Columnas

5 de julio de 2016

La voz de los profesores

Por Entrevista a Claudio Fuentes
Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

Desde hace varias semanas, y como se ha hecho costumbre en los últimos años, los universitarios se están movilizando en tomas y paralización de clases. Este año han surgido como principales motivaciones el proyecto de reforma de la educación superior y temas internos de cada plantel. Además, como nunca antes se han sumado estudiantes de universidades privadas. Enfrentados autoridades y alumnos, una vez más se echa de menos la opinión de los profesores: ¿Qué piensan de esta nueva movilización? ¿Cómo la enfrentan? ¿Los cansa estar otra vez en lo mismo? Algunos son reacios a hablar y otros lo evitan para no entorpecer el diálogo con los alumnos. Pero acá un grupo de académicos toma la palabra y cuenta cómo es hacer clases (o no hacerlas) en tiempos de paro y de tomas.

“Esta situación nos genera gran incertidumbre” Silvana D’Ottone, Profesora de Lenguaje y escritura, U. Santo Tomás.

“Esta es la primera toma de la universidad. Para entenderla hay que revisar el petitorio interno de los estudiantes, que están peleando, entre otras cosas, por congelar el valor del arancel, el no cobro de las multas por días de atraso en su pago y por el hacinamiento e infraestructura de las facultades de la universidad. Otro punto es la acreditación, pero no creo que la universidad no esté preocupada por ese punto, trabaja en lograr eso. Sin embargo, mi preocupación es que, aunque los alumnos tienen razón en algunos puntos, quienes se manifiestan son una minoría. En la última votación, la toma se aprobó por un poco más de mil votos a favor, de un universo total de más de siete mil. Eso te dice que en las votaciones no participa todo el alumnado y al parecer no se ha vuelto a llamar a votaciones o asambleas, según lo que manifiestan los mismos estudiantes en la página de la federación de estudiantes de la universidad.

No me parece que tomar la universidad sea el camino adecuado y creo que sólo genera incertidumbre en el alumnado y los docentes, además de molestia en las autoridades. Lo que me incomoda de estas movilizaciones, y no puedo generalizar en este punto, es que muchos se limitan a cumplir. Si bien puedo dar fe de que hay estudiantes muy comprometidos con su educación y que varios también deben trabajar para pagarse los estudios, también veo que cada año crece el número de alumnos que no se esfuerza por conseguir sus metas y que muestra apatía frente a la carrera que ellos mismos eligieron. En cuanto a los docentes, puesto que al menos en mi área trabajamos la mayoría con contratos a plazo fijo (fines de julio), esta situación nos genera gran incertidumbre respecto a nuestro futuro laboral. Ya sea que estemos a favor o en contra de las demandas de los alumnos, es evidente que esta situación nos perjudica bastante.

Si se hubiesen retomado las clases el martes, se habría podido recuperar todo aceleradamente durante las vacaciones de invierno y terminar el semestre, pero ahora vemos que todo podría seguir hasta agosto. Entiendo su molestia, pero la toma nos perjudica a todos. Y mientras más pasan los días, más firme se pone la universidad que ya aclaró que mientras no se depongan las tomas, no entrarán en diálogo”.

“A la tercera semana realmente resientes el costo que tiene la toma” Claudio Fuentes, director de la escuela de Ciencia Política de la UDP.

Son las nueve de la mañana en el café Tavelli de Manuel Montt y Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, ocupa una mesa con su laptop, un café con leche y unas tostadas con palta. Es su tercera toma desde que está en esa universidad y ya conoce la dinámica: “El día de la toma uno trata de rescatar la mayor cantidad de archivos que tenga en la oficina, aunque ahora con Dropbox es más simple. Ahora usualmente trabajo en mi casa o en un café y voy a reuniones esporádicas para hacer la coordinación con los demás profesores. Nos juntamos en la Casa Central porque todo el resto está tomado”, dice Fuentes.

El académico cuenta que, a diferencia de años anteriores, la toma este año fue distinta porque se produjo antes de las pruebas semestrales, dificultando el cierre de notas. Además, dice que ha entorpecido las postulaciones a fondos de investigación porque hay libros y bases de datos de revistas que los académicos sólo pueden revisar dentro de la universidad. “A la tercera semana realmente recientes el costo que tiene la toma en términos personales, por la operatividad de encontrar materiales, bibliografías, etcétera. La postulación para postdoctorados ya está abierta, por ejemplo”.

