Columnas

5 de marzo de 2018

“Llevar a Bachelet por tercera vez sería un suicidio político para la centroizquierda”

Por Entrevista a Claudio Fuentes

“Se hicieron importantes transformaciones”, afirma el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales (UDP), Claudio Fuentes, al analizar las luces y sombras de los cuatro años del segundo periodo de Michelle Bachelet.

– ¿Qué resalta?

– Primero, las reformas políticas; segundo, lo que tiene que ver con la matriz energética y la protección del medioambiente y, tercero, lo que tiene que ver con la reforma en la educación y haber establecido gratuidad, primero por decreto y luego por ley, y también la reforma a la educación primaria y secundaria. Es un campo con luces y sombras, pero es una transformación importante que pasó por el Congreso. Estos tres ámbitos son, a mi juicio, los más destacables.

– ¿Cuáles fueron las sombras?

– Donde menos se avanzó tiene que ver con la corrupción en las instituciones militares y policiacas. No hubo ningún cambio y es una cosa que está estallando en la cara. Aquí tenemos por un lado la corrupción policial, los escándalos del “Paco Gate” y el “Milico Gate” y no ha habido ninguna transformación institucional destinada a corregir estas cosas. Lo segundo tiene que ver con el conflicto en La Araucanía. Por una parte, la operación Huracán demostró que el gobierno termina con un conflicto declarado contra el Ministerio Público, sin culpables y sin una investigación adecuada y sin coordinación institucional del área de inteligencia, de la justicia y de las policías para resolver un tema que está pendiente en la agenda política de Chile, tanto del punto de vista de los derechos de los pueblos indígenas como la persecución a los culpables por estos hechos de violencia. Ésta es una gran área de déficit.

– ¿Debió el gobierno pedirle la renuncia a Villalobos?

– Eso responde a la misma dinámica y el gobierno no pudo encarar y establecer una autoridad política sobre la policía y que se traduce en que no se le pidió la renuncia y no hubo cambios institucionales.

– ¿Y el caso Caval? Tras eso la Presidenta se silenció.

– Si hay un tercer ámbito, efectivamente tiene que ver con la forma en cómo se procedió en el financiamiento de su propia campaña, todo el affaire con Martelli y asociados, Arena y Peñailillo, que luego salieron del gobierno, y producto de ello fue que salió la agenda de probidad y la comisión Engel. Efectivamente, lo que pasó con su hijo también tiene que ver con probidad y claramente esto es otro de los aspectos negativos de su gobierno.

– ¿Las reformas que lograron hacer y que pasaron por el Congreso le van a cambiar la vida estructuralmente a los chilenos?

– Desde el punto de vista de los cambios institucionales en probidad, creo que sí hay una transformación sustantiva en la forma en que se relaciona la política con el electorado. En la última elección pudimos ver un tipo de campaña, la cantidad de despliegue de recursos. Ahí hay un tema concreto que ha cambiado las prácticas de los partidos y los candidatos. Eso ya se está observando. Desde el punto de vista de la educación, efectivamente hay una transformación significativa. No va a haber una vuelta atrás respecto de las transformaciones a la educación primaria, secundaria y universitaria. Es muy difícil que se retrotraigan derechos como aquello de quien tiene las capacidades, pero no tiene recursos, sea excluido de la universidad. Eso ya es un hecho de la causa y lo que se está negociando es de ahí parea adelante; por lo tanto, sí hay un cambio muy sustantivo, no una transformación del sistema. Y respecto a la matriz energética, sí hay una concepción distinta. Hace cuatro años estábamos debatiendo si correspondía o no construir una represa en la Patagonia y hoy eso ya dejó de ser tema. Entonces, ahí también hay un cambio estructural sobre la forma en concebir el desarrollo asociado a las fuentes energéticas.

– O sea, son cambios irreversibles.

– Es muy difícil que se echen para atrás. Lo que sí es que habrá una batalla política en algunos ámbitos específicos, como por ejemplo la posibilidad de que los padres puedan volver a pagar parte de la educación de sus hijos en los colegios subvencionados. Ese debate de más o menos Estado va a existir siempre, más o menos esfuerzo personal en el pago de la educación, pero creo que es muy difícil que se vuelva atrás. Además, estas reformas implican nuevas agencias que se están institucionalizando y hay una serie de reformas institucionales que se van a poner en marcha en el próximo gobierno y, por lo tanto, no habrá vuelta atrás. Respecto a la reforma tributaria, si bien va a haber cambios, el aumento de la capacidad del Estado de recolectar más recursos vía tributos también fue un cambio de este gobierno y eso no había pasado desde el retorno a la democracia.

– El Ejecutivo insiste en que trabajará hasta el último día y sigue enviando proyectos, como la reforma constitucional, con destino incierto. ¿Son saludos a la bandera?

– El tema de la Nueva Constitución es uno de los temas no cumplidos del programa y su envío es un saludo a la bandera.

– Esta semana hemos visto varias reuniones de un traspaso de mando civilizado y republicano.

– En Chile ya no estamos en un espacio confrontacional, pero dicho eso, todas estas bilaterales que ha habido en la semana son mecanismos formales, de buena crianza entre actores políticos que, además, se conocen y reflejan una convivencia cívica adecuada. El problema es que este tipo de transición tan formal y protocolar es ineficiente para el tipo de Estado que tenemos hoy día. Se requiere una nueva institucionalidad de traspaso de mando. En países desarrollados existen equipos que se establecen con procedimientos estandarizados, que ven los archivos y la protección de datos de un gobierno a otro, la agenda nacional, la internacional. Estas bilaterales, más allá de lo protocolar, no creo que sean eficientes y sólo apuntan a un objetivo comunicacional.

– A pesar de todo lo ocurrido, surgen rumores de que Bachelet podría volver en un tercer intento. ¿Lo ve factible?

– Siempre es factible, pero para lo que fue la Nueva Mayoría sería un suicidio político si intentan proyectarse con Bachelet. Los partidos políticos deben entender que si hay un mensaje claro en la última elección es la necesidad de recambio. Llevar a Bachelet por tercera vez sería un tapón para ese recambio.

Leer en El Mercurio de Valparaíso

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