Columnas

11 de octubre de 2016

Municipales y presidenciales

Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Los candidatos fuertes no tienen ningún incentivo para presidencializar la elección, cosa que sí sucede con los débiles. La elección en la comuna de Santiago es fiel reflejo de aquello.

En medio de una evidente crisis de confianza hacia los políticos, la encuesta CEP mostró un dato que, en cierta medida, es esperanzador. El 52,2% de los encuestados se mostró satisfecho o muy satisfecho con la gestión de su alcalde. Estos niveles de satisfacción son mayores en quienes están seguros de ir a votar (60%) y en quienes probablemente lo harán (58,2%), bajando en el grupo más renuente a asistir a las urnas. Estas cifras contrastan con los niveles de aprobación presidencial y de las coaliciones. Mientras Bachelet es respaldada por el 15% de los chilenos, la Nueva Mayoría alcanza un 8%, y Chile Vamos un 10%. Resta señalar que los parlamentarios reciben una nota de 2,7.

El poder local se constituye en un oasis de confianza o, al menos, en una reserva de evaluaciones positivas. Claro está que dicha reserva no implica necesariamente que los ciudadanos acudan en masa a votar, pero sí que vean en su municipio un área de gestión política menos contaminada en comparación con el poder nacional. A pesar de las sistemáticas acusaciones de corrupción hacia algunos alcaldes, sumado a las críticas por los viajes de turismo —y no de capacitación— de algunos concejales, la gestión municipal es bien evaluada. Por ello, sorprende que legisladores del PPD y del PS estén bloqueando la elección de intendentes que, justamente, va en la línea de fortalecer el poder local frente al desacreditado poder nacional. Las evaluaciones positivas hacia la gestión de los alcaldes son relativamente transversales. Según el nivel educativo de los encuestados, la satisfacción con la gestión de los alcaldes es de 56,7% en quienes tienen entre 0 y 3 años de educación, y de 52,9% en quienes tienen 13 o más años. Algo similar sucede al comparar encuestados urbanos y rurales. Los urbanos muestran un nivel de satisfacción del 51,5% y los rurales del 56%. La elección de intendentes, por tanto, podría reproducir estos niveles de satisfacción con el poder local, descongestionando la presión que hoy existe sobre el poder nacional.

La buena evaluación hacia la gestión municipal no implica que los alcaldes que buscan la reelección sean cartas seguras. En 2004 buscaron la reelección 303 alcaldes, triunfando 192. En 2008, las cifras fueron de 274 incumbentes con triunfo de 172.

En 2012, en tanto, se repostularon 289 y ganaron 175. En promedio, el 63% de los alcaldes logra la reelegirse, cifra menor en comparación con el 82.4% de los diputados que se repite el plato. Si en las pasadas municipales 175 alcaldes retuvieron el cupo, el resto de los municipios —casi la mitad— se renovó.

¿Qué rol juegan los candidatos presidenciales en una elección municipal? Los candidatos fuertes no tienen incentivos para presidencializar la elección, cosa que sí sucede con los débiles y con los desafiantes con opción de ganar. La elección en la comuna de Santiago es fiel reflejo de aquello. Tohá y Alessandri buscan desesperadamente figurar junto a los líderes de cada coalición. Los incumbentes fuertes, en tanto, sólo se dedican a recorrer la comuna mostrando sus logros. En este caso, son los candidatos presidenciales quienes buscan a esos alcaldes, pues les pueden ser muy útiles al día siguiente de la elección para dar cuenta de su fuerza electoral. Visto así, los candidatos débiles y los desafiantes buscan la foto con los presidenciables, mientras que en el caso de los fuertes, son los presidenciables los que buscan la foto con el alcalde.

Lo anterior conduce a cuatro conclusiones: los alcaldes generan más confianza que los legisladores; pese a las buenas evaluaciones de los alcaldes, existen altos niveles de rotación en el cargo; los alcaldes fuertes no tienen ningún incentivo para “presidencializar” la elección, cosa que sí sucede con los alcaldes débiles; y, más que avanzar hacia un sistema semipresidencial, lo que Chile necesita es fortalecer los gobiernos locales y regionales, comenzando por elegir a sus intendentes.

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