Fuentes siente que este año los estudiantes están más radicalizados y menos abiertos al diálogo. “Salvo algunos, hay una desconexión entre el discurso de la reforma y el debate práctico sobre sus implicancias”, explica el académico, y agrega que el petitorio de los estudiantes de la UDP se basa en las demandas de la Confech, las que, cree, poco tienen que ver con la realidad de universidades como la suya. “Hoy la agenda es democratización de la universidad, fin a la subcontratación y mantenerse en la gratuidad. Sin embargo, no se analiza la economía política de la universidad o el costo de mantenerse en la gratuidad. Ellos están llevados por una retórica que es muy legítima, pero que no es capaz de bajar al impacto real que tiene en los estudiantes la reforma hoy en las universidades privadas”, critica Fuentes.

“El movimiento estudiantil me parece necesario e importante” Rodrigo Cepeda, profesor de Cine, U. de Valparaíso.

“Llevamos cinco semanas en paro y estamos acostumbrados a vivirlos. Hace 13 años que hago clases y he presenciado el movimiento estudiantil desde sus comienzos y en distintas etapas. Ha sido difícil, pero entiendo y comprendo la importancia de que la ciudadanía y los estudiantes se muevan para presionar.

En la Escuela de Cine compartimos bastante la motivación de que los estudiantes estén en paro. Todos los profesores tenemos una mirada similar y simpatizamos con la idea de fondo. Entendemos y asumimos que hay que vivir estas complejidades que afectan a ambas partes.

Creemos plenamente en la educación gratuita, pero también ha sido un tema complejo porque tenemos que recalendarizar el semestre, lo que implica moverse cuatro semanas y conlleva terminar las clases en agosto o septiembre y luego en enero o marzo del próximo año. También tenemos profesores a honorarios que no trabajan en estas semanas y luego vuelven a clases en otra etapa. Hay académicos que filmarán sus películas en agosto y sus rodajes están programados hace mucho tiempo, por lo que será difícil recalendarizar sus rodajes y clases.

Algunos estudiantes me han dicho que desean tener clases porque no quieren extenderse hasta enero. Nuestra idea no es atropellar al movimiento, al contrario, buscamos que todo se solucione. Hace unos días hubo votaciones y se llegó a un empate. Se volvió a votar y ganó el paro. Cabe destacar que existe un número importante de estudiantes que se van para la casa y no participan. Eso es más complejo, porque dejan a un pequeño grupo asumiendo todo el costo y la responsabilidad. En general, el movimiento estudiantil me parece necesario e importante. Ellos han puesto toda la fuerza, energía y trabajo durante muchos años para que todo llegue a buen puerto. La educación en Chile debería ser gratuita y de calidad. Lo que ha hecho el Gobierno ha sido importante pero siempre es insuficiente”.

“Hay cuestiones que compartimos con los estudiantes” Mauricio Arteaga, Decano de la facultad de Ciencias Sociales de la U.  Alberto Hurtado.

Por estos días, Mauricio Arteaga es un privilegiado entre los académicos de la Universidad Alberto Hurtado: su oficina, la decanatura de la Facultad de Ciencias Sociales en calle Cienfuegos, es una de las pocas dependencias de esta casa de estudios que no está tomada. “Acá acogemos a todos los profesores de las otras unidades académicas de la facultad y de la universidad que nos quepan. Tratamos de ocupar los lugares disponibles y ofrecerles a los colegas que tienen sus lugares de trabajo ocupados un espacio para que puedan seguir desarrollando su trabajo”, explica el decano de la Facultad de Ciencias Sociales.

La toma en esta universidad se ha prolongado por casi tres semanas, y es la más larga que han experimentado. Arteaga dice que esto ha generado contratiempos en otras actividades paralelas de la institución, como las tareas en investigación, consultorías, las clínicas jurídicas o los consultores de atención de salud mental. “En general, las actividades de postgrado y educación continua las hacemos en espacios externos a la universidad que hemos ido arrendando. Son salas del sector en establecimientos educacionales secundarios, institutos profesionales y preuniversitarios en horarios vespertinos”, dice Arteaga.

