Columnas

8 de enero de 2019

La cultura del pituto en Chile

Por Patricio Navia

Lo de Fernanda Bachelet hace sospechar que más que un error puntual, el gobierno de Piñera no logra entender lo negativo que resulta alimentar las sospechas de que el nepotismo y el amiguismo pesan más que los méritos en los nombramientos de altos cargos en la administración pública.

Si bien la cultura del amiguismo —pituto— es un mal endémico en la política chilena, el discurso de la igualdad de oportunidades y la meritocracia que sostiene las bases del capitalismo hace que la derecha pierda más credibilidad cuando un gobierno de ese sector utiliza las relaciones y contactos familiares para nombrar cargos que debieran ser sometidos a criterios meritocráticos de selección. Porque el capitalismo no funciona cuando la cancha no es pareja, la derecha debiera combatir con fuerza el amiguismo.

La renuncia de Fernanda Bachelet a la agregaduría comercial en la ciudad de Nueva York dejó en evidencia que el gobierno del Presidente Piñera cometió un profundo error ético al nombrarla en ese cargo. La principal razón por la que Fernanda Bachelet recibió ese nombramiento fue que ella era hija de un amigo personal de Piñera. No hubo concurso público para el nombramiento. Tampoco sirve decir que ella cumplía con los requisitos necesarios para ser nombrada a ese puesto. En tanto muchas otras personas que teniendo los mismos —o mejores credenciales— nunca tuvieron la posibilidad de aspirar a ese cargo, los méritos académicos de Fernanda Bachelet no fueron lo que explica su nombramiento.

Lamentablemente, este no es el primer escándalo asociado con las prácticas de amiguismo y nepotismo en el gobierno.

Bachelet poseía un recurso que la ponía en condición ventajosa respecto a otras personas con similares o mejores méritos profesionales. Al ser la hija de un amigo personal del Presidente Piñera, Fernanda Bachelet no compitió en una cancha pareja con otras personas que aspiraban a ese mismo cargo y que podrían haber tenido un mejor desempeño profesional en la agregaduría comercial de Nueva York.  Como la forma en que fue nombraba Fernanda Bachelet no fue pública, no sabremos quién intervino ante quiénes para lograr que ella fuera designada en el cargo en Nueva York. Tampoco sabemos si el Presidente Piñera estaba al tanto de ese nombramiento. Pero en la medida que ese cargo es de su exclusiva confianza, la responsabilidad de Piñera radica —al menos— en no dejarle en claro a sus subordinados que, en su gobierno, no se puede usar el pituto para los cargos de confianza.

Lamentablemente, este no es el primer escándalo asociado con las prácticas de amiguismo y nepotismo en el gobierno. A las pocas semanas de iniciado el gobierno, la decisión de Piñera de nombrar a su hermano Pablo Piñera como embajador en Argentina generó comprensible polémica y molestia. Porque la esposa del César no solo debe serlo, sino parecerlo, la decisión presidencial de no cuidar las formas terminó desatando un escándalo que obligó a Pablo Piñera a renunciar a la embajada incluso antes de asumir formalmente. Lo de Fernanda Bachelet hace sospechar que más que un error puntual, el gobierno de Piñera no logra entender lo negativo que resulta alimentar las sospechas de que el nepotismo y el amiguismo pesan más que los méritos en los nombramientos de altos cargos en la administración pública.

En campaña, el propio Piñera se comprometió a terminar con esas malas prácticas. El caso de Fernanda Bachelet representa el segundo escándalo de nepotismo/amiguismo que puede ser atribuido directamente al Presidente de la República en menos de un año de gestión.

De poco sirve decir que los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría también usaron y abusaron del nepotismo. Por cierto, la evidencia es concluyente respecto a que la centroizquierda usó al Estado como una máquina repartidora de cargos públicos. Desde el primer gobierno de la Concertación, la práctica de nombrar familiares y amigos en cargos de confianza fue ampliamente usada e incluso defendida por las autoridades y los lideres políticos del sector. Pero se suponía que el gobierno de Chile Vamos venía a enmendar esa situación. En campaña, el propio Piñera se comprometió a terminar con esas malas prácticas. El caso de Fernanda Bachelet representa el segundo escándalo de nepotismo/amiguismo que puede ser atribuido directamente al Presidente de la República en menos de un año de gestión.

Además de que mal de muchos es consuelo de tontos, resulta clave entender que la evidencia de pituto y amiguismo es mucho más dañina para un gobierno de derecha que defiende el modelo social de mercado y la meritocracia que para un gobierno de izquierda que cree que el capitalismo es solo un mal necesario o que aspira a superar el capitalismo. Porque el capitalismo y el libre mercado se sustenta sobre el principio de la libre competencia y la meritocracia, cuando los lazos familiares determinan el acceso que tendrán las personas a las oportunidades profesionales en el sector público y en el mercado laboral, la principal bandera de lucha de la derecha queda profundamente en entredicho y los críticos del modelo de libre mercado tienen evidencia y herramientas para decir que el modelo no funciona porque los que tienen amigos, familiares y conocidos en lugares de poder e influencia tienen una cancha dispareja a su favor. Porque el modelo funciona mejor para todos cuando no hay pituto, la derecha debiera luchar con más fuerza que la izquierda contra el amiguismo y el nepotismo. La estabilidad y viabilidad del modelo dependen de que la gente sepa que el éxito se basa en sus méritos y no en sus apellidos o quiénes son los amigos de sus padres.

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