Columnas

2 de mayo de 2018

Trabajo después de la cárcel

Por Ana María Stuven

Señor Director:

En el estudio realizado por el Centro de Políticas Públicas de la PUC se reconoce la dificultad que tienen las personas privadas de libertad para obtener los cupos de trabajo disponibles en el sistema penitenciario.

El trabajo intrapenitenciario es un incentivo importante para obtener beneficios, y particularmente en el caso de las mujeres, en su mayoría jefas de hogar, una oportunidad para satisfacer las necesidades económicas de sus familiares fuera del penal.

Sin embargo, el problema principal que enfrentan las personas privadas de libertad para su real inserción se produce en su acceso al trabajo una vez que recuperan su libertad, aunque sea condicional.

Sin capacitación adecuada durante su estadía en la cárcel (la mayoría no tiene educación media completa), y sin oportunidades laborales o apoyo para microemprendimiento, la reinserción no es más que una ilusión.

En el caso de las mujeres, además de pobres, son personas dañadas, con baja autoestima y grandes necesidades, alimentadas por la culpa de haber dejado a sus hijos abandonados. Cuando se les abren las puertas de la cárcel, conscientes de su desesperanza, las esperan quienes abusan de ellas: las mismas mafias de tráfico de droga que las llevaron a la cárcel.

La Corporación Abriendo Puertas se encuentra ejecutando el proyecto Reinserción Económica y Emprendimiento para Mujeres en Conflicto con la Ley, concursado por el BID, en conjunto con BancoEstado, Gendarmería y el Ministerio de Justicia, el cual capacita a 160 mujeres para empleabilidad y microemprendimiento. Se trata de una real e innovadora iniciativa de reinserción que incluye acompañamiento pospenitenciario en sus hogares y lugares de trabajo.

El Estado y la sociedad civil están comenzando a relacionar la delincuencia y la prisión con políticas reales de reinserción. A ambos corresponde apoyar iniciativas como esta. Es una coyuntura muy favorable para que uno y otra se comprometan con los puestos de trabajo que se necesitan para que este proyecto cumpla su propósito y muchas mujeres no vuelvan a sentir amenazada su seguridad.

Ojalá no desaprovechen esta oportunidad.

Ana María Stuven

Presidenta Corporación Abriendo Puertas Académica PUC-UDP

Leer carta en El Mercurio

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