Columnas

2 de junio de 2015

Guerra declarada en el PS

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Camilo Escalona ha dicho tres cosas reveladoras. Primero, que la Asamblea Constituyente era lo más parecido a fumar opio. Afortunadamente para él, ese camino ya está descartado al menos en este Gobierno, y por tanto Escalona tiene buenas razones para celebrar. Su problema es que a nivel interno recibió una contundente paliza por parte de Isabel Allende. Segundo, acusó a la Fundación Chile 21 de haber financiado sistemáticamente la campaña de Marco Enríquez-Ominami en 2009, contribuyendo al quiebre de la coalición y a la derrota presidencial de ese año. En tercer lugar, ha criticado a la presidenta de su partido por defender el sistema de precampaña utilizado en la candidatura de Bachelet.

Escalona ha señalado que ese tipo de actividades asociadas a la elaboración programática, puede confundirse con la recaudación irregular de fondos. Para ser justos, todos los candidatos debiesen reconocer que hacen precampaña no sólo para armar equipos, sino que también para recaudar dinero. En 2013, por ejemplo, Escalona declaró un gasto superior a los 289 millones para la elección senatorial. El 63% de todos sus ingresos correspondieron a aportes reservados. Es difícil pensar que tal volumen de recursos haya sido recolectado sólo en el período de campaña.

La conducta de Escalona está fracturando al PS. Fuera de denunciar una verdadera máquina de apoyo a Enríquez-Ominami a través de SQM para las presidenciales 2009, está afirmando que la precampaña de Bachelet fue personalizada -probablemente irregular- y no institucionalizada en los partidos de la Nueva Mayoría. Con esto no hace más que seguir enterrando de cabeza a Peñailillo, y de paso horquillar a la presidenta de su partido. Escalona no perdona lo que a su juicio fue un intervencionismo del Gobierno en la elección interna del PS.

Esta división del PS ha afectado la gestión de Bachelet. Parecen convivir dos almas del socialismo. Mientras Aleuy intenta imponer el orden tanto en la calle como en el gabinete político -ahora en mancuerna con Burgos-, el vocero Marcelo Díaz -personero particularmente cercano a Enrique Correa- va de tumbo en tumbo. Cuesta encontrar en la historia reciente una vocería tan lenta, errática, dubitativa, falta de autoridad y desleal. Esto último no sólo por desconocer abiertamente la precampaña, sino que también por deslindar toda responsabilidad en Peñailillo, uno de los artífices de importantes reformas para Chile.

Adicionalmente, la vocería es de tal irrelevancia, que el ministro Insunza ha salido a desmentir a Díaz en más de una ocasión. Para Insunza las precampañas existen, mientras que para Díaz la historia recién comienza desde que Bachelet tocó suelo chileno en marzo de 2013. Insistiendo en la estrategia del “goteo,” Díaz se ha hecho parte de lo que más rechazan los ciudadanos: que se les trate como interdictos o incapaces de percibir la mentira. El “goteo” comenzó con el caso Caval, seguido del proceso constituyente, del que poco a poco nos hemos enterado, para finalizar con la precampaña.

En lugar de reconocer lo obvio, el vocero ha optado por esconder una verdad más que evidente. Cómo se debe extrañar a Elizalde en Palacio. Si bien su labor consistía en comunicar y no defender al gobierno, Díaz no cumple ninguna de las dos funciones. Es el candidato número uno a salir prontamente del gabinete en la cartera que tiene la mayor rotación. En promedio, los voceros duran 18 meses, mientras que el resto de los ministros dura poco más de 26 meses en el cargo.

La guerra está declarada. El próximo año será aún más crítico, pues el PS debe tomar la decisión histórica de seguir junto a la DC en un pacto para la elección de concejales, o simplemente fortalecer un polo de izquierda junto al PPD y al PC. La crisis del PS debe ser tomada con atención. En 2016 defenderá 269 concejales y 30 alcaldes que aproximadamente gobiernan al 10,5% de la población. Sería una muy mala noticia para la democracia chilena una división del PS, pero la historia nos ha enseñado que estas cosas pueden ocurrir.

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