Columnas

27 de julio de 2018

Sobre el feminismo y el género: Algunas precisiones

Por Ana María Stuven

Desde las últimas manifestaciones, tomas de universidades y artículos periodísticos, feminismo y género han demostrado ser conceptos controversiales; también su polisemia e historicidad. Algunas precisiones sobre su surgimiento y uso desde una perspectiva historiográfica y académica tal vez ayuden a exorcizarlos y a recuperarlos en su utilidad para la discusión contemporánea y explicar los roles que tanto hombres como mujeres han desempeñado en la historia.

El concepto de feminismo representó durante más de un siglo a quienes lideraron las reivindicaciones por los derechos de la mujer en la sociedad civil, por su incorporación en la esfera pública, y por el reconocimiento, incluso, de los roles que hoy parecen tradicionales, pero que ella ejerció con la importancia que merecen, a través de la maternidad y la educación de los hijos.

El feminismo sí es lo mismo que la defensa de los derechos de las mujeres, y la analogía con que la preocupación por los pobres no es lo mismo que el marxismo (Lucía Santa Cruz, “El Mercurio”, 21 de julio, 2018) no parece acertada. Para referirnos al caso chileno, las primeras voces que se definieron como feministas no tuvieron las connotaciones ideológicas que tuvo desde sus comienzos el marxismo. Muy por el contrario, se trató de mujeres católicas que se autodefinieron como feministas. Un ejemplo: en l9l8 se realizó en Santiago el Congreso Mariano. Rosa Rodríguez de la Sotta, una de las organizadoras, lo consideró un “…trascendental paso del feminismo chileno”, entendido como “la doctrina que tiende a hacer reconocer en la mujer los mismos derechos civiles y políticos que posee el hombre. Estudia el rol de la mujer en la sociedad contemporánea, sus derechos respecto del trabajo, a la instrucción, su acceso a las profesiones liberales, a la política, etcétera”.

Desde comienzos del siglo XX, varias publicaciones representativas de distintas tendencias políticas se declararon feministas. Es el caso de La Alborada, periódico cercano al Partido Demócrata. Entre las mujeres de la clase dirigente, cómo no mencionar a Martina Barros, interesada en el feminismo, y su “Historia del Feminismo y su Desarrollo en Chile”, leído en la Universidad Católica en 1917. “Mi anhelo al interesarme a favor de la independencia y mayor cultura de la mujer no fue para hacerla rival del hombre, sino para constituirla en su digna compañera”.

Uno de los primeros partidos de mujeres, el Partido Cívico Femenino, de 1922, definió su feminismo como aquel que “no desnaturaliza a la mujer, por el contrario… la hace más experta madre y sobre todo una excelente ciudadana y una poderosa unidad social para el verdadero progreso de la humanidad”. En general, todos los movimientos de mujeres del siglo XX, especialmente el MEMCH de Eliana Caffarena y Amanda Labarca, se declararon feministas. Y todos ellos, con distintas acepciones, establecieron una equivalencia entre feminismo y lucha por los derechos de la mujer.

Respecto del concepto de género, su introducción en el léxico académico en los años 70 ha sido un aporte para visualizar a la mujer y su rol social desde una perspectiva sociocultural. Bajo ese prisma, la mujer interactúa sin quitar a los hombres su visibilidad, permitiendo así que la historia de la mujer no sea un ejercicio esencialista. La perspectiva de género, enriquecida por los estudios sobre la esfera pública y privada, permite trascender estas delimitaciones y comprobar que, incluso en su papel privado, la mujer no estuvo en el pasado excluida de los procesos culturales y políticos, aun antes de obtener el sufragio.

Con la historia de género, la participación de la mujer se hace sujeto de la historia, y los papeles que efectivamente ocupa asumen una dimensión que permite incluir lo político como instrumento conceptual y el poder como elemento subyacente a toda acción pública, sea femenina o masculina.

Feminismo y género se complementan. Reconocen y valoran la contribución de la mujer desde los papeles sociales que ocupa. Se apoyan en la noción de complementariedad de los sexos, y en una visión que propone una organización social igualitaria. No son “victimistas” (Axel Kaiser, “El Mercurio”, 24 de julio, 2018). Menos aún en su versión liberal, individualista, que enfatiza los conceptos abstractos de derechos humanos individuales, extensivos, por su naturaleza, a la mujer.

Descalificar los conceptos de feminismo y género por su uso errado o por su intento de apropiación por grupos radicales es como descalificar el concepto de religión porque en su nombre se cometen atentados terroristas. Sin ellos pierde la historia, la visibilización de las mujeres y el reconocimiento de sus roles y demandas.

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