Columnas

3 de diciembre de 2014

Las comunicaciones del gobierno: un dilema no resuelto entre lo que se hace y lo que percibe el ciudadano de pie

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Cuando los gobiernos no son capaces de comunicar de manera clara a la ciudadanía lo que pretende hacer, se produce una confusión que provoca que haya críticas hacia la administración. Uno de los puntos que tiene que ver con esto es la mala estrategia comunicacional utilizada para enfrentar momentos críticos de los gobiernos.

Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Morales

El segundo gobierno de Michelle Bachelet no ha estado exento de polémicas, partiendo porque hay quienes no lo reconocen por la poca cantidad de personas que votaron en las elecciones presidenciales donde salió vencedora, pasando por las reformas que propuso para su programa de gobierno y llegando a la manera en cómo se comunican los cambios que se quieren implementar en el país. Sin embargo, todos los gobiernos que han existido en Chile debieron enfrentar en algún momento este mismo inconveniente.

Esto último es algo con lo que los gobernantes deben lidiar en todas partes del mundo y en todo ámbito e incluso la Presidenta ha reconocido que se han cometido errores en este sentido, si bien hay que destacar que los grandes medios de comunicación escritos están en manos de empresarios que marcan un línea más bien opositora.

Algo que los gobernantes deben reconocer también es el cambio que se ha producido en los medios de comunicación, que ya no son los mismos y que no tienen el peso de antes, que las redes sociales se han ido apoderando de la opinión pública y que mantener un buen conducto que permita relacionarse con la ciudadanía es imperante para ser más claros y evitar esas dudas que ponen en peligro el trabajo que se quiere realizar.

Pero esto no es algo tan global, sino que forma parte de la estrategia comunicacional que se utiliza en ciertos momentos, que pueden ser más críticos algunas veces y que necesitan de un trato especial. Es decir, a veces no hay concordancia entre lo que se comunica y la acción que toma el gobierno de turno al respecto. La información, más que tratar de solo expresar cuál es el deseo de un gobierno, debería tratar de estar más en sintonía entre acción y discurso.

Para los gobiernos lo importante no debe ser dar cuanta entrevista sea posible para explicar sus acciones ni salir a terreno para hacerlo, sino lograr esa mixtura entre discurso y acción política.

El mayor problema se genera cuando se cometen estos errores comunicacionales en medio de una situación en la que los gobiernos son cuestionados por distintos motivos, ya que esto sirve para avivar aún más el fuego contra quien se encuentra en al mando del país.

Respecto de esto, Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, en entrevista con Cambio21 comentó sobre estos problemas: “la comunicación política en un gobierno es condición necesaria, pero no suficiente para explicar el éxito de una administración, pero es particularmente crítica cuando ese gobierno quiere realizar reformas estructurales que deben ser comunicadas a la ciudadanía de manera clara, porque de lo contrario no sólo se activa la oposición, sino que se crea una confusión en los ciudadanos”.

“Para corregir este tipo de falencias, los ministros encargados de la reforma deben explicarla bien, el problema está cuando no existe la figura del traductor, quien explica sin ambigüedad las características y efectos de los proyectos. Esto es esencial para que la ciudadanía tenga claras las características de las reformas para opinar si está a favor o en contra”, expresó Morales.

En cuanto a si esto se debe a un problema de la estrategia comunicacional que se utiliza en momentos críticos, como la difusión de reformas, el experto de la UDP comentó “no lo es cuando las crisis se enfrentan de manera en que explican a las personas lo que se va a hacer. Cuando el relato es confuso, no genera acuerdos y los recursos públicos se utilizan para realizar una campaña comunicacional, pega que debieran realizar los ministros”.

Sobre la relación que debe haber entre discurso político y acción, Mauricio Morales dijo “es necesario que vayan de la mano, porque si no se crea una pésima comunicación” y agregó “el problema de la comunicación debe ser anticipado ante la magnitud de los cambios, ya que es esperable que se dé una situación de confusión en la ciudadanía y es el segundo piso y la Secom (Secretaría de Comunicaciones) quienes deben hacerse cargo de ello y anticiparse a estos problemas”.

El analista político Guillermo Holzmann, en conversación con Cambio21, expresó “yo creo que la estrategia comunicacional es una parte fundamental de lo que es la gestión gubernamental, particularmente en los niveles de presidencia, y en especial en una ciudadanía que es más exigente en términos de información y en donde el gobierno requiere buscar legitimidad, aprobación y adhesión de su programa. La estrategia comunicacional pasa a ser una cuestión central en lo que es la democracia en el día de hoy”.

Sobre si la poca relación que hay entre lo que se comunica y lo que se hace afecta a la comunicación, Holzmann mencionó “en la medida en que la agenda comunicacional se dedique solo a difundir lo que se está haciendo y no logra una sintonía con la ciudadanía con respecto a para qué se está haciendo, claramente se genera una distancia entre lo que es la imagen y la percepción y en definitiva es esto es lo que va definiendo la percepción de la sociedad y es ahí donde una parte de ello se refleja en las encuestas en términos e gestión de gobierno. Tiene que ver con la capacidad de los actores para generar una coordinación, un frente común y tener claridad frente a lo que se quiere lograr sin quedarse en los detalles de la coyuntura”.

Consultado sobre cuáles son los tipos de gobierno que se pueden ver más afectados por este problema comunicacional, Guillermo Holzmann dijo “en general los gobiernos que más se ven afectados son aquellos que han levantado más expectativas con respecto a su programa de gobierno y la ciudadanía quiere respuestas. Cuando esa respuesta se traduce en una confusión que es percibida por la ciudadanía, definitivamente no hay estrategia comunicacional capaz de resolver eso y claramente se ve más afectado y, por lo tanto, más criticado”.

Revisa la nota original en Cambio21

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