Venezuela: ¿Intervenir o no Intervenir?

Publicado por Sébastien Dubé el Miércoles, 26 de marzo de 2014 en Columnas.


 

 

 

 

 

Sébastien Dubé

Publicada el 25 de marzo de 2014 en La Tercera

El viernes pasado, la Organización de Estados Americanos (OEA) rechazó escuchar a la diputada venezolana María Corina Machado. La figura emblemática de la oposición al presidente Nicolás Maduro, buscaba hablar en una sesión del Consejo Permanente para denunciar los actos del Gobierno venezolano en la crisis que sacude a su país. El rechazo de la OEA llevó al diario El País a afirmar que el mismo Consejo “silenció a la oposición venezolana.”¿Por qué ese rechazo? Por una razón simple. Desde su fundación en 1948, la OEA tiene por misión asegurar la paz entre los países del hemisferio. Es decir, se concentra en las relaciones internacionales salvo en dos contextos precisos: si hay un golpe de Estado en un país miembro o si un Gobierno solicita la participación del Organismo para ayudarle a resolver un problema interno.

La OEA no hubiera escuchado al diputado Guillermo Teillier reclamar contra el Gobierno de Piñera y no escucharía al senador Iván Moreira reclamar contra el Gobierno de Bachelet. Simplemente porque no sirve para eso. En ese sentido, tuvo razón en no escuchar a la diputada Machado. Lo anterior, independientemente de la validez de varios de sus reclamos y de los excesos perpetrados por el Gobierno Maduro cuya elección, cabe recordarlo, fue un proceso más que cuestionable. La crisis en Venezuela es una crisis interna. Si aceptamos como válido el principio de soberanía, no les corresponde a los demás países involucrarse en los temas internos de ese país. Aquellos políticos que unos años atrás condenaban a los organismos internacionales que criticaban al Gobierno Piñera por la política hacia las comunidades mapuche, el comportamiento de Carabineros durante las protestas estudiantiles o las leyes chilenas con respecto al aborto y el matrimonio homosexual, deberían ser coherentes ahora con su postura contra “las injerencias extranjeras en la política interna”.

Reconocer la soberanía y no entrometerse significa también ser pasivo ante actos represivos que un Estado pueda cometer contra sus ciudadanos. Lo cual puede equivaler a ser “cómplices pasivos” de abusos y contribuir a su ejecución. Por otro lado, ser protagonista de un conflicto en otro Estado significa meterse en la política partidista, lo cual no sirve para la política exterior y los intereses del país. Frente a esa tragedia griega en la cual sólo parece haber alternativas malas, la mejor estrategia para Chile y el conjunto de sus políticos es estar atentos y tender la mano al Gobierno venezolano para convencerle, en base a la experiencia chilena, de aceptar un real diálogo con la oposición.

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