Mujeres y poder: Un problema social no resuelto

Publicado por Ana Cárdenas el Lunes, 11 de marzo de 2013 en Columnas.

Ana Cárdenas

Académica Escuela de Sociología UDP

Publicada el 11 de marzo de 2013, en  El Dínamo

Cuestionar y romper el así llamado “techo de cristal” es una responsabilidad de toda la sociedad, pues el actual modelo no podría continuar construyendo sus bases materiales sin el esfuerzo diario de miles de mujeres.

La división sexual del trabajo patriarcal ha segregado tradicionalmente a las mujeres al espacio privado y con ello, al desarrollo del trabajo reproductivo (las tareas domésticas y el cuidado de los/as hijos/as). En el marco de la sociedad chilena neoliberal, se ha producido en el país un importante incremento en los niveles de participación laboral femenina en las últimas décadas. Según Godoy/Díaz/Mauro, la tasa de participación laboral femenina creció desde un 22.0 en el período 1960-1970 a un 35.7 en el año 2002; más aún, la CEPAL da cuenta que hoy en día las mujeres de 15 años y más presentan una participación laboral de aproximadamente 43.4 en el país.

Pese a los avances en materia de integración de las mujeres al mercado del trabajo, estos parecen insuficientes al compararlos con los logrados en América Latina, donde la tasa de participación laboral alcanza un 52.8. Incrementar la participación laboral de las mujeres se ha transformado progresivamente en un tema que comienza a aparecer en la agenda pública. Esta es una situación positiva, pues permite relevar la importancia de que las mujeres en esta sociedad alcancen mayores grados de autonomía tanto en el espacio privado como público.

Sin embargo, la integración de las mujeres al mercado de trabajo y con ello a esta sociedad no puede restringirse a aumentar sus niveles de participación laboral; las condiciones en que esto pase también deben considerarse. En el caso de Chile, diversos organismos internacionales (OIT, CEPAL, PNUD, entre otros) destacan las condiciones precarias en que muchas de estas mujeres se integran al mercado laboral (contratos de trabajos definidos o trabajos no regulados contractualmente, bajos salarios, escasa seguridad e higiene en el trabajo, etc.).

En este contexto, es esencial considerar también las posibilidades de acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisión en las diversas organizaciones del país, tales como el Estado y las empresas. Al respecto y de acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano 2010, los resultados del estudio “Mujeres y Poder: Participación en espacios de decisión”1 (ICSO/Universidad Diego Portales – Fundación Heinrich Böll) muestran que aumentar la participación laboral de las mujeres en esta sociedad no basta. Esto, porque su integración está ocurriendo en paralelo a su marginación de los puestos de toma de decisión.

Dicho problema no sólo se ve en el sistema político (el parlamento y los partidos políticos, entre otros), sino también en los diversos sectores de la economía. De acuerdo a cifras de la OIT, el sector de los servicios concentra la mayor cantidad de fuerza de trabajo femenina en el país, lo que significa que los servicios comunales, personales y sociales son desarrollados principalmente por mujeres en el país. Sin embargo, este estudio muestra que en el sector de la salud y la educación menos de 1/3 de los puestos de toma de decisión son ocupados por mujeres; dicho acceso es aún más restringido en los establecimientos financieros (bancos y seguros), así como en las empresas en sectores económicos de punta (mineras, celulosas y salmoneras), donde menos del 5% de estos puestos son actualmente ocupados por mujeres. Es en el Estado, especialmente a nivel ministerial, los servicios públicos y las superintendencias, donde se registra un acceso superior al 30% de las mujeres a estos puestos.

Cuestionar y romper el así llamado “techo de cristal” es una responsabilidad de toda la sociedad, pues el actual modelo no podría continuar construyendo sus bases materiales sin el esfuerzo diario de miles de mujeres.

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