gobierno de Bulnes. Pero ese mismo gobierno dictó una ley restrictiva en 1846, incluso con penas de cárcel para quienes fueran condenados en juicios de imprenta. Otro momento importante fue el cambio de la conceptualización de abuso de imprenta y el castigo se asoció a una multa en dinero.

De alguna manera, limitar el espacio de expresión de la opinión pública y el intento de fijarla es respuesta a los peligros reales percibidos por la clase dirigente, respecto de la vigencia del orden deseado y la conveniencia de un debate público. En general, estuvo vinculada al ideal liberal que supone un debate instruido, el cual era conducido por la “ciudad letrada”, en un espacio limitado, informado por la ideología del progreso, para ir definiendo un tránsito necesario y protegido hacia la vigencia de los derechos que las diversas constituciones garantizaban.

Hoy en día la libertad de expresión y opinión es considerada un derecho humano inherente a la constitución de un estado democrático, lo que, al menos teóricamente, amplía la esfera pública y el espacio de la opinión pública.

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