Nuestra política, entre la ilusión y el cinismo

Publicado por Juan Pablo Paredes el Lunes, 25 de marzo de 2013 en Columnas.

Juan Pablo Paredes

Académico Facultad Ciencias Sociales e Historia UDP

*Publicada el 25 de marzo en El Dínamo

No tengo claridad de cuán ilusos sean quienes participan de la movilizan, lo que tengo claro es que gracias a la puesta en práctica de su condición ciudadana, hoy nuestro debate democrático es más amplio y ambicioso.

Tiene razón el ex ministro y asesor comunicacional Enrique Correa, cuando afirma que quienes piensan que los movimientos sociales pueden reemplazar a la política son ilusos. Y aunque no tengo claridad de qué es un movimiento social o cuáles son los límites de la política, creo saber que uno no puede sustituir al otro, porque no son términos intercambiables.

Puedo pensar, pasando de la ilusión a la más franca ingenuidad, que las palabras de Enrique Correa se fundamentan en su firme creencia de que con la política, pensada en términos realistas y limitada exclusivamente a su institucionalidad, basta para poder hacer de nuestro mundo uno más vivible, justo e igualitario.

Sin embargo, por el pasado socialista del hoy asesor comunicacional y su participación en la lucha contra la dictadura, me pregunto: ¿habrá olvidado el ex ministro que gran parte de la recuperación de la democracia se gestó por la fuerza de la movilización social?

Y es que las movilizaciones de los últimos años en Chile y el mundo, nos han recordado que la política no se limita al funcionamiento de cierta institucionalidad, ni al mero ejercicio de la representación o a la aplicación de mecanismos de elección popular. La movilización social no es intercambiable con la política, pero es constitutiva de una política que se dice democrática.

Las marchas, la desobediencia civil, la protesta social, la publicitación de conflictos sociales, son parte de la política en su forma contenciosa o confrontacional. Es decir, las formas de participación política de la ciudadanía no se restringen a las expresiones institucionales de participación. Una ciudadanía activa utilizará mecanismos propios de una política contenciosa para avanzar en las formas de participación política.

Por ende, tratando de enfrentar mi ignorancia no ilusa y a diferencia de Correa, pienso que la política no puede separarse de la movilización social. Entonces, en una rápida asociación terminológica, los movimientos sociales son también actores políticos o que al menos politizan sus reclamos y demandas, mediante acciones contenciosas- aunque no exclusivamente de este tipo-. Mirarlo de esta forma es bastante distinto del evolucionismo político-institucional (un progreso cuasi-natural de la institucionalidad hacia nuevas formas de participación), que al parecer propone Correa con su defensa de la política como forma exclusivamente institucional.

Pero mi ingenuidad llega hasta acá y podría pensar que las palabras del ex ministro Correa, no solo apuntan a exponer la pueril ilusión y adolescencia de los que creen que los movimientos sociales puedan sustituir a la política, sino a una defensa de la mantención de la situación sociopolítica tal como la conocemos en la actualidad. En la situación actual, nuestra clase política- de manera transversal- sigue fiel al legado portaleano, reafirmado en las palabras del ahora asesor comunicacional. Correa no le habla a la ciudadanía en general, ni se dirige a las fuerzas movilizadas, su discurso es dirigido al empresariado y a la clase política, es decir, otra vez al peso de la noche.

El filósofo Slavoj Žižek definió tal operación como el uso de la razón cínica y la ejemplifica con la siguiente expresión: “saben muy bien lo que están haciendo y lo siguen haciendo”. Es decir, el asesor comunicacional es consciente de que la idea limitada de política que defiende, la forma en que funciona, así como el naturalismo evolutivo que proyecta, no implican el carácter general y de bien común que propaga. Al contrario, su gesto se limita a tratar de calmar las ansiedades del empresariado frente a lo que puede esperarse como un año convulsionado por las elecciones y las movilizaciones (operación no tan distante a la del senador Escalona en su reunión con la CPC), seguro de que las cosas volverán a su lugar de forma natural, luego de las movilizaciones, y que el juego político seguirá jugándose igual, con las mismas reglas y entre los mismos actores.

No tengo claridad de cuán ilusos sean quienes participan de la movilizan, lo que tengo claro es que gracias a la puesta en práctica de su condición ciudadana, hoy nuestro debate democrático es más amplio y ambicioso. Gracias a su ilusión hoy hablamos de educación pública, democratización, justicia social e igualdad política, contagiando con esa ilusión a la mayoría de la sociedad. También nos mostraron que debemos tomarnos seriamente el carácter contencioso de la política en la conformación de una ciudadanía participativa.

Recuperando mi ingenuidad inicial y con algo de osadía, les digo que en el actual escenario político prefiero la posición del iluso a la certeza que entrega el cinismo.

 

 

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