Columnas

25 de enero de 2018

La emigración chilena y el segundo registro de chilenos en el exterior

Por Cristián Doña

Estudiar la emigración no es fácil, requiere del uso de múltiples herramientas estadísticas, metodológicas y demográficas. Así, la publicación reciente de los esperados resultados del 2º Registro de Chilenos en el Exterior debe ser bienvenida como una oportunidad de conocer algunas de las características del 5,6% de los chilenos que viven en el exterior. Los resultados entregados por el INE y el Ministerio de Relaciones Exteriores permiten comenzar a responder una serie de preguntas sobre la emigración chilena. Es necesario, como siempre, ser crítico de la forma en que se levantaron estos datos; al mismo tiempo que debemos preguntarnos sobre cuál debería ser la política del Estado chileno hacia sus comunidades en el exterior.

A diferencia del censo que se realiza en el país, el Registro utiliza dos fuentes de datos principales. Por una parte es una encuesta que se realizó vía electrónica o en persona por medio de los consulados en el exterior. Por otra, utiliza censos y otros datos demográficos de los países de residencia para complementar la información sobre los emigrados. Este registro usa así la misma metodología que uso en primer registro realizado entre 2003 y 2004. Obviamente el argumento es hacer que los datos de ambos sean comparativos. Sin embargo esto no es así. Entre otras razones, no son comparables porque el primer registro se realizó en alrededor de 100 países, mientras que el segundo se hizo en cerca de 130 países. Una segunda razón es que las fuentes censales y administrativas que se utilizaron difieren significativamente en tiempo. Se usan, por ejemplo, el censo colombiano de 2005, la encuesta de hogares de EE.UU. de 2010, y una fuente administrativa de Suecia de 2017. Finalmente es importante notar que el el primer registro participaron más de 200 mil personas, mientras que en el segundo fueron cerca de 60 mil.

Pese a estos problemas, que deberían mejorarse en nuevas ediciones del registro, los resultado permiten sacar una serie de conclusiones importantes tanto para conocer a los emigrantes chilenos, como para pensar en políticas públicas para esta población. La primera conclusión es que Chile, pese a que aun hay más chilenos fuera de Chile que extranjeros en el país, nos hemos convertido por el momento en un país de inmigrantes. Si bien las proyecciones del Celade ya indicaban una migración neta positiva para el país, los datos del registro indican que desde principios de siglo años han ingresado el triple de extranjeros que los chilenos que han salido. Esto nos lleva a la segunda conclusión, la población emigrada chilena está mucho más envejecida que la población de los países receptores y que la población chilena. Este es un punto clave en las políticas públicas hacia los chilenos en el exterior. El estado chileno debe rápidamente darse cuenta que este es un grupo de ciudadanos que no puede dejar de lado. Una tercera conclusión, es la permanente centralidad del exilio; fuente de la mayoría de la decisiones emigratorias. El estado debe pensar como conectar a esta población que dejo Chile en momentos sumamente traumáticos y que no está presente en la historia del país. Una última conclusión es que si sólo observamos los últimos 15 años, es Europa y no América Latina el destino preferente de la emigración chilena, una migración que a su vez es altamente calificada.¿Qué nos dice esto de la retención de “cerebros” en Chile? ¿Qué efectos ha tenido, por ejemplo, las becas de postgrado en esta emigración?

Los datos del segundo registro, con todos sus problemas y consideraciones abren múltiples interrogantes sobre como debe relacionarse Chile con sus emigrados. La más importante de estas tiene que ver con otra discusión que se debiera dar en el próximo gobierno; la política y ley migratoria chilena. Si bien el tema ha estado presente en los programas de los últimos gobiernos, la presencia de la emigración en los proyectos de ley sobre migraciones de Piñera 2013 y de Bachelet 2017 es totalmente irrelevante. Ojalá que en la próxima iteración de un proyecto de ley sobre migraciones este tema ocupe la relevancia que se merezca.

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