La fronda desatada

Publicado por Claudio Fuentes el Lunes, 27 de enero de 2014 en Columnas.


 

 

 

 

 

Claudio Fuentes S.

Publicada el 2 de enero de 2014 en La Tercera

El actual estado de las cosas en la derecha política nos recuerda la aguda caracterización que Alberto Edwards hiciera de la elite gobernante nacional que fundó nuestra república. Edwards define a esta elite como una fronda, esto es, una oligarquía que había luchado en forma constante en contra del poder absoluto de los presidentes. Un grupo que tiene un buen sentido práctico, que ama el trabajo y la economía, pero que, al mismo tiempo, “manifiesta estrechez de criterio, ansias de poder y de dominación”.

Pelucones y pipiolos; más tarde ultramontanos, nacionales y liberales disputaban pacífica y violentamente espacios de poder. Edwards sostiene que el fermen frondista (de rebeldía respecto de la autoridad presidencial) está en su origen mixto burgués y feudal. La época de Diego Portales habría sido una excepción en este constante ímpetu de rebelión. Y es que, para Edwards, es propio de las aristrocracias ser frondistas, porque llevan en su sangre un particulas espíritu de superioridad jerárquica. No les inspiraba la pasión igualitaria de las burguesías europeas, ni tampoco aceptarían cargas tributarias que no estaban acostumbradas a pagar.

En las últimas semanas hemos visto reemerger con fuerza el espíritu frondista. Luego de la derrota presidencial se desató una aguda confrontación de liderazgos que no admite ni lealtad, ni prudencia, ni menos obediencia. La reacción esperada para ellos no es disputar espacios de poder dentro de una tienda política. La inclinación natural es crear nuevos movimientos. Aunque su ideario no es radicalmente distinto, las ansias de poder de los principales cabecillas les lleva a destruir las instituciones establecidas para crear otras distintas, más afines a sus ideales personales.

Pero, ¿por qué tardó tanto en llegar este momento?¿Por qué no se produjo un efecto frondista en los múltiples incidentes que ha tenido la derecha en las últimas dos décadas? ¿O por qué no se produjo un efecto similar en 2005 cuando fueron derrotados por Bachelet?

La explicación de corto plazo es la voluminosa derrota electoral de 2012 y de 2013. Pero la explicación de largo plazo se llama sistema binominal. Mientras exista un sistema de limita los puntos de entrada a nuevos competidores, es muy difícil que nuevas fuerzas emerjan en la escena política. Su única alternativa ha sido negociar cupos dentro del sistema. Quien es dueño de los cupos, es dueño de la diversidad.

Pues bien, el escenario político parece estar cambiando. Se avecina un acuerdo político que seguramente transformará el sistema binominal y lo reemplazará por uno más proporcional. Esto podría, eventualmente, abrir la competencia política y desatar fuertes incentivos de fragmentación al interior de la derecha. A una derecha ultramontana como es la UDI (defesora de los valores más conservadores de la sociedad chilena) y a una Renovación Nacional (heredera del Partido Nacional), se le sumaría una renovación liberal que retrotraerá el paisaje político de esta fronda al de fines del siglo XIX.

La fronda desatada no es para nada algo original en nuestro parroquial paisaje político.

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