Columnas

6 de enero de 2015

Nueva Mayoría y Alianza en 2015

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Por Mauricio Morales

mauricio morales

 

 

 

 

 

Mauricio Morales

No fue un 2014 muy alentador para las dos principales coaliciones. La Nueva Mayoría (NM) se vio enfrascada en una fuerte disputa interna entre una izquierda algo alocada y un centro que intentaba por todos los medios mantener la gradualidad en el proceso de reformas. En la Alianza la tragedia fue mayor. En el primer semestre de 2014 su desorganización la hizo esfumarse como oposición, a lo que se sumó una fragmentación que desnudó diferencias de elite más que discusiones sobre proyectos programáticos. A tanto ha llegado la crisis, que el líder más reconocido es el ex Presidente Piñera. A nivel de encuestas, la situación no mejora. Según la CEP, la NM tiene una identificación de 21,8%, mientras que la Alianza sólo alcanza un 9,8%. La NM es más fuerte en los segmentos más añosos, mientras que la Alianza lo es marginalmente en los estratos más jóvenes. Por nivel socioeconómico, ambas coaliciones tienen mayor arraigo en el grupo alto, mostrando así que en Chile la identificación con partidos y coaliciones- al igual que la participación electoral- están significativamente determinadas por el nivel de ingreso de las personas.

En 2015 la NM debe mejorar. Es irrefutable la falla garrafal de diagnóstico que se hizo sobre la sociedad chilena. La sobre-interpretación infantil de la protesta ciudadana de 2011 los hizo creer que el modelo se venía abajo y que el avance refundacional era irreversible. Este error ha marcado al gobierno. El daño es evidente. Tanto así, que la propia Presidenta Bachelet ya es percibida como una mandataria más lejana, inmiscuida en temas de elite y con poca empatía ciudadana. Su terreno de apoyo más fértil la ha abandonado. Me refiero a las mujeres y especialmente aquellas pertenecientes a los estratos socioeconómicos más bajos. La Presidenta debe reactivar el “bacheletismo”, volviendo a la calle y olvidándose de tanto intelectual irresponsable con harta ideología, pero sin metodología ni un mínimo de conexión con la realidad.

Respecto a los liderazgos, la peor decisión de la NM es despejar el camino a Enríquez-Ominami. Es normal que sea el político mejor evaluado del sector, pues no tiene competencia. Está corriendo solo. Lo que intenta Me-O es cerrar rápidamente un acuerdo con la NM, haciéndoles creer que el triunfo en 2017 depende de él. Eso es falso. La NM ya debe ir pensando en levantar sus propias figuras. Serán ellas las que acompañarán a los candidatos a alcalde y concejal en 2016, y no Me-O. Sería penoso que la Nueva Mayoría claudicará tan tempranamente su opción presidencial en manos de quien bloqueara su éxito en 2009 y que descalificará de manera tan brutal e injusta al ex Presidente Frei.

La Alianza, en tanto, necesita de una cirugía aún mayor. 2015 estará marcado por los intentos de Piñera para cooptar rápidamente al sector, apagando las aspiraciones de Ossandón, Allamand y Espina. En la UDI no se ve a nadie. Sólo tienen a Matthei. Piñera tratará de amarrar a la UDI, asegurando así su éxito en una eventual primaria con el candidato de RN. Todo esto tensionará a la Alianza, sin perjuicio de que haya tomado la correcta decisión de entenderse con Evópoli y con el PRI. En el caso de Amplitud la cosa es más complicada. Junto a Fuerza Pública representan un electorado exiguo. Apuestan a la popularidad de Velasco y al potencial de Lily Pérez, pero su éxito dependerá de cuán eficientes sean en capturar a parte de la elite del PDC y a su masa de adherentes. Ellos saben que el votante DC es mucho más moderado que la elite del partido, y que Velasco representa de manera más natural las opciones de centro.

Por último, en 2015 ya se estarán preparando las elecciones locales de 2016. La Nueva Mayoría debe defender 163 alcaldías, que concentran el 46% de la población, mientras que la Alianza hará lo propio con 121 alcaldías que representan al 37% de la población. 2015, en consecuencia, será el año de ajuste interno de las coaliciones con miras a los desafíos electorales de 2016 y 2017. Los conflictos no desaparecerán. En una de esas, terminamos el año no con dos grandes coaliciones, sino que con 3 o más.

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