Columnas

6 de julio de 2015

”La Presidenta está más sola que nunca y no se ve por dónde revertir ese proceso”

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone
Por Entrevista a Manuel Vicuña
Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

Manuel Vicuña, Decano de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

Para el decano de Historia de la UDP, Bachelet está pagando los costos de su forma de liderazgo.

Hoy el trabajo del historiador  Manuel Vicuña (45) depende de la amabilidad del escritor y editor Matías Rivas.

Como la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la U. Diego Portales, de la que es decano, está en toma, se quedó sin oficina. Por eso está ocupando la  del director de Publicaciones de la universidad, ubicada en  la señorial casa central de calle Ejército.

Es ahí donde Vicuña, uno de los principales cultores del ensayo en la academia -autor de ocho libros-, se sienta a repasar el momento que vive la Presidenta Michelle Bachelet, en medio de una crisis política  que no parece terminar.

Su juicio a su figura es lapidario.

-Se dice que la Presidenta está sola políticamente. ¿Está de acuerdo?

-De partida, cualquier cargo de autoridad implica una cuota de soledad. En el caso de la Presidenta al día de hoy eso se ha radicalizado, está más sola que nunca y no se ve por dónde pueda revertir ese proceso. Ella siempre ha sido  muy desconfiada, se ampara en un círculo cerrado y ese círculo se le desbarató con la salida de Rodrigo Peñailillo. Hoy está rodeada de ministros, como por ejemplo Jorge Burgos, con los cuales prácticamente no mantiene relación. No tiene gente en la cual confía y, a diferencia de presientes previos, nunca se ha esforzado por tener una relación fluida con los  partidos políticos.

-¿ Está pagando los costos de su forma de ejercer liderazgo?

-Totalmente, porque en el fondo al momento de los problemas no hay nadie que venga a socorrerla. Súmale que ella construyó  su liderazgo sobre la base de los afectos, de los atributos blandos y ahora que se produjo un cortocircuito con la ciudadanía y perdió esos atributos, también se quedó sola, no sólo con respecto a su gobierno, a los partidos, sino que también  al vínculo que mantenía con la mayoría de la ciudadanía.

-Desde su perspectiva, ¿Bachelet responde a cierta tradición en el ejercicio del poder presidencial?

-Creo que lo suyo es más bien nuevo. Es mujer y eso supone una relación distinta con la ciudadanía y también con los propios partidos, que son fundamentalmente un mundo masculino y no muy moderno en relaciones de género. Son famosas las reuniones de directivas de partido donde no convocan a las mujeres, aún cuando ejerzan algún cargo en esa directiva.

Es un liderazgo basado en el carisma, algo que no es del todo novedoso, pero sí muy raro. Uno puede pensar en un antecedente, salvando las diferencias: Arturo Alessandri en 1920, que establece ese vínculo carismático con sectores populares, prescindiendo de los partidos. Otra diferencia es que Bachelet se trata de una Presidenta que, en general, tiene una actitud más bien prescindente respecto del día a día del Gobierno, es la antítesis de Lagos o de Piñera, que manejaban en detalle la información de Gobierno.

Hablaba de la soledad del poder. Quizás sea una constante en el caso de los presidentes chilenos: uno puede pensar en Allende al momento de su suicidio y Pinochet la noche del plebiscito, absolutamente solos ante la historia.

-Uno puede pensar en Balmaceda también, aunque quizás no haya mucho punto de comparación. El caso de Allende es el más extremo, porque si bien contaba con el apoyo popular siempre su gobierno, de alguna u otra, fue boicoteado por su propio partido. Eso es totalmente distinto a lo de Pinochet, que, aún cuando se quedó solo esa noche, contaba con el apoyo irrestricto  de una parte importante de la ciudadanía. Su figura más bien es la del dictador que se siente traicionado.

-Usted estudió la Belle  Epoque chilena y uno de los presidentes de ese período, Pedro Montt, se apoyaba mucho en su mujer.¿La familia sirve como apoyo en momentos de crisis?

-En el caso del Presidente Montt, su mujer, Sara del Campo, era un  poder oculto en la sombra, era de cierta manera una operadora política a través del salón y de los vínculos sociales que establecía.

Respecto a Bachelet, yo en el ámbito también la veo muy sola. Me parece que el gran puntal ha sido su madre, quién además tiene olfato político. Pero después  de Caval las relaciones de confianza, el trato cotidiano con su hijo se debe haber visto debilitado.

La paranoia y la desconfianza

-Habla de cierto machismo. ¿A un Presidente hombre le harían estas críticas?

-Yo hablo de cierto machismo en las estructuras partidarias, pero no creo que uno tenga que recurrir constantemente al machismo para explicarse cualquier visión crítica a la Presidenta. Me parece que es un recurso que hay desestimar a estas alturas del baile.

-¿Ella tiene alguna oportunidad de cambiar esta situación?

-Lo veo difícil, está como ida en cierta manera. No ha logrado retomar la agenda, no ha logrado volver a ejercer una conducción política;  se la ve muy golpeada, muy sobrepasada por la situación. Tampoco le ha dado a su nuevo gabinete el                                       ‘voto de confianza’ para que ejerza con cierta autonomía la conducción política que ella no esta dispuesta a poner en práctica. Por eso uno ve ministros que parecen caminar siempre al borde de la cornisa, sin dar directrices claras,  siempre respondiendo a la agenda de cada día.

-¿Habrá cierta ‘psiquis presidencial’ que haga que un Jefe de Estado se sienta solo o traicionado constantemente?¿ La Presidenta se sentirá traicionada en estos momentos: su hijo, Peñailillo?

-Hay gente más proclive a la paranoia, pero no hay que atribuirlo al cargo en sí mismo. Difícil saber si se siente traicionada. Es muy difícil saber qué piensa sobre los problemas del país, más difícil saber es elucubrar qué pasa por su cabeza con respecto a este tipo de sentimientos.

-¿Usted sugiere entonces que la Presidenta es un poco paranoide?

-La República Democrática Alemana, donde se exilió, funcionaba sobre una estructura paranoide. Ahí los vínculos de confianza, incluso las relaciones afectivas, tenían un doble fondo: la persona a quién más tú estimas te podía estar traicionando con los servicios de seguridad.

Si uno piensa en cómo ella ejerce el poder y cómo intenta blindarse con un círculo de confianza, no digo que suponga paranoia, pero sí un principio de desconfianza más allá de lo habitual, incluso con las fuerzas políticas que la apoyan.

-Hoy algunos que  le piden a Bachelet  que ejerza un liderazgo fuerte ‘estilo Ricardo Lagos’, por ejemplo, pero muchos se olvidan de que cuando  él dejó la presidencia, en 2006, su estilo molestaba a muchos.

-Representan liderazgos disímiles. Bachelet marca un cambio de época, abría la posibilidad de un tipo de liderazgo más empático con la ciudadanía, que daba la impresión de un trato más horizontal y que prometía una renovación de la clase política.

En caso de que vuelva un liderazgo fuerte es más bien una respuesta a lo que ha ocurrido en este Gobierno. Por decirlo así: lo que pasa con Bachelet no es sólo que al día de hoy, dadas las circunstancias, empiece aparecer la añoranza de un liderazgo fuerte ‘tipo Lagos’, lo que ocurre es que ella no ha logrado poner en práctica el tipo de liderazgo que la ciudadanía esperaba de ella.

 

Ver entrevista en lasegunda.cl

En Portada

cerrar