Columnas

17 de octubre de 2016

La dupla GG

Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

La historia se repite. Si en 2009 el PDC y la izquierda se unían tras la candidatura de Frei y, al mismo tiempo, ninguneaban la postulación de ME-O, en 2016 sucede algo similar. Esta vez tanto desde el PDC como desde la izquierda se ha descalificado la postulación de Guillier, tratándolo de populista e, incluso, de demagogo. Dado que el PDC ya se está acostumbrando a ser una simple comparsa de los gobiernos de la Nueva Mayoría, no es extraño que interprete la tabla de posiciones de los liderazgos presidenciales de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo.

Tempranamente, algunos de sus dirigentes no sólo han renunciado a la posibilidad de levantar una candidatura presidencial del PDC, sino que, además, están totalmente jugados por Lagos, quien ocupa los últimos lugares del ranking según la encuesta Cadem y que, de acuerdo a la intención de voto, está lejos de ganar la presidencial de 2017.

¿Qué le pasa al PDC? ¿Por qué se muestra tan timorato frente a la izquierda? ¿Qué le debe el PDC al PS y al PPD? Al inicio de la nueva democracia, el PDC cedió amplio espacio a la izquierda. Por instrucción de Patricio Aylwin, el PDC debió omitirse en 16 de los 60 distritos en las elecciones de diputados de 1989. Pudiendo competir con una lista de 120 candidatos, el PDC privilegió los acuerdos, llevando sólo 45 candidatos.

Esta estrategia era razonable en un ambiente de fragilidad democrática, pero inexplicable en un período de consolidación del régimen. La cesión sistemática de poder a los partidos de izquierda terminó con un PDC debilitado y puesto al otro lado del mesón. En lugar de encabezar la coalición, se transformó en el socio mayoritario, pero en el menos influyente.

Hoy, las decisiones del PDC avanzan en idéntica dirección. Las encuestas son contundentes en mostrar que la fórmula GG (Goic/Guillier) es ampliamente superior a cualquier dupla que presenten el PS y el PPD. Goic y Guillier representan la renovación de la centroizquierda. No hay razón alguna para bloquear su emergencia o para colocar obstáculos en su desarrollo político. Es muy probable que Lagos no llegue hasta el final en su aventura presidencial. Una cosa es tener apoyo desde arriba y otra, muy distinta, es reproducir ese respaldo desde abajo. Lagos sabe que su tiempo pasó. Sólo algunos nostálgicos aún creen en su repunte. Lo más llamativo es que esos nostálgicos estén en el PDC, partido que presenció la forma en que Lagos dañó seriamente el liderazgo de Soledad Alvear en 2005, cuando aspiraba a ser candidata presidencial del pacto, y en 2013, cuando apoyó decididamente a Carlos Montes en la senatorial por Santiago Oriente.

La dupla GG, por tanto, debe imponerse desde abajo. Tanto Guillier como Goic están en lugares de avanzada. El problema para ambos es que no son bien vistos por la elite. Eso les genera temor. Lo que corre a favor de ambos es que esa antigua elite no tiene el mismo poder ni la misma popularidad que en décadas pasadas. Si en 2009 Escalona podía tratar tranquilamente a ME-O como “Marquito”, ahora el contexto no lo acompaña. Sus descalificaciones fortalecen a la fórmula GG en lugar de debilitarla.

Adicionalmente, la fórmula GG tiene como atributo un carácter moderado y de centro, y no un espíritu refundacional que tanto daño ha causado al actual gobierno. Tanto Goic como Guillier entienden que Chile necesita un gobierno de gestión y administración más que un gobierno que intente romper con las bases del modelo, poniendo en riesgo la estabilidad institucional que tanto ha costado conseguir.

Por último, ambos liderazgos podrían abrochar la alianza natural entre el PDC y el PRSD. Esto no implica romper con la Nueva Mayoría, pero sí dejar en claro que el país retomará el camino de la gradualidad. Para eso se necesita que ambos liderazgos pierdan el miedo y se impongan al bloqueo de esa elite que, por más que lo intente, es protagonista del pasado, pero antagonista del futuro.

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