Columnas

25 de marzo de 2015

La interna de la DC

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Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP.

La elección interna de la DC en 2013, entre Ignacio Walker y Aldo Cornejo, arrojó una participación cercana a los 23 mil 500 militantes. La primaria presidencial entre Ximena Rincón y Claudio Orrego convocó a casi 57 mil ciudadanos. En ambas existía cierto grado de incertidumbre respecto a la distancia entre el primero y el segundo. Esto no sucede con la elección interna que enfrentará la DC este domingo.

Todo indica que la lista oficialista encabezada por Jorge Pizarro ganará por amplio margen. A diferencia de la interna del PS, en la DC la elección causa escaso entusiasmo, y el gran desafío consiste en llevar a votar al mayor número de militantes posible. La tarea es difícil y sólo resta esperar que no se produzca ninguna clase de bochorno dada una eventual escuálida participación.

En el pasado, la elección interna de la DC era casi una primaria presidencial. Ser presidente del partido más grande daba ventaja a la hora de definir el candidato. Hoy la situación es muy distinta. Los años dorados de la DC no son más que un buen recuerdo. En 1992, por ejemplo, el partido llegó a gobernar a más de la mitad de los chilenos con sus 146 alcaldes. La DC obtenía un tercio de la votación y los identificados con el partido de acuerdo a las encuestas del CEP bordeaban el 35%. A eso hay que sumar una masa de concejales que casi llegaba a los 500, y una bancada de diputados que en 1993 era de 37. Si en 1992 la colectividad obtenía más de un millón 800 mil votos, en 2012 obtuvo poco más de 800 mil. A nivel de liderazgos, dentro de los 10 políticos mejor evaluados en las encuestas del CEP, la DC llegó a tener siete en la década de los ’90. Hoy sólo tiene uno: la ministra Rincón.

A pesar de este panorama, el partido que entrega Ignacio Walker está en mejores condiciones a como lo recibió. En la elección de diputados de 2009, la tienda política obtuvo poco más de 940 mil votos, mientras que en 2013 -y a pesar que el voto era voluntario- sobrepasó los 967 mil. Adicionalmente, aumentó su bancada de diputados de 19 a 21. En los comicios locales pasó algo similar. Si en 2008 los alcaldes de la colectividad gobernaban al 16% de los chilenos, en 2012 la cifra bordeó el 18%. En la elección de concejales 2012, en tanto, si bien se produjo una caída de 140 mil votos respecto a 2008, el porcentaje se mantuvo casi sin variación. Todo esto lleva a pensar en una buena evaluación para la gestión de Walker. Aunque su insistencia en los “matices” con el gobierno le costó más de un conflicto dentro de la DC, se negó a la sumisión frente a la izquierda. Cuando las marchas y protestas parecían dirigir los destinos del país, Walker puso la pausa y la mesura.

Las tareas para el próximo presidente del partido serán complejas. En primer lugar, deberá lidiar frente al cambio de gabinete que hará la Presidenta una vez que amaine la tormenta producida por los sucesivos escándalos. En segundo lugar, tendrá como tarea organizar las elecciones municipales de 2016, definiendo si la colectividad opta por una o dos listas de concejales. Si es lo segundo, habrá que determinar con qué partido armar el pacto. Está claro que a la DC le conviene la competencia en dos listas.

Al fracturar a la izquierda, el partido hace rendir más eficientemente sus votos, tanto así que si en 2012 hubiese competido en una sola lista, habría perdido cerca de 50 concejales. En tercer lugar, el próximo presidente del partido tendrá como tarea establecer el mecanismo de definición del candidato presidencial si es que emergen figuras relevantes. Por ahora, destacan la ministra Rincón (top ten en el CEP) y el propio Walker. Habrá que determinar si el mecanismo de selección del candidato es por aclamación o si se opta por las primarias. Sea como sea, la DC debe levantar una figura presidencial frente a la izquierda. De lo contrario, nuevamente será simple comparsa dentro del gobierno (si es que se gana la presidencial de 2017). Finalmente, el nuevo presidente debiese impulsar un congreso estratégico, restándole protagonismo a los congresos programáticos, que implican un desgaste innecesario y que poco efecto tienen en la ciudadanía.

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