Columnas

21 de junio de 2016

Las primarias de la discordia

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Ha existido un amplio debate en torno a la participación electoral en las primarias del domingo recién pasado. Para algunos ha sido un total fracaso. Para otros, una simple reproducción de los apoyos electorales hacia ambas coaliciones tomando como universo su fuerza electoral en las comunas donde se realizaron las primarias. Trataré de contraponer ambas interpretaciones en función de los datos.

La primera interpretación es que la participación fue baja pues votó algo más del 5% de los habilitados. La Nueva Mayoría compitió en un padrón de 3.5 millones. En su primaria votaron alrededor de 181 mil personas, lo que representa el 5.2%. Chile Vamos, en tanto, compitió en comunas cuyo padrón sumó poco más de 1 millón 800 mil, consiguiendo una participación de 4.7%. Visto así, la participación habría sido extremadamente baja, evidenciando el fracaso del proceso.

La segunda interpretación- que es la que suscribo- estima que es incorrecto tomar como base todo el padrón electoral. Dado que son primarias internas de las coaliciones, la base de comparación debiese ser la fuerza electoral de las mismas en las comunas donde desarrollaron primarias. Para esto existen varias opciones. Una de ellas consiste en sumar la cantidad de votos que obtuvieron las coaliciones en esas comunas para la elección de alcaldes de 2012. La NM obtuvo más de 509 mil votos, mientras que Chile Vamos alrededor de 228 mil. Así, habría votado cerca del 37% de la base más dura de ambas coaliciones. Por tanto, el resultado no sería tan desfavorable. Otra forma de calcular es comparando el resultado de las primarias de la NM en 2012 y 2016. En 2012 la entonces Concertación compitió en 141 comunas que agrupaban a más de 3 millones 800 mil inscritos- aún no entraba en vigencia el voto voluntario- de un total de 8 millones 110 mil 265. Es decir, casi un 47%. En esas comunas votaron más de 313 mil personas que, en función del padrón, representaron algo así como el 8.2%. En octubre de ese año el padrón oficial- ahora con voto voluntario- sumó 6 millones 400 mil personas. Ahí los 313 mil votos de la NM equivalían al 4.9%.

Haciendo más precisa la comparación entre primarias 2012 y 2016 sucede lo siguiente. En las comunas con primarias en 2012 la NM obtuvo 1 millón 283 mil 548 votos en las elecciones de alcaldes de 2008. Por tanto, las 313 mil personas que movilizó en esa primaria equivalen al 24% de su fuerza electoral. Haciendo el mismo ejercicio con las primarias 2016, la NM movilizó al 36%. Naturalmente, son cifras bajas pero esperables en un proceso de primarias. Sin embargo, hay una diferencia central entre ambos procesos. En las primarias de 2012 la participación electoral en las comunas donde competía un incumbente casi duplicó la participación en comunas sin competencia de incumbentes. Dado que los alcaldes en ejercicio tenían mayor capacidad de movilización electoral, entonces no es extraño que la participación haya crecido sustancialmente en esas comunas. En 2016 no compitió un solo incumbente, lo que en parte explica el volumen de participación en las recientes primarias.

La respuesta automática frente a estos resultados está en la reposición del voto obligatorio. Junto a otros académicos fuimos férreos opositores a la instauración del voto voluntario debido a dos cosas. Primero, que generaría una caída de la participación. Segundo, que agudizaría el sesgo de clase. Es decir, que votarían más las comunas ricas que las comunas pobres, cuestión que ya se venía dando bajo el régimen electoral previo. Reponer el voto obligatorio hoy es una apuesta riesgosa. Difícilmente los desafectos o los rabiosos votarán por candidatos tradicionales o de partidos. Es muy probable que prefieran outsiders e, incluso, candidatos con estrategias populistas. No apaguemos el fuego con bencina.

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