Columnas

8 de junio de 2015

Municipales 2016 y el ejemplo de España

Por Fernando García Naddaf
Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

Hace poco se realizaron las elecciones municipales y regionales en España y todavía no deja de moverse el piso en Europa. Tanto ha sido el sacudón, que probablemente el movimiento llegue a otros lados. ¿A Chile, por ejemplo?

Aquí no se le dio mucha importancia a esas elecciones. Apenas algunos titulares que dan cuenta de un pequeño temblor en la península. Pero hay elementos para pensar que estos comicios tendrán algún tipo de eco en nuestras municipales del próximo año. Esto, considerando los parecidos y diferencias en ambos procesos.

El descontento en España ha llevado a un profundo cuestionamiento de su clase política. En los últimos cuatro años, la gente salió a la calle, se organizó en movimientos y se articuló políticamente. Esa articulación ha llevado en las dos últimas elecciones a desafiar la tranquilidad que arrastraba el duopolio que emergió luego de una larga dictadura. No quieren partidos tradicionales, quieren movimientos ciudadanos. Y así han emergido varios. El más importante derivó en Podemos, liderado por Pablo Iglesias.

En Chile tenemos descontento. Mucho y profundo. Hay toma de calles, marchas y paros. La clase política vive el peor momento en décadas. El descrédito no sólo se arrastra por malas políticas públicas, sino además por la desconfianza en temas que sólo apuntan a privilegio y corrupción; dinero y poder. Algunos ciudadanos arrancados por la furia, también se han organizado, y en vez de arrastrarse hacia los partidos tradicionales, han formado movimientos, que a diferencia de España, no han logrado aún experiencias electorales exitosas como para poner en duda a ese duopolio que tuvo también de partera a una dictadura.

En este sentido, las elecciones en España suponen un incentivo para los primos de Podemos en Chile. Envalentonados con esa experiencia, es probable que copien las formas de organización, sus discursos y hasta su estética. Las elecciones en España se harán sentir. Pero es altamente improbable que tengan el mismo efecto electoral. ¿Qué es lo que les falta en este lado del mundo?

Las diferencias entre Chile y España pueden ser muchas, pero una de las que más queda en evidencia es la falta de un liderazgo al estilo de Pablo Iglesias. Su carisma, la articulación ideológica que levanta en los micrófonos, y el total dominio del lenguaje de los medios de comunicación, son elementos que hasta ahora ningún líder de los descontentos en Chile ha alcanzado. Iglesias dominó primero la televisión con un programa irreverente que lo hizo más famoso que muchos políticos tradicionales. Dominó la red, viralizando videos cargados de emotividad y pasión que logra que los indignados se identifiquen y se movilicen. Personalizó las elecciones con su figura y apeló tanto a las emociones como a la razón. Utilizó un lenguaje que por mucho tiempo era mal visto por la intelectualidad de izquierda, más preocupada de comprobar desde pupitres la “construcción hegemónica del poder” mientras hacían gárgaras con Gramsci y Laclau.

El dominio del lenguaje y las lógicas de los medios de comunicación –los nuevos y los viejos-, y un discurso político que se funda en la indignación,  hacen que los ciudadanos logren amenazar a las figuras de poder con las que crecieron y hasta envejecieron.

En nuestro país aún falta que surja un liderazgo tan fuerte como el español. Es cierto que en Chile hay liderazgos, pero aún ninguno capaz de movilizar con suficiente decisión al descontento, de darle esperanza o dar nuevas imágenes que hagan a jóvenes y viejos organizarse, votar, y sobretodo de soñar.

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