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18 de mayo de 2015

Los 10 países del mundo en los que menos gente va a votar

Por Entrevista a Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Si se toman como referencia las últimas elecciones presidenciales, Chile es el país en el que menos ciudadanos ejercen su derecho a votar, entre las naciones con democracias estables. El 58% del padrón electoral decidió abstenerse en los comicios realizados en noviembre de 2013, en los que ganó Michelle Bachelet.

No es fácil tener una medida precisa del grado de participación en las elecciones a lo largo del mundo, ya que, desde el punto de vista formal, casi todos los países se rigen por un sistema democrático, pero en muchos se trata de una mera fachada.

Por ejemplo, el que tendría el menor nivel de abstención electoral sería Laos, donde votó el 99,7% del padrón en las elecciones parlamentarias de 2011. Sin embargo, se trata de sufragios ficticios, porque hay una sola fuerza política habilitada, el Partido Popular Revolucionario de Laos. Además, el presidente no es elegido por el pueblo, sino que lo designa el Comité Central del partido, como ocurre en China.

Para hacer una comparación justa, Infobae consultó la base de datos del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA por su nombre en inglés), pero consideró solamente a naciones con al menos un millón de habitantes y una democracia realmente funcional. ¿Cómo definir algo tan complejo? Una manera es tomar como variable el puntaje en el ranking de libertad política que realiza Freedom House, que también es utilizado como referencia por IDEA.

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Laos, un caso extremo, tiene un puntaje de 7 sobre 7, lo que supone el menor nivel posible de libertades políticas. Infobae consideró los países ubicados entre 1 y 3.

Así, el segundo en el que menos gente va a votar es Eslovenia, donde la abstención ascendió al 57,6% en las últimas elecciones para cargos ejecutivos nacionales. Luego aparecen Mali (54,2%), Serbia (53,7%), Portugal (53,5%), Lesoto (53,4%), Lituania (52,6%), Colombia (52,1%), Bulgaria (51,8%) y Suiza (50,9%). Se puede comprobar que se trata de un fenómeno global porque hay representantes de regiones tan distintas como Sudamérica, Europa y África.

Otro problema de estas comparaciones es que en algunos sistemas el voto es obligatorio y en otros es voluntario. La distinción no es menor. De hecho, en los diez que se destacan el sufragio es voluntario.

HAY UN DESINTERÉS JUVENIL QUE ANTICIPA GENERACIONES MENOS PARTICIPATIVAS”
La causa es una reforma electoral sancionada en 2010, que cambió el sistema de registro voluntario al padrón y voto obligatorio, por uno de inscripción automática y sufragio optativo, como el que rige en la mayor parte de Europa y en Estados Unidos.

“Si bien en Chile la participación llegó al 90% en las primeras elecciones libres, eso obedeció a la decisión de los chilenos por consolidar la democracia y evitar una posible regresión autoritaria. Los chilenos salieron a votar porque había algo en juego. Esa participación se fue deprimiendo con el tiempo, y antes de la implementación del voto voluntario llegó al 60%”, cuenta a Infobae el politólogo Mauricio Morales, profesor de la Universidad Diego Portales, de Chile.

Pero lo de Chile no es excepcional. En Costa Rica, pasó de 18,6% en 1966 a 44,4% en 2014. En Brasil, de 11,9% en 1989 a 21,1% en 2014. En Argentina y en México la tendencia fue la misma, aunque más atenuada: en el primero, de 14,4% en 1963 a 20,6% en 2011; y en el segundo, de 30,7% en 1964 a 36,9% en 2012.

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En Europa es también un problema muy marcado. La abstención trepó en España de 23% en 1977 a 31,1% en 2011. En Reino Unido, de 24% en 1964 a 34,2% en 2010. En Alemania, de 13,2% a 28,5% entre 1965 y 2014. Y en Italia, de 7,1% a 24,8% entre 1963 y 2013.

“Hay tres razones de este fenómeno. La primera, y esto aplica fundamentalmente para las democracias industrializadas avanzadas, corresponde al avance económico y al progreso personal de los votantes. Cuando las personas sienten que los partidos políticos no son agencias centrales para producir bienestar, y que ese bienestar se alcanza mediante el esfuerzo personal, entonces dejan de ser canales exclusivos de intermediación entre el votante y las áreas de poder”, dice Morales.

“La segunda razón tiene que ver, especialmente en América Latina, con los problemas de estatalidad de muchas democracias, especialmente las democracias andinas. Acá los partidos no sólo sufren de un profundo desprestigio, sino que además hay una alta volatilidad. Son vistos como responsables de las crisis y, por lo mismo, la política tiende más hacia el personalismo que a la institucionalización”, agrega.

Todas las regiones tienen sus contraejemplos. Uno es India, la mayor democracia del planeta por la cantidad de electores, donde el número de ausentes en los comicios cayó de 39% en 1967 a 33,6% en 2014. En Uruguay, descendió de 25,7% en 1966 a 11,4% en 2014. En Ecuador, de 22,5% en 1968 a 18,9% en 2013. El ejemplo europeo es Suecia, donde pasó de 16,1% a 14,2% entre 1964 y 2014.

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