Columnas

30 de agosto de 2016

La representatividad política pende de un hilo

Por Claudio Fuentes
Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Desde 2012 –tras la irrupción del voto voluntario– la abstención electoral ha ido en aumento: un 60% en las municipales de ese año y, al siguiente, en la primera vuelta presidencial, un 50,6% del padrón no fue a votar. Luego, en la segunda votación, el triunfo de Michelle Bachelet estuvo marcado por un 58,2% de abstención. Los analistas coinciden en que hay una crisis de representación en el sistema político, lo que podría dejar a las autoridades actuando en “el vacío” ante la baja participación e interés de la ciudadanía en la política tradicional.

La semana antepasada la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) no solo arrojó como resultado la aprobación más baja de un Presidente en Chile desde la vuelta a la democracia, sino que también dejó entrever la apatía del electorado frente a las próximas elecciones municipales: apenas un 27% de los encuestados está seguro de que irá a votar en octubre. Para algunos expertos esta es la cifra más alarmante de la medición.

El resto se divide en un 24% que probablemente irá, un 16% que probablemente no, un 25% que con toda seguridad no votará y un 9% que no sabe o no contesta.

Los resultados de esta versión de la CEP contrastan con la encuesta de julio-agosto de 2012 –antes de la implementación del voto voluntario–, que mostraba un pronóstico mucho más alentador para las municipales. Ante esta misma pregunta, el 57% de los encuestados afirmaba estar seguro de que votaría en los comicios de fin de año, un 20% probablemente iría, un 7% probablemente no, un 11% con seguridad no iría y un 6% no sabía o no contestaba.

El voto voluntario y la abstención electoral

Hasta antes de 2012, el voto era obligatorio y los que no querían o no podían ir a las urnas debían pagar multa o presentar una justificación en Carabineros. Ese año la legislación cambió y entró en vigencia la ley que establecía la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario. Tuvo su debut en las últimas elecciones municipales.

El Mostrador consultó a distintos analistas para conocer su visión sobre la alta abstención electoral en los últimos años.

Al respecto, para el experto electoral y diputado de la bancada PPD, Pepe Auth, esto solo evidenció algo que ya venía ocurriendo: “Tras las inscripción automática, el padrón electoral incluyó a quienes no estaban antes en él, pero que continuaron no yendo a votar, como lo habían hecho hasta entonces”, dijo. En la misma línea, sugiere que es preciso mejorar las barreras que enfrentan los ciudadanos el día de las votaciones; ya sea el traslado, el tiempo, el lugar de votación, entre otros. Y aprovecha de entregar su propuesta: “Eso se mejora con el voto electrónico y puedes votar desde cualquier lugar en el que estés, independientemente de las circunstancias”, señaló.

Para Marco Moreno, decano de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Central, desde 2012 sí ha existido un quiebre importante: “Instalar el voto voluntario ha significado una tensión en lo que había sido la manera tradicional de hacer política, en donde tú tenías definidas las coaliciones, al votante… la ‘desbinominalización’ de la política –que se verá con mayor claridad en las próximas elecciones–, genera mayor incertidumbre”, indicó.

En las elecciones de alcaldes y concejales en 2012 los votos se redujeron en cerca de un millón y medio respecto de la última elección. En 2008, cuando existía el voto obligatorio, votaron 6,9 millones de personas y los que lo hicieron en 2012 fueron 5,5 millones de ciudadanos. La abstención respecto al padrón electoral –de 13,3 millones de habilitados a votar– se estimó para las municipales de ese año en un 60%.

Para el analista político Max Colodro “el gran cambio no está en las cifras en sí, sino que la abstención se instala como una posibilidad para el votante”. Pero Claudio Fuentes, director de la escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, sí cree que las cifras son decidoras. Sostiene que “en 2012, el 50% declaró que iría a votar en las municipales y al final concurrió solo el 40%. Esta vez solo lo hizo el 27% y es quizás la cifra más preocupante de la CEP y habla de una seria deslegitimación del sistema político”, explicó.

En la encuesta CEP de noviembre-diciembre de 2012 –posterior a las últimas elecciones municipales–, se les preguntó a los encuestados cuándo tomaron la decisión de abstenerse. El 61% tomó la decisión antes de que comenzara la campaña, 17% lo decidió durante la campaña, otro 17% el mismo día de las elecciones y un 6% no supo o no contestó. A esta toma de decisión Marco Moreno la llama la “volatilidad del voto”, es decir, que “los electores eligen por quién votar más cerca de la fecha, pero para ello será preciso tomar la decisión de ir a votar”, sostuvo.

“La política no me interesa”

Un año más tarde, en las elecciones presidenciales de 2013 la participación no repuntó: en la primera vuelta 6,6 millones de personas votaron –de un total de 13,5 millones–, lo que implicó una abstención de un 50,6%. Para la segunda votación acudieron 5,6 millones de personas, lo que dejó un 58,2% de abstención. En otras palabras, la Presidenta Bachelet fue electa con el 41,8% del padrón electoral. En la encuesta CEP de julio de 2014, el 39% de los encuestados indicó, como principal razón, que no fue a votar “porque la política no me interesa”.

Existe un consenso entre los analistas en cuanto a que los casos de financiamiento irregular, fraude al fisco, boletas falsas, jubilaciones millonarias, entre otros, han contribuido al descrédito de la política. Según Claudio Fuentes, es justamente “la suma de desconfianza, el bajo interés por votar y la baja autoidentificación en partidos e ideologías, un cóctel inusual para el Chile postransición. El tema es que los potenciales electores traducen su descontento o en la calle o en la rabia en redes o quedándose en la casa”, explicó.

Marco Moreno afirma que “la gente está participando de otras maneras, son ciudadanos intermitentes”, es decir, que ya no participan de la “política tradicional, ni militan ni van a votar”, pero participan de “manera intermitente” en causas o “asisten a marchas si se sienten motivados, por eso es a veces. También lo hacen a través de redes sociales, eso es un fenómeno”.

El abogado e investigador del Centro de Análisis e Investigación Política (CAIP), Renato Garín, asegura que la clase política “hoy está desnuda” y que actualmente la ciudadanía estaría en una disociación inédita con esta. Sin embargo, descarta una baja politización, ya que advierte “que al corto plazo seguirán las movilizaciones contra las AFP y que incluso en el largo plazo caerá el modelo chileno”. No obstante, acota que “lo que está en juego son los privilegios” que han tenido algunas autoridades hasta ahora, “que funcionan al margen de la ley y de la ética” y que no darían cuenta de las “fronteras entre lo público y lo privado”.

El sociólogo y analista político Alberto Mayol cree que la abstención fue, en un primer lugar, interpretada como despolitización de las personas, pero que más tarde ha sido vista como malestar, y señala que esa es la clave. “Muchos actores politizados consideran que la ruta electoral ha sido insuficiente y es un espacio inapropiado de juego político”, argumenta.

Sobre el mismo tema, Marco Moreno afirma que “la gente está participando de otras maneras, son ciudadanos intermitentes”, es decir, que ya no participan de la “política tradicional, ni militan ni van a votar”, pero participan de “manera intermitente” en causas o “asisten a marchas si se sienten motivados, por eso es a veces. También lo hacen a través de redes sociales, eso es un fenómeno”.

Legitimidad y validez del sistema político

Las bajas cifras arrojadas por la encuesta también ponen en la discusión –más allá de ser una tendencia– la legitimidad de obtener autoridades con un bajo porcentaje del padrón electoral. Pero el debate sobre qué es legitimidad está abierto.

Max Colodro, señala que “respecto a la legitimidad, no hay quien la defina”, refiriéndose a que no existen regulaciones al respecto y pareciera ser solo “una discusión académica”. Hace una diferenciación entre esta y la validez de las elecciones, que “se basan en los votos correctamente emitidos”. Moreno agrega que se está “vaciando la política” y que, por tanto, los representantes electos terminan ejerciendo poder sobre “el vacío”. Auth, en cambio, sentencia que la “legitimidad está dada por el convocar a la votación” y posteriormente asumir el cargo. Agrega que, si la legitimidad estuviese dada por el porcentaje de votos, “entonces ningún presidente de EE.UU. lo sería”.

Alberto Mayol va un poco más allá y cree que es el sistema político el que está deslegitimado: “Los candidatos habitan un espacio sin legitimidad. Es una condición de época que se expresa además en lo electoral. En términos generales, ni los candidatos ni nadie en el sistema tiene legitimidad. De momento, no implica que puedan perder sus cargos, pero sí significa que será difícil ejercerlos”, sostiene. Fuentes precisa que “la oferta no convence o simplemente no es ni siquiera escuchada. Esto es crisis de representación”. Müller, en un tono más calmado, pone paños fríos a la encuesta y es claro al decir que “la CEP no anuncia una catástrofe”.

Municipales versus presidenciales

En relación con las 345 comunas que disputarán sus alcaldes y concejales a fines de octubre, los analistas Gonzalo Müller y Marco Moreno concuerdan en que las municipalidades serían “pequeños centros de poder” vistos por la ciudadanía con mayor cercanía y que “estarían en un escalafón distinto” al ser “más ejecutores”, dijeron, respectivamente. A esto se agrega que los municipios son un espacio en donde la política aún es bien evaluada, lo que se ve reflejado en esta versión de la CEP, en que un 52% de los encuestados se siente satisfecho o muy satisfecho con la gestión de su alcalde, mientras que un porcentaje menor –un 41%– respondió estar insatisfecho o muy insatisfecho con ello.

Por su parte, Müller destaca los matices existentes entre las comunas del país. Por ejemplo, en aquellas pequeñas, esas de diez mil electores, especula un 70% de participación, versus los grandes centros urbanos, como Valparaíso o Santiago, donde afirma que la participación electoral sería menor a un 30%. Asegura que en las pequeñas localidades los municipios “arrastran a sus redes y por eso se producen mayores niveles de participación”. Müller también dice que la gestión de los alcaldes es considerada como una autoridad menos política, más ejecutora y con quien tienen mayor interacción.

Mayol, en tanto, apuesta a que quienes irán a votar constituirán un poco más del 35%. “Lo cierto es que la pendiente es clara: siempre aumenta la abstención. Y no se ven condiciones de rebote. Por tanto, mi impresión es que –en el escenario actual– la abstención debiera aumentar, muy por sobre lo que dicen las encuestas, pues en ellas mucha gente dice que podría votar y no lo hace”, explicó.

Por otro lado, Marco Moreno descarta que estas elecciones sean vinculantes con la política nacional: “Las municipales son elecciones en que se evalúa al alcalde. No estoy tan convencido de la ‘presidencialización’ de las municipales, no hay tantas relaciones”. Cree que comparar los votos de concejales con los presidenciales es una falsa analogía, “un poco de trampa” incluso, ya que son realidades diferentes. Finalmente, agrega que “lo que veremos en las próximas elecciones, de mantenerse la tendencia actual de vaciamiento de la política, será una forma de comportamiento electoral más contingente y un tipo de votante cuyas opciones parecen cada vez más funcionales a lógicas pragmáticas y despolitizadas”.

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