En relación a las demandas, el decano dice que “hay cuestiones que compartimos con los estudiantes: que el sistema de educación superior requiere transformaciones, que las acciones en pos de la gratuidad y la regulación del giro comercial son temas importantes y sobre todo que tener un sistema de aseguramiento de la calidad es urgente”. Agrega que en ese sentido los estudiantes no tienen mucho que reprocharle a la universidad, la que ha sido un actor activo en el debate nacional. Sin embargo, recalca que “no podemos garantizar que la ley contenga nuestras opiniones. El exigirnos que posiciones, que han sido públicas de la universidad, también estén reflejadas en la ley es un poco sobredimensionado”.

 

“Cuando le quitas el derecho de estudiar a otros, no corresponde” Bárbara Fuentes , profesora y directora de la facultad de Periodismo, U. Adolfo Ibáñez

El jueves 16 de junio, los estudiantes de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) se sumaron a las movilizaciones del movimiento estudiantil con un paro reflexivo. La convocatoria comenzó a las 10 de la mañana en el auditorio del establecimiento y durante tres horas se realizó una charla informativa donde asistieron diversas federaciones de estudiantes. Una de las particularidades que tuvo la jornada fue que los propios alumnos podían decidir si sumarse al paro o asistir a clases.

Bárbara Fuentes, docente y directora de la Escuela de Periodismo de la UAI, cree que fue una jornada positiva. “Los integrantes de la FECH y los propios alumnos de acá se dieron cuenta de que la comunidad universitaria está abierta a dialogar y debatir. Incluso una invitada de la FECH comentó en el auditorio, en donde estaban reunidos, ‘qué republicanos son aquí’ al ver que se aplaudían distintas posturas”.

Asegura que las clases no se interrumpieron porque el centro de alumnos respetó el derecho de los que quisieron ir a clases y, a su vez, quienes apoyaron el paro pudieron hacerlo. “Eso me parece destacable. Demuestra que ambas posturas se pueden hacer”. Frente a las tomas del movimiento estudiantil señala: “Me parece que desde el momento en que le quitas a otros el derecho de estudiar o incluso limitas otros derechos, como el de la libre circulación, no corresponde. Los destrozos no merecen análisis. El punto es que estamos en un país libre y eso hay que respetarlo y cuidarlo. No se trata de estar contra las manifestaciones, pero no es necesario vulnerar los derechos de los que legítimamente quieren ir a clases”.

 

“La vida académica hoy no es sólo la docencia” Walter Imilan , profesor asistente del Instituto de la Vivienda, U. de Chile

Otro que ha vivido paros y tomas es Walter Imilan, profesor asistente del Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile, ubicado en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Casa de Bello. Este emplazamiento hace de su lugar de trabajo un sitio habitual de tomas en este período del año. Desde Berlín, donde fue a entrevistarse con un investigador, previo a una conferencia a la que irá en Madrid, explica que, en su caso, las tomas lo afectan en otra dimensión cada vez más relevante en la vida académica: la investigación.

De hecho, el académico cree que la nueva ley de educación superior apuntará a transformar las universidades en instituciones “complejas”, dándole mayor importancia a la elaboración de papers. “Eso significa que la universidad docente está en la obligación de investigar. El trabajo del académico tendrá una parte de enseñanza y otra muy importante de investigación”, opina Imilan. Para el investigador, los períodos de tomas complican este rol, ya que los equipos deben empezar a buscar otros sitios para reunirse, que en su caso han sido domicilios particulares, otras facultades de la universidad o cafés. Uno de los refugios habituales es el GAM, a pocas cuadras de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. “Es curioso: en tiempos de toma vas ahí y te encuentras a todos los colegas que tienen reuniones allá”, agrega. Para Imilan los estudiantes no conocen bien la importancia de la investigación hoy en las universidades. “Esa parte no la perciben con mucha claridad. Saben que los profesores investigan y que hay proyectos, pero como no está tan relacionado no hay mucho conocimiento ni comprensión”, concluye.

 

“La falta de continuidad afecta la formación de los estudiantes” Brenda López , académica del departamento de Literatura de la U. de Chile

Lleva diez años en la universidad, los mismos diez años que cumplió la “revolución de los pingüinos” que marcó el inicio de las movilizaciones de los secundarios y los universitarios. Hoy sus alumnos están en paro -salvo quienes realizan su tesina para egresar-, la universidad tiene un silencio de hospital y los académicos destinan tiempo a actividades de gestión académica e investigación, sus otras exigencias además de la docencia.

¿Cómo ve la situación de este año?

Es lamentable porque tener cursos tan descontinuados afecta el desarrollo del aprendizaje y la formación de los estudiantes.

¿De qué manera afecta en su formación?

No alcanzas a cubrir bien los contenidos programados. Pero, además, para asimilar contenidos, profundizarlos y reflexionar sobre lo que uno está estudiando se necesita continuidad y estar próximo a los temas. Por otra parte, es perjudicial para el desarrollo de destrezas y habilidades, lo que hoy llaman competencias, y eso se ve agravado porque la gran mayoría de los estudiantes está llegando a la universidad con muchas deficiencias.

¿Como cuáles?

Comprensión de lectura, capacidad de desarrollar ideas y de plantearlas adecuadamente por escrito, de argumentar y analizar. No están saliendo de los colegios con esas competencias en un nivel satisfactorio y me da la impresión de que tampoco desarrollan autonomía para estudiar, por eso los estudiantes de primero son los más afectados.

¿Qué reflexión tiene sobre el fondo de las movilizaciones?

Me parece muy lamentable que haya sido el movimiento estudiantil el que haya puesto este problema hace ya 10 años, y no los gobiernos, los parlamentarios o los políticos. El problema parte por ahí. Ese modo de operar se estableció: los estudiantes demandan una mejor educación mediante estos mecanismos que tienen un efecto supernegativo sobre la educación por la que están peleando. Entonces, por un lado, una entiende su reivindicación, pero no entiende a una sociedad que naturaliza ese modo de proceder porque el costo es gigantesco. Ya van 10 años y no veo a nadie haciéndose cargo.

Y los académicos, ¿tienen un rol activo?

Los académicos, al menos en la Universidad de Chile, sufrimos de una falta de organización que no nos permite plantearnos como estamento frente a temas relevantes como éste. Hay una responsabilidad de nuestra parte.

Nada dice que el próximo año no pueda ocurrir otra vez…

Exacto. La lógica dice que va a seguir pasando.

 

“De no ser por los estudiantes, esta cuestión central no se habría llegado a discutir en términos urgentes” Nicolás Cruz, académico de Licenciatura en Historia de la U. Católica

“El aspecto que considero más importante es que los estudiantes, a través de su movimiento, han impuesto un tema central de nuestra sociedad como es el del acceso no diferenciado a la educación. Tengo la impresión de que a no ser por ellos, esta cuestión central no se habría llegado a discutir en los términos urgentes con que se está haciendo hoy en día. Agrego mi impresión de que una característica de una sociedad moderna es que sus integrantes cuenten con la posibilidad de educarse en instituciones del Estado en las mejores y más actualizadas condiciones.

En el Instituto de Historia hubo un paro durante la primera quincena del mes de junio. Debido a esto, no hubo clases formales, pero se mantuvieron los contactos con los estudiantes y los trabajos de investigación continuaron desarrollándose sin contratiempos. Debe tenerse en cuenta que en la Universidad Católica conviven realidades diferentes, por lo que otras facultades e institutos no pararon.

Las relaciones con los estudiantes durante el período de junio se vieron disminuidas dado que el contacto mayor con ellos se da en el marco de las clases semanales y todos los trabajos que eso implica. Hoy los medios electrónicos permiten seguir en contacto y distribuir por esta vía conocimientos, conceptos y apoyo por medio de ayudantías en línea. Los estudiantes de historia realizaron varias actividades de reflexión durante el paro a las que fueron invitados todos los miembros de la comunidad.

Retomando el primer punto, percibo que este año el movimiento se ha acrecentado y  ha remarcado más su carácter nacional: quiero decir con esto que la relación entre las federaciones estudiantiles sigue fuerte y que ellos perciben su acción en un ámbito que no es sólo sectorial, sino que global”.

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