Columnas

6 de diciembre de 2016

¿Puede el auge de “Los Vengadores” generar la aparición de otros vigilantes urbanos?

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Por Entrevista a Mónica Gerber

Monica Gerber 014La temeraria acción de Fabricio Ruiz de Gamboa y Juan Luis Dupré que se disfrazaban de detectives, baliza y armas de fogueo en mano, para hacer justicia por sí mismos es analizada por la socióloga y profesora de la UDP, Mónica Gerber; Jorge Araya, profesor de políticas públicas de la Usach y experto en seguridad ciudadana y Paulo Quinteros, regente del popular blog de cultura pop Salón del Mal. La paradoja de un país en el que la policía está bien evaluada y la popularización de las detenciones ciudadanas parece ser el caldo de cultivo para la propagación de grupos que hacen justicia por sus manos, creen los expertos.

“Los Vengadores”, el par de jóvenes que se disfrazaba de detectives, baliza y armas de fogueo en mano, para hacer justicia por sí mismos, alcanzó a salirse con la suya a lo largo de cuatro meses. Pese a que los medios difundieron la actitud como una acto reprochable, el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, y los voceros de la PDI también frenaron cualquier apoyo al team, calificando sus acciones de irresponsables.

“La autotutela no está permitida en países que se rigen por leyes que han sido definidas democráticamente como es el caso de Chile”, dijo Aleuy. En Twitter, las reacciones estaban divididas, pero los likes se iban para quienes felicitaban a Fabricio Ruiz de Gamboa y Juan Luis Dupré por su temeraria acción.

Como ha sucedido en Inglaterra, con héroes enmascarados que cada cierto tiempo excitan a la población o en Brasil, donde los escuadrones de la muerte, que diezma a las bandas criminales, se masifican entre la población civil, la preocupación a nivel local advierte que nadie está por sobre la ley y que incluso el gobierno puede querellarse contra quienes jueguen a los policías y ladrones.

¿Puede potenciarse la aparición de estos grupos dedicados a pelear contra la delincuencia por mano propia? La historia reciente ha demostrado cómo el acto de justicia de “sacar el celular” para registrar una injusticia ha dado material fértil a noticieros quienes incluso compran esos videos. Lo mismo ha pasado con la sensación de un aumento en las detenciones ciudadanas y linchamientos, explica la socióloga y profesora de la Universidad Diego Portales, Mónica Gerber.

El apoyo del chileno a que otro civil persiga y golpee a delincuentes es cercano al 60%, según una encuesta realizada por la UDP. “Esta aprobación es un poco más alta en personas de clase media alta, en personas de derecha y sin decisión política”, dice Gerber, quien reconoce también que en personas vinculadas a la izquierda, ese apego es algo menor, pero amplio.

Sin embargo lo que subyace a este fenómeno es un problema de clase, sostiene la socióloga ya que el combustible de este tipo de acciones es ideológico. “Una de las cosas que hemos encontrado es que la gente justifica estos castigos; lo ve como un asunto muy moral. Algo que es muy de guata al exteriorizar su disconformidad de vivir en un país inseguro que los lleva a validar este tipo de actos”, dice sobre la aparición de personajes como “Los Vengadores”.

“El castigo busca evitar que una persona desaventajada social e históricamente pueda aumentar su posición. El linchamiento tiene que ver con degradar y demostrar que esta persona no puede ascender socialmente. Nosotros lo interpretamos desde el reflejo de la desigualdad en Chile. Ese es un dato que vincula estos eventos con su realización por parte de personas de clase media hacia arriba”, describe la analista.

Lo que hace extravagante la aparición de vengadores o vigilantes es que la percepción de inseguridad es superior a lo que la realidad indica. El efecto de los medios sobre una sociedad que cree vivir en zona de guerra criminal, se contrasta con los niveles de confianza en las instituciones. Esta paradoja obedece a otra idea: la de falta de confianza en las instituciones que imparten justicia en Chile, define Gerber.

“Si bien hay confianza en Carabineros, hay una disconformidad en distintos ámbitos e instituciones que puede traducirse en que no voy a hacer el trabajo de Carabineros, sino que lo voy a apoyar con una acción propia de linchamiento. Se justifican así como una especie de “ayudantes de Carabineros” como aseguraban ser “Los Vengadores”. No deslegitiman a la policía, sino que tratan de hacerla más eficiente. Es difícil de concluir el futuro de esto, pero sí creo que los hechos tienen que ver con el empoderamiento y el nivel socioeconómico de personas con más educación. Lo que va a variar es el método más que el cómo y cuánto se hace”, apunta la también investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

– ¿Se puede anticipar si la exposición mediática de un par de jóvenes vigilantes propicie la aparición de otros que sigan su ejemplo?
– Hay pocos estudios sobre la búsqueda de organización ciudadana ante la delincuencia y es difícil saber qué hace que en Chile aparezca un grupo como “Los Vengadores”, pero principalmente las motivaciones de las personas para reducir a un delincuente son las mismas que hay para definir lo que están dispuestos a permitir que haga un carabinero. Los datos que tenemos son de una encuesta en que preguntamos a la gente si se justificaba el uso de la detención ciudadana y principalmente los linchamientos. Al ajusticiamiento lo entendemos como un castigo donde la decisión de castigar viene del ciudadano y que siempre implica violencia. Los casos de muerte, ya son más extremos y no son el más típico por suerte.

– Al menos en redes sociales el apoyo a la acción de dos jóvenes vengadores ha sido bastante transversal
– Claro. Eso es un efecto producido por el hecho de que con quienes terminas escribiéndote es con gente que piensa como tú. Mediante esas redes, el tema escala y se generan debates acalorados que no son representativos de lo que piensa la gente en general. De alguna forma los castigos canalizan un montón de inseguridades que no tienen que ver con la seguridad necesariamente. No es algo racional. Es más bien miedo según los estudios al respecto que hablan de desconfianza en el otro para justificar que acá hay un problema real. Por otro lado a los medios les gusta dar cuenta de una situación de crisis que es un país relativamente seguro dentro del contexto de la región.

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