Columnas

15 de diciembre de 2016

La despedida de soltero de Asexma

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Por Encuesta UDP

logo-encuestaSi en el directorio de Asexma hubiese al menos una mujer, esta asociación gremial se habría evitado el bochornoso incidente de la muñeca inflable. Pero como en el consejo de administración de la Asociación de Exportadores solo hay cinco hombres que ejercen como directores titulares, más otros siete directores suplentes, también todos hombres, pues las cenas de esta asociación gremial terminaron convirtiéndose en despedidas de soltero donde abundan las bromas sexuales de grueso calibre.

Después de una crisis como esta, será difícil para Roberto Fantuzzi y Asexma recuperar la reputación perdida, y bien “tocados” quedan también Alejandro Guillier, José Miguel Insulza, Eduardo Bitrán y el ministro Luis Felipe Céspedes, quienes aparecen celebrando a carcajadas una payasada de pésimo gusto, porque eso es precisamente lo que pasa cuando solo hay hombres en el escenario y nos relajamos soltando comentarios soeces que no se reproducen con una mujer al frente.

Con este bochorno también queda nuevamente muy afectada la reputación empresarial. La crisis de legitimidad que sufren las compañías chilenas es muy preocupante, pues según la última encuesta de la Universidad Diego Portales, solo el 11% de los chilenos confía mucho o bastante en las grandes empresas, cifra que llegaba al 28% hace cinco años. Solo los muy desprestigiados partidos políticos, tribunales de justicia y parlamentarios se ubican debajo de las grandes firmas en materia de desconfianza.

¿Qué consecuencias puede tener esta pérdida de reputación empresarial? Para empezar, que la gente está exigiendo más regulaciones para controlar las compañías privadas. Según la última encuesta del CEP, la mayoría de los chilenos está a favor de imponer más regulaciones a las empresas, participación que llega hasta el 77% cuando se trata de proteger el medio ambiente. A eso hay que agregar que la mayoría de los chilenos piensa que las empresas no actúan éticamente: el 89% cree que ellas cumplen la ley solo “a veces” o “casi nunca”, y el 54% opina que los empresarios tratan de evitar el pago de impuestos “casi siempre” o “a menudo”. Con esas cifras resulta hasta lógico que cualquier candidato se luzca pegándole en público a los empresarios, más aun si se recuerdan la colusión de las farmacias y los pollos, la financiación ilegal de la política y el cohecho de subsecretarios y parlamentarios, el desprecio hacia los vecinos por parte de firmas concesionarias como Costanera Norte tras la inundación de Providencia o la participación del Banco de Chile en el caso Caval.

¿Qué podrían hacer las empresas para combatir ese desprestigio? Pues, en primer lugar, incorporar más mujeres a la toma de decisiones. Varios investigadores del campo de la gestión empresarial han demostrado que las mujeres ejercen un liderazgo más democrático y participativo que los hombres, que suelen ser más verticalistas y autoritarios. Y eso es justamente lo que necesitan las empresas chilenas para salir de la crisis de confianza que las afecta: más empatía con el entorno y más comunicación con la comunidad. Menos arrogancia y más atención a las necesidades de los clientes y vecinos. Más responsabilidad y trabajo social, y menos prioridad exclusiva en las utilidades y el lucro, por muy necesarios que estos sean para la subsistencia de largo plazo de la corporación. Más preocupación por el bienestar de los colaboradores y empleados, y menos jerarquía. Más conversación y menos órdenes. Más oreja y menos boca. Elocuente ha sido, en ese sentido, el ejemplo de Islandia, país que se ha convertido en un caso de estudio gracias a que salió de su crisis financiera gracias a una fuerte inyección de liderazgo femenino en todos los niveles, un liderazgo más ético y  participativo que el anterior, que destruyó la economía del país.

Insisto: estoy seguro de que si en el directorio de Asexma hubiese mujeres con voz y y voto, Roberto Fantuzzi y sus compinches masculinos no habrían hecho una broma que falta el respeto a todas las chilenas, pero como el criterio y el sentido común femenino no existen en el 90% de los directorios de nuestro país, este liderazgo corporativo tan masculino termina sufriendo crisis como la de Asexma. Y después del escándalo todos se preguntan: ¿Pero cómo nadie con dos dedos de frente pudo prevenir esto que nos está pasando?

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