Columnas

13 de diciembre de 2017

Perder en política, o hacia la política de los zombis presidenciales

Por Modesto Gayo

modesto gayoLas pasadas elecciones presidenciales, incluyendo el período de primarias, han visto un nutrido grupo de políticos que tuvieron la voluntad de competir y vieron frustradas sus intenciones de ser los representantes de su grupo o coalición política. Estos candidatos fueron los perdedores, y como tal quizás se esperaría su desaparición momentánea o un poco de recato en su impulso adrenalínico proveniente todavía de su psicología de combatiente democrático. Pero esto está lejos de haberse producido. En lugar de un castigo, por simbólico que sea, recibieron un premio, siendo invitados, de forma más o menos forzada, a formar parte de las cortes respectivas de los gladiadores finales. Sebastián Piñera se ha visto acompañado, tanto en espíritu como físicamente, de los Kast, Felipe y José Antonio, y ha ido del brazo a visitar a las viejitas con rentas miserables con su ahora íntimo Manuel José Ossandón, de quien recibió más de un garabato pocas semanas atrás. Por el lado de Alejandro Guillier, ahora escuchamos el “aúpa, compañero” de Carolina Goic, Ricardo Lagos y, más sorprendentemente, si bien a título individual, Beatriz Sánchez. Otros frenteamplistas también insinúan su apoyo, pero sin querer desgastarse por su verdadero rival político, al que anhelan desplazar. Alberto Mayol emerge del barro queriendo ser un rostro que, nada menos, propicie la unión en todo el arco de centro-izquierda, subvirtiendo la voluntad mayoritaria, de forma legal pero sustantivamente fraudulenta. Y, finalmente, MEO, incombustible, intenta enmendar lo que considera errores pasados, pidiendo perdón de forma fáctica, apoyando sin ambages al postulante de la Nueva Mayoría.

Caras de derrota prometiendo un nuevo Chile, justo el que muchos de ellos critican, es decir, la vieja receta sigue vigente: ganes o pierdas, gobierna la élite, de la que forman parte. No perder significa esencialmente no abrir espacios para otros, éstos sí a la sombra de los ganadores. Esto es, los que no pudieron ganar, resucitan en la forma de apoyo al caballo que avanza con ventaja de varias cabezas. Según la Real Academia Española, zombi es la “persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de animar su voluntad”. En este sentido, los derrotados en la carrera presidencial tienen lo esencial del zombi, políticos muertos que fueron reanimados, si bien suponen una inversión, puesto que el fin no es el de ver animadas sus variopintas voluntades, sino que aspiran a ser ellos los que animen la de los candidatos vencedores. Es por ello que en el contexto de Chile, deberíamos entender que estos políticos vencidos poco tiempo atrás han devenido en zombis presidenciales resucitados por el casi infalible arte del instinto de supervivencia política cuya meta es animar la voluntad del verdadero ganador.

Esta política de los zombis presidenciales contribuye a hacer indistinguible la victoria de la derrota. Convierte las elecciones en un paseo en compañía deseada, o un té entre amigos. Refuerza al derrotado y lo confirma en sus convicciones minoritarias, y a menudo francamente erradas, dejándole ver que posiblemente en el futuro él será el elegido por la masa eternamente insatisfecha y voraz. No en vano, Kast cree que puede ser el próximo Trump chileno; Manuel José Ossandón, una mezcla entre José Mujica y Bergoglio; MEO, un Allende, también apaleado y viejo por cuatro elecciones presidenciales consecutivas, pero igual exitoso al final; Mayol, una bella durmiente todavía por besar. Todos fueron derrotados, pero lejos de encontrar desánimo, han visto reforzados sus sueños de liderazgo. ¿Es que no hay nada mejor que hacer en este país que querer ser presidente?, debo preguntarme cabizbajo y reflexivo cuando paseo mis ojos por La Moneda. Hay algo que anda mal en todo esto, ¿o todo es lo contrario?, pienso dubitativo.

De lo que no tengo duda es que Michael Jackson hubiese decidido venir a Chile si hoy fuesen los comienzos de la década de los 80, cuando comenzó a tararear la música de un exitoso tema pop. Hoy Michael bailaría Thriller con nuestros políticos chilenos derrotados en la contienda presidencial, rajadas sus ropas en mil discursos y peleas, donde la camaradería estuvo ausente en muchos momentos dentro del ring. Hoy muchos demócratas de aquel tiempo se asustarían de ver en comandos políticos a candidatos que el pueblo rechazó media hora atrás. Y todo sucede al mediodía, la nueva hora de los fantasmas.

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