Columnas

12 de marzo de 2015

La UDI está enferma

Por Mauricio Morales

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Mauricio Morales

Silva no aguantó más. Aunque siempre dijo que el partido tomaría medidas disciplinarias sólo cuando hubiese un pronunciamiento de la justicia, murió en el intento. Su renuncia descomprimirá el ambiente dentro del partido (en la medida de lo posible), pero pone en jaque la fuerza política de su coalición y, adicionalmente, cede ante las presiones de RN. Su renuncia se produce en el peor escenario para la UDI desde su fundación.

En primer lugar, la agenda valórica del partido está en retroceso. Los chilenos han aumentado su apoyo a políticas de aborto, eutanasia y matrimonio homosexual. Adicionalmente, los congresistas del partido -de acuerdo a una encuesta aplicada por el Observatorio Político-Electoral a todos los diputados y senadores- son extraordinariamente polarizados en el eje izquierda-derecha y en el eje liberal-conservador. En segundo lugar, la UDI competirá en las próximas elecciones legislativas bajo reglas distintas. Es decir, sin binominal.

Dado que este sistema la ha favorecido por sobre RN, es posible que su representación vuelva a disminuir. En 2013, y con sólo el 19% de los votos, adquirió 29 escaños, que equivalen al 24% de la representación. RN, en cambio, con el 15% de los votos, cosechó el 16% de los escaños. Por tanto, la UDI quedó sobre-representada en más de cinco puntos.

En tercer lugar, las próximas elecciones tendrán -si todo sale bien- un sistema de financiamiento distinto, con predominio de dineros públicos y con fuerte bloqueo para los recursos privados. La UDI gastó 77 millones de pesos en promedio por cada candidato a diputado en 2013. RN, en cambio, gastó alrededor de 47 millones. La diferencia es evidente, y eso que está calculada con los datos oficiales reportados por los partidos, que ya sabemos, se encuentran subestimados.

Por último, la UDI enfrenta un ambiente ciudadano que condena las malas prácticas y que se ha dado cuenta que los apellidos vinosos también pueden llegar a la cárcel. El repudio social se está haciendo evidente. La colusión de las farmacias, pollos y buses -entre otras cosas- están colmando la paciencia. Si a esto sumamos la emergente “crisis del agua”, la situación no pinta bien para los poderosos. Con el caso Penta, la justicia ha dado un paso muy importante, mostrando que de vez en cuando la igualdad ante la ley sí es posible.

En las elecciones de 2013 hubo una significativa correlación entre la caída de la participación electoral y el retroceso de la UDI. Todo indica que la disminución de la participación en las comunas urbano-populares de la Región Metropolitana perjudicó al gremialismo. En términos más sencillos, los antiguos votantes populares de la UDI no asistieron a las urnas. Eso da cuenta de la debilidad del vínculo entre el partido y sus votantes, el que ha sido celebrado desde la academia, pero que en realidad, era más frágil de lo que se creía. Hoy la UDI se encuentra atrincherada en las zonas más ricas de la capital y en 2016 deberá enfrentar una dura competencia municipal. Le toca defender 47 alcaldías y 423 concejales (sumando a sus independientes). Si en 2008 la UDI gobernada al 24% de la población, en 2012 retrocedió al 17%.

Se vienen tiempos duros para el gremialismo. La esperanza para ellos, eso sí, radica en que han superado situaciones difíciles. Desde el retorno a la democracia, no era sencillo definirse como cercano a la UDI. El caso Spiniak -por otro lado- dañó la imagen del partido, pero así y todo tuvo un fuerte empuje electoral. La mala noticia es que hasta ahora no asoma ningún liderazgo capaz de sacar al gremialismo de esta maraña política. En 1999 fue Lavín el salvador. Hoy se encuentra bajo sospecha por la arista SQM. La pregunta es una sola: Y ahora, ¿quién podrá defenderlos…o quién podrá financiarlos?

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