Columnas

13 de noviembre de 2014

La “democracia directa” según Carolina Tohá

Hay varias formas de desprestigiar a las instituciones políticas. Según la última encuesta de la UDP, sólo el 4,4% de los encuestados confía en los partidos políticos, mientras que un 6,4% lo hace en el Congreso.

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Morales

Hay varias formas de desprestigiar a las instituciones políticas. Según la última encuesta de la UDP, sólo el 4,4% de los encuestados confía en los partidos políticos, mientras que un 6,4% lo hace en el Congreso. ¿Qué están haciendo mal los políticos? Casi todo. Pero hay algunos que quieren apagar el incendio con bencina. Por carencia absoluta de rigor y seriedad, creen que haciendo “consultas ciudadanas” se rompe el hielo entre las autoridades y los ciudadanos. A veces el remedio es peor que la enfermedad. Este tipo de prácticas –cuando se hacen mal–, en lugar de mejorar la calidad de la política, terminan deprimiéndola.

Desde el sábado 11 de octubre hasta el domingo 19, la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá llamó a una consulta ciudadana para usuarios y residentes de la comuna. El proceso se organizó con 70 puntos fijos de votación y 150 urnas móviles. ¿Había un padrón electoral?, ¿cómo certificaba la autoridad que una persona no votara dos o más veces? Hay que sumar a esto la posibilidad de votar online para algunas preguntas. ¿Existía un sistema que bloqueara a quienes ya habían votado presencialmente? Según el concejal F. Alesandri, el sistema no entregaba ninguna garantía. Si las propias autoridades municipales cuestionan el proceso, ¿qué tipo de democracia directa se está implementando? Lo grave es que algunas de las preguntas que se formularon en la consulta tendrían carácter resolutivo. Es decir, se aplicarían de manera inmediata afectando a todos los vecinos y usuarios de la comuna.

Hay otro error imperdonable en la consulta. Me refiero al tipo de preguntas. Sin entrar a discutir sobre la relevancia de ellas, el cuestionario incluye una pregunta sobre el cambio de nombre al Cerro Santa Lucía. Sólo se daba la posibilidad de mantener ese nombre o cambiarlo por Welén (sic). ¿Qué pasaba con ciudadanos que se inclinaban por otro nombre? No tenían más opción que inclinarse por Santa Lucía o Welén. Por tanto, había un serio problema de exhaustividad en las categorías de respuesta, pues no cubrían todas las alternativas posibles. Idéntica situación ocurre al preguntar por el cierre de las botillerías. En lugar de dejar abiertas otras posibilidades, la alcaldesa pregunta por mantener el horario de cierre actual o un horario que ella misma impone. ¿Es eso “democracia directa” o es un intento burdo de manipulación política? Otro ejemplo de falta de rigor es la pregunta sobre manejo de residuos. Se da la opción de instalar contenedores en las calles para depositar las bolsas de basura o que los vecinos depositen esas bolsas en la calle. ¿Qué sucede con alguien que está de acuerdo con que existan contenedores, pero que también se entregue la posibilidad de que las bolsas sean depositadas en las calles y que luego sean retiradas? Ambas opciones no son en absoluto incompatibles. Por tanto, la oferta de alternativas está muy mal planteada. ¡Las categorías no son excluyentes!

En Chile, y esto debiese saberlo la alcaldesa, existe un tremendo sesgo de clase en la participación electoral. Particularmente en la Región Metropolitana, vota más la gente de estratos altos que los más pobres. Igual cosa sucede con el acceso a Internet. Es muy probable que algunas personas hayan votado dos veces. La sola posibilidad de duplicar alguna preferencia, altera el producto final. La agregación de esas preferencias estará sesgada hacia quienes cuentan con mayores niveles de información y que, eventualmente, tienen más interés en la política. En consecuencia, estos seudomecanismos de democracia directa se transforman en una guillotina para la representación política de los ciudadanos. Esto es más grave si se toma en cuenta el fuerte antipartidismo (casi un 80% no se identifica con partidos en la última encuesta UDP), y la debilidad en los canales de representación de las instituciones formales. El caos es total si a esto se añade un cuestionario con preguntas mal formuladas y con opciones que no alcanzan los estándares mínimos de calidad en términos de exhaustividad y exclusividad. Insistir en lo que Tohá entiende como “democracia directa”, es aceptar un camino equivocado, carente de seriedad y organización mínima, invalidando los resultados y malgastando los recursos públicos. Peor aún si esto viene de alguien presuntamente familiarizado con la ciencia política, disciplina que tiene como fundamento el correcto diseño de las instituciones y la preocupación por la legitimidad de los resultados.

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