Columnas

6 de marzo de 2015

Michelle, decime qué se siente

Por Mauricio Morales

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Mauricio Morales

La última encuesta Adimark muestra un deterioro en la evaluación de la Presidenta, pero un notable sostenimiento de los atributos. Aunque la medición de febrero no captura en su total magnitud la crisis del “Primer Damo”, de todas formas no deja de sorprender la fuerza de sus atributos personales, exceptuando la capacidad para enfrentar situaciones de crisis. El descalabro anunciado por varios no se produjo al menos en esta medición. En un febrero normal, eso sí, la aprobación debió aumentar significativamente.

Las razones del descenso son múltiples. Primero, la encuesta fue administrada en febrero. Seguramente, el error muestral reportado por la empresa es muy inferior al error real. Esto, por el eventual incremento en las tasas de reemplazo. Adimark no reporta esas tasas, pero es presumible que en febrero hayan aumentado sustantivamente. Segundo, la política no es un tema de gran interés para los chilenos, y menos en un período estival. Tercero, el caso del “Primer Damo” ha causado daños, pero con Penta encima la situación pudo neutralizarse. Dado que en la opinión pública ya está instalada la sensación de empate, Caval sólo vino a confirmar la tesis de que la trampa corre parejo de izquierda a derecha. En cuarto lugar, es posible que los chilenos vean en Bachelet a la madre traicionada por su hijo, quien desobedeció los consejos y valores inculcados en el seno familiar. Sería feo culpar a la madre de las ambiciones económicas de su primogénito cuando, en realidad, su vocación está efectivamente por los más pobres. Al menos, eso ha demostrado. Quinto, es probable que los encuestados piensen que la lenta reacción del gobierno no fue por negligencia de Bachelet, sino que del equipo político. La encuesta muestra que la caída en la evaluación es más fuerte en Peñailillo, Gómez y Elizalde. Ellos fueron al sacrificio y se inmolaron por la Presidenta.

Lo anterior conduce a una cierta paradoja. El estar cerca de Michelle no es garantía de popularidad cuando ella está encumbrada en las encuestas, pero sí de menoscabo cuando se está en problemas. En otras palabras, la Presidenta suma para sí misma, sin transferir esa popularidad a alguno de sus escuderos o eventuales herederos. Frei Ruiz-Tagle sabe de esto. Pero cuando sus apoyos se debilitan, traspasa ese déficit a su equipo.

En otras palabras, Bachelet monopoliza la cosecha en tiempos de bonanza, y distribuye las pérdidas en su entorno cuando la cosa anda mal. Al parecer, los chilenos son particularmente puntillosos al momento de distinguir a Bachelet del gobierno, de los partidos e incluso de su propio hijo.

Otra noticia importante de Adimark es el 45% de quienes se identifican con el gobierno y el 25% que lo hace por la oposición. Frecuentemente esta pregunta es pasada por alto, pero en realidad implica el colchón de apoyo que tiene una administración. Una cosa es “evaluar” a un gobierno, y otra “identificarse” con el mismo. La evaluación implica un juicio, mientras que la identificación es una especie de huella o tatuaje. Perfectamente un ciudadano puede identificarse con un equipo de fútbol, y aún cuando evalúe mal su desempeño, será difícil que se cambie a otro, siendo legítimo criticar su esquema de juego.

Aún es muy temprano para evaluar si el caso del “Primer Damo” tendrá efectos más negativos y duraderos que el Transantiago, pero claramente son dos momentos que marcarán las gestiones de la mandataria. Debe ser difícil para Bachelet entender que todos sus atributos superen el 50% de evaluación positiva en un escenario complejo. Y le debe generar impotencia no poder traspasar esa popularidad a su propio gobierno, viendo cómo su entorno se deprime mientras ella sale prácticamente inmune. Las próximas encuestas mostrarán si el chaleco antibalas de Bachelet sigue tan fuerte como hasta ahora, o si definitivamente todo se va por el despeñadero.

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