Columnas

18 de enero de 2016

Los privilegios a los partidos nuevos de Engel y Cía.

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Lo que se le exige a los partidos nuevos o emergentes es algo muy sencillo: seriedad y despliegue territorial. Si con las reglas más exigentes se pudieron constituir el PRO, Igualdad, Ecologista-Verde, Democracia Regional Patagónica, ¿por qué no puede suceder lo mismo con el resto de los partidos en formación? Los firmantes son insistentes con las exigencias para los partidos tradicionales, pero los emergentes gozan de un trato curiosamente privilegiado.

En una carta firmada por miembros de la Comisión Engel, algunos diputados, académicos, fundaciones y partidos emergentes, se alega sobre los déficits de la ley de partidos en discusión. Uno de ellos corresponde a las barreras de entrada para la formación de partidos y su subsistencia. La reforma al binominal rebajó dichas barreras de manera exagerada, dando espacio para la emergencia de partidos regionales. Dado que esa reforma indicaba que un partido podía formarse en una sola región y con el 0,25% de las firmas de acuerdo a la participación electoral en los comicios de diputados anteriores, entonces formar partidos se tornaba una tarea peligrosamente fácil.

Con la ley antigua, un partido podía formarse si registraba firmas del 0,5% en tres regiones contiguas o en 8 regiones. Hay 14 partidos constituidos. ¿Cuál es el argumento de los firmantes para bajar esas barreras de entrada?, ¿qué tiene que ver esa rebaja con una mayor competencia electoral?, ¿por qué se les debe facilitar la vida a los políticos que quieren formar partidos emergentes y fusilar a los partidos tradicionales?

Varios de los firmantes han pronosticado la crisis terminal de nuestro de sistema de partidos. Otros, han llamado a hacer una especie de autopsia a nuestros partidos. Dándolos casi por muertos, los firmantes ignoran que más del 90% de los representantes (alcaldes, concejales, Cores, diputados, senadores) pertenece a los partidos tradicionales. Es cierto que la participación electoral ha descendido, pero en eso ha incidido de manera directa el régimen de voto voluntario. No es correcto afirmar que la caída de la participación sea parte de la tendencia observada desde la década pasada. Con el voto voluntario el descenso fue más significativo.

La rebaja en las barreras de entrada tendrá un efecto pernicioso. Puede ser que varios de estos partidos emergentes no logren representantes, pero sí abultarán desmesuradamente las papeletas de votación, generando confusión y mayores costos de información para los votantes. En la circunscripción provincial de Arica hubo 70 candidatos a Core en 2013. ¿A cuánto aspiran los firmantes?, ¿habrán pensado que el aumento excesivo del número de candidatos afecta la votación válida especialmente en las zonas rurales y pobres?, ¿qué gana el sistema de partidos con más candidatos en las calles?

Lo que se les exige a los partidos nuevos o emergentes es algo muy sencillo: seriedad y despliegue territorial. Si con las reglas más exigentes se pudieron constituir el PRO, Igualdad, Ecologista-Verde, Democracia Regional Patagónica, ¿por qué no puede suceder lo mismo con el resto de los partidos en formación?

Los firmantes son insistentes con las exigencias para los partidos tradicionales, pero los emergentes gozan de un trato curiosamente privilegiado. Está bien que algunos de los firmantes quieran cumplir con su profecía respecto a la desestructuración y crisis total del sistema de partidos para luego decir que la fragmentación “explotó” y que Chile va camino al despeñadero, pero hacerlo mediante este tipo de argumentos suena un poco tramposo. Adicionalmente, los firmantes demuestran un conocimiento limitado de los partidos chilenos. De hecho, uno de ellos sostuvo públicamente que ¡para elegir alcaldes en Chile –antes de 2004– se utilizaba el sistema electoral binominal!

La rebaja en las barreras de entrada tendrá un efecto pernicioso. Puede ser que varios de estos partidos emergentes no logren representantes, pero sí abultarán desmesuradamente las papeletas de votación, generando confusión y mayores costos de información para los votantes. En la circunscripción provincial de Arica hubo 70 candidatos a Core en 2013. ¿A cuánto aspiran los firmantes?, ¿habrán pensado que el aumento excesivo del número de candidatos afecta la votación válida especialmente en las zonas rurales y pobres?, ¿qué gana el sistema de partidos con más candidatos en las calles? Las puertas ya se abrieron con la reforma al sistema electoral. ¿Qué se busca con esta idea? Luego, si además se rebajan las barreras de subsistencia –porcentaje de votos o número de representantes–, ¿qué tipo de sistema tendremos?

Algunos de los partidos nuevos ya constituidos no contaban con un solo liderazgo nacional o regional, pero igual cumplieron con la ley. Y si no alcanzan un porcentaje mínimo de votos (por ejemplo, el 5%) o un número razonable de representantes (3 o 4, por ejemplo), debieran reinscribirse. Punto. Incluso, esas reglas debiesen ser aún más estrictas para que los partidos accedan al financiamiento estatal. De lo contrario, tendremos un muy buen negocio. Un independiente podrá formar partido en una sola región y, además, tendrá acceso al financiamiento público. Ahí sí que tendremos un incremento sustantivo en el número de actores de veto. Esto es connatural a la política, pero estimularlo es, definitivamente, una muy mala práctica.

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