Columnas

1 de marzo de 2017

“La redes sociales prometieron una democratización que hoy no existe”

Por Entrevista a Fernando García Naddaf
Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

“Las redes sociales son una ficción de participación”, reconoce el doctor en comunicación y exdirector del Magíster en Política y Gobierno UDP, Fernando García Naddaf, al evaluar el fenómeno digital y la coyuntura producida por la noticias falsas. El también analista político advierte que el ciudadano común y corriente está, en la práctica, invisibilizado y que son los líderes y grupos de interés de siempre los que controlan este mundo.

-¿La posverdad se instaló en el discurso social de Chile?

-Es una tendencia que se viene dando desde hace rato. Tiene que ver con la modificación del espacio público a raíz de la irrupción de lo digital, y particularmente de las redes sociales. Y esta irrupción hace que se fragmente el espacio público y hace que cada vez sea más difícil el establecimiento de grandes proyectos colectivos o de grandes ideas que aglutinen. Antes era más fácil. Hoy cada uno es capaz de hacer sus propias interpretaciones o su propia construcción de la realidad. Y eso hace que cualquier persona pueda tirar informaciones sin confirmación.

-¿Qué cambió?

-Antes la gente leía el diario, había más procesos cognitivos, habían relaciones, en cambio hoy se quedan en una especie de cáscara superficial donde nadie es capaz de ahondar en el tema y se van generando una serie de realidades. Lo que sí es un fenómeno nuevo y lo estamos viendo, es que muchas veces los grupos de poder -gobiernos, grupos de interés, movimientos sociales- puedan aprovecharse de esa situación y poner esas coyunturas a su favor. Yo no he visto a nadie que lo haya previsto. Se sabía que podía haber esta fragmentación, esta irrupción de múltiples verdades, pero lo que no se sabía o al menos nosotros no lo teníamos registrado, es que esto iba a tener una utilización política y que iba a ser puesta a favor de los líderes políticos tradicionales, de los movimientos sociales, de los partidos, del gobierno.

-¿Cuáles son los efectos de esta fragmentación?

-En términos de comunidad política los efectos son sumamente graves porque primero se minan las confianzas sociales, se minan los mínimos compartidos. Cuando tú minas esos mínimos compartidos lo que haces es no favorecer el establecimiento de visiones alternativas. Por tanto, hay mucha desconfianza. Al final es como lo que pasa con la abstención y la gente no participa en estos proyectos colectivos porque desconfía de los grandes proyectos. Y al restarse de eso, se termina favoreciendo a poder establecido. Y eso tiene un efecto político muy claro: se mina la idea republicana de la democracia que tiene que ver con que la razón pública es la que debiera gobernar nuestras visiones colectivas. Al minarse eso, se fortalece el poder establecido y esa no es la idea de la democracia, que es todo lo contrario, y que es cómo fortaleces a los que están más desfavorecidos, a los que no están protegidos por las leyes, etc. Entonces al final lo que venían prometiendo las redes sociales y la sociedad digital, de que íbamos a tener una sociedad más democrática, no se da porque están siendo captadas por estos grupos de interés tradicionales, por los partidos políticos, por líderes muy poderosos al estilo Trump.

-Se replica el poder tradicional.

-Se multiplica. Cuando salieron las redes sociales nos dijeron a todos que íbamos a tener una relación directa del ciudadano con los políticos y por lo tanto los ciudadanos iban a tener un mejor control de los políticos. Esto iba a hacer que las sociedades fueran más democráticas, y así surgieron movimientos sociales en Chile, en EE.UU., la “primavera árabe”, como que las redes sociales nos iban a dar un respiro de democracia. Pero estamos constatando que ocurre todo lo contrario y vemos que el ciudadano tiene muy poco poder dentro de las redes, casi no se ven, y son los grandes líderes los que usan las redes sociales y los medios las replican y así surge un diálogo entre medios de comunicación y actores sociales lo que hace que estas ideas se vuelvan mucho más grandes. Y el espacio público empieza a ser mucho más controlable por estas grandes figuras.

-¿La redes sociales son una ilusión de participación?

-Es claramente una ficción.

-Un estudio estableció que en redes sociales quienes tienen una mayor convicción de la importancia de la comunidad son los que menos votan. ¿Va en esa línea?.

-Totalmente. La redes sociales fragmentan. Cada facebook es distinto, cada uno cliquea lo que a cada persona le gusta y cada uno empieza a ver su propia realidad. La gente dice “Facebook es súper poderoso”, pero lo ve con los ojos de la televisión que emitía un contenido y había millones mirando. Pero ahora pueden haber millones usando facebook, pero son millones de contenidos distintos . Por lo tanto, el contenido no tiene el mismo poder relativo que el de la televisión, que sigue siendo más poderoso. En Facebook se suman miles de verdades pero cada uno ve lo que quiere ver y ahí está la base de las posverdades. Porque según lo que quieres ver, vas a ir recogiendo verdades que van a ir reafirmando tus puntos, pero no te preocupas de confirmarlas. La gente se va reafirmando en lo que quiere ver.

-¿Es un nuevo paradigma de cómo abordar la comunicación?

-Absolutamente. El problema es cómo nos defendemos, porque estamos obnubilados con el mundo digital que, al final también es una posverdad.

-¿Hay alguna forma de neutralización, de combatir esta posverdad digital?

-Una es a través de los mismos medios de comunicación tradicionales, que tienen un rol que jugar. Los medios han caído también en la trampa de la posverdad digital y vemos viralizaciones de hechos que no son verdad buscando audiencias, perdiendo su función social que es control y crítica del poder. Publicó algo Trump, pongámoslo, publicó algo equis, publiquémoslo porque es noticioso. Entonces la salida va por una reflexión de los medios de comunicación sobre su rol social. Y lo otro tiene que ver con la articulación de comunidad, o sea, que surja gente que se articule para ir definiendo qué es verdad y qué es mentira.

-¿Qué te parece esta ofensiva del Gobierno por tratar de frenar las informaciones falsas? ¿Antenta contra la libertad de información?

-Esto no debiera ser gatillo del Estado. Los medios de comunicación, desde La Aurora de Chile hasta ahora tienen la función de control y crítica del poder y eso es independiente del Estado. El tema es cómo empoderamos y volvemos a darle credibilidad a noticias establecidas por profesionales y no caer en el perrito de Youtube.

-¿Los periodistas son esenciales en este nuevo escenario?

-En las escuelas de Periodismo enseñan cómo hacer Periodismo digital, pero se les olvida que el rol del periodista es control y crítica, tiene una función social, una función política. Acá se quedan en lo que dijo tal o cual persona. Por ejemplo Piñera dijo en Twitter que “Trump eligió a Mickey Pence como vicepresidente. O sea, EEUU está gobernado por Donald y Mickey”. Lo replican, pero más allá de lo que dijo lo importante es el efecto que tiene lo que dijo. ¿Puede ser Presidente una persona que dijo eso? Entonces aquí hay que volver a recentrar el rol que tenía la prensa.

-Pero la posverdad tampoco es tan nueva ¿no?

-Estaban los rumores, los trascendidos porque ¿qué eran los trascendidos? Posverdades también. Hoy toman otra forma en Whatsapp, en Twitter o Facebook. Es un mundo imaginario en el que la gente quiere creer.

“Los medios han caído también en la trampa de la posverdad digital y vemos viralizaciones de hechos que no son verdad buscando audiencias, perdiendo su función social que es control y crítica del poder” “El ciudadano tiene muy poco poder dentro de las redes, casi no se ven, y son los grandes líderes los que las usan y los medios las replican. Y así el espacio público empieza a ser más controlable”.”

Leer en El Mercurio de Valparaíso